En una de las regiones más recónditas de la Amazonía boliviana, donde el río marca el ritmo de la vida cotidiana y las casas están separadas por dos horas de caminata, decenas de niños indígenas tsimanés se sumaron al Rosario por la paz convocado por el Papa León XIV del 1 al 7 de octubre.
Desde la Misión Fátima, ubicada en el corazón del territorio tsimané dentro del Vicariato Apostólico de Reyes, la Hna. Patricia Alejandra Botello López acompaña a estos pequeños.
“Es un ambiente muy aislado de la sociedad, sobre todo de los entornos urbanos. Me da la impresión de que estos pequeños no conciben que existe otro mundo; el río es todo para ellos. En el río comienza y termina la vida”, explica la religiosa, que actualmente es la única presencia misionera permanente en esta comunidad indígena del departamento del Beni (Bolivia).
Los tsimanés viven distribuidos en cerca de un centenar de aldeas a lo largo de las cuencas de los ríos Maniqui y Quiquibey, afluentes de la cuenca amazónica. Aunque utilizan ropa y herramientas occidentales, mantienen gran parte de su estilo de vida tradicional, basado en la caza, la pesca y el cultivo de arroz y yuca en pequeños huertos familiares.
Estos niños “recibieron con mucho agrado la invitación de participar en esta iniciativa de oración”. La Hna. Patricia subraya que uno de los mayores desafíos pastorales es la barrera lingüística. Los niños suelen repetir las oraciones en español, pero muchas veces sin comprender plenamente su significado.
“Es muy importante que ellos comprendan el mensaje y puedan expresar sus sentimientos, sus anhelos y sus deseos. De ahí la importancia de hablar la lengua tsimané”, afirma en declaraciones a ACI Prensa.
“Repiten oraciones en castellano, entienden algunas palabras, pero no logran comprender todo el contexto de la oración. Por eso surge la urgencia de que nosotros hablemos tsimané y ellos vayan comprendiendo el castellano”, agrega.
Actualmente no existen oraciones católicas traducidas oficialmente al idioma tsimané, por lo que los niños aprenden las plegarias en español mientras avanzan poco a poco en el conocimiento del idioma.
Evangelizar donde Cristo apenas es conocido
La Misión Fátima fue fundada en 1955 por un sacerdote redentorista. Décadas después, las Hermanas Lauritas asumieron la labor pastoral, aunque la disminución de vocaciones obligó a reducir su presencia permanente. Desde hace dos años, la Hna. Patricia continúa prácticamente sola la misión evangelizadora.
Este jueves 1 de octubre, el primer día del rezo del Santo Rosario por la paz, el Papa lo rezó desde la Gruta de Nuestra Señora de Lourdes de los Jardines Vaticanos, en una iniciativa promovida por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN). En paralelo, lo hicieron cientos de niños en todos los ángulos más remotos del planeta. Entre ellos, los de Misión Fátima.
“Ellos no comprenden todavía lo que significa unirse a niños de todo el mundo, porque apenas están comenzando a conocer a Cristo”, reconoce.
“Les vamos hablando del amor de María Santísima y de Cristo. Intentamos darles a conocer que Dios es uno y trino y también que no somos los únicos sobre la faz de la tierra. A través de vídeos y películas que les empezamos a proyectar van tomando conciencia de eso”, explica esta religiosa.
La religiosa recuerda que incluso la figura del Papa les resulta todavía lejana: “Les puse la foto del Papa León XIV, para explicarles que ha sido convocado por Dios para esta misión, pero poco a poco van comprendiendo”.
“Escuchan la voz de Dios en su corazón”
Pese a las dificultades, la misionera asegura que los niños muestran una apertura extraordinaria al Evangelio. “Un valor muy importante que yo distingo en estos niños que rezan, que acuden a la catequesis o al llamado de una campana, es que escuchan la voz de Dios en su corazón”, afirma.
En un territorio donde no existe presencia sacerdotal estable, cada encuentro catequético supone un esfuerzo considerable para las familias. “No viven cerca unos de otros. A veces hay dos horas caminando entre una casa y otra. Ese es su estilo de vida. Son seminómadas”, explica.
Sin embargo, la respuesta de los niños está dando frutos visibles.
“El principal fruto espiritual que alcanzo a ver es la asistencia a la celebración dominical de la Palabra. Cada vez son más los niños y también sus padres los que se reúnen en Misión Fátima para escuchar la Palabra de Dios”, señala.
Cuando algún sacerdote logra llegar hasta la misión, añade, pueden celebrarse sacramentos como el Bautismo, la Reconciliación, la Unción de los Enfermos y el Matrimonio.
Los niños, transmisores de la fe
La Hna. Patricia destaca el papel esencial que desempeñan los menores en la evangelización de sus propias familias. “Los niños tienen un valor importantísimo en la transmisión de la fe. Lo que escuchan y viven en la catequesis lo transmiten a sus familias”, asegura.
Esa transmisión también se refleja en el cuidado de la creación, una enseñanza especialmente relevante en un entorno amenazado por la explotación ilegal de recursos. “La minería ilegal y el uso de mercurio están contaminando los ríos amazónicos, la tierra, el agua, los animales y los frutos. Es un gran problema ecológico que nadie quiere enfrentar”, denuncia.
La religiosa agradece los esfuerzos que está realizando la Iglesia local, encabezada por Mons. Eugenio Coter, obispo vicario apostólico de Pando y presidente de Cáritas Boliviana, para impulsar comunidades misioneras intercongregacionales en las regiones más aisladas de la selva.
“Hace mucha falta presencia misionera en estas regiones. Jesucristo aún no es conocido y amado en muchos de estos lugares”, advierte.
Por ello, si tuviera la oportunidad de dirigirse personalmente al Papa León XIV le pediría apoyo para fortalecer la presencia de la Iglesia en la Amazonía. “Además de su bendición, que viene directamente de Dios, quisiera que nos ayudara a formar comunidades intercongregacionales entre las congregaciones de América Latina para que podamos hacer presencia católica en estos ríos amazónicos que están despoblados de misioneros y muy necesitados de la Eucaristía, de la catequesis y del anuncio del kerigma”, concluye.








