Consultamos a Amanda Rodríguez, profesora del Instituto Latinoamericano de la Familia de la Universidad de La Sabana, ILFARUS e investigadora del Grupo Familia y Sociedad, quien plantea una distinción: la diferencia entre atracción y enamoramiento.
Y si no es amor… ¿qué es?
Según Amanda, la atracción corresponde al ‘me gusta esta persona’, con un fuerte componente emocional, similar a sentir mariposas en el estómago y cargado de idealización. El enamoramiento, en cambio, es cuando ‘me importa esta persona’, siento un interés genuino por conocer al otro más allá de los nervios y la gratificación inmediata que me produce su compañía. Ese cambio, de la sensación a la persona, es justo lo que separa un ‘casi algo’ de un noviazgo.
Definir la relación es, en realidad, una forma de responsabilidad afectiva. Para Amanda, no se trata de un capricho ni de un ataque al romanticismo, sino de una necesidad legítima de claridad que protege la relación y a los involucrados de expectativas desiguales. Cada persona puede interpretar el vínculo de forma distinta, “uno piensa en exclusividad y el otro, en algo pasajero”, dando paso a la ansiedad, la frustración y a los malentendidos. Por eso insiste en que no se trata de etiquetar apresuradamente el vínculo, sino de animarse a conversar: ¿qué estamos viviendo?, ¿qué esperamos el uno del otro?, ¿qué límites necesitamos?. Asegura que, cuando esa ‘conversación’ se posterga indefinidamente, también es una forma de respuesta.
5 preguntas para salir de la duda:
Amanda propone estas preguntas guía para evaluar, con honestidad, si lo que sientes es amor o es otra cosa:
1. ¿Me gusta él/ella o me gusta cómo me siento cuando estoy con él/ella? No es lo mismo amar a alguien que amar la sensación que te da estar en esa relación.
2. ¿Quiero conocerlo(a) de verdad, me quedo con la versión que tengo? Puede ser idealización, no amor.
3. ¿Me interesa apoyar y ayudar a esta persona aunque yo no salga ganando nada? Si solo piensas en qué te da a ti la relación, falta la otra mitad: preocuparte genuinamente por su bienestar.
4. ¿Puedo ser yo mismo(a) sin miedo a que se aleje, y dejarlo(a) ser quien es sin querer cambiarlo(a)? El amor no es control ni perder tu esencia para que el otro se quede.
5. ¿Quiero construir algo real con esta persona o solo me gusta la intensidad del momento? Sentir mariposas está bien, pero esa sensación no es eterna. Lo que sostiene una relación es la decisión de quedarse y construir.
Los nervios, la ansiedad de un mensaje o la intensidad del inicio pueden confundirse fácilmente con amor, cuando en realidad ese sentimiento puede ser apenas es el punto de partida. Antes de definir una relación, o de dejarla flotando en un ‘casi algo’ por comodidad, vale la pena detenerse a conversar con honestidad y, sobre todo, observar si lo que la otra persona dice coincide con lo que hace. Porque, como resume Amanda, estar enamorado es, ante todo, «comenzar a descubrir quién es el otro, querer su bien y preguntarse libremente si quieren un futuro juntos.»








