Hay algunas expresiones cotidianas pueden avergonzar o confundir a los pequeños. Aprende cómo sustituirlas por palabras que los ayuden a crecer con confianza
A veces, sin darnos cuenta, decimos frases que parecen inofensivas, pero que pueden hacer que nuestros hijos se sientan avergonzados, incomprendidos o inseguros. Aunque los bebés todavía no comprendan todas nuestras palabras, poco a poco aprenden de lo que escuchan, del tono con que les hablamos y de cómo respondemos a sus necesidades.
Por eso, cuidar nuestro lenguaje desde los primeros años es también una forma de enseñarles a reconocer sus emociones, valorar su cuerpo y crecer sintiéndose amados. Estas son las frases que debes evitar decir y cambiar por una frase que el pequeño pueda entender y mejorar su forma de ver las cosas:
1 «¡Guácala! Ya te hiciste del baño, que feo, que asco»
Cuando un niño escucha esto puede sentirse avergonzado, y más si el comentario viene de sus padres o cuidadores. Hacer del baño es completamente normal. Especialistas señalan que esto puede provocar que el pequeño retenga la materia fecal y padezca estreñimiento.
Opta por: «Hiciste popo, vamos a limpiarte para que estés cómodo». La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda emplear palabras positivas durante el aprendizaje del control de esfínteres y evitar calificativos negativos como «sucio» o «apestoso».
Cuando un niño se cae solemos recurrir a minimizar el hecho y negar lo que pasó. Aunque la intención es evitar que sufra, es importante reconocer lo que pasó, pero con otras palabras que le ayuden a superar la situación.
Mejor di: «Te caíste. ¿Te dolió? Estoy aquí contigo. Vamos a ver si estás bien». La CDC aconseja ayudar a los niños pequeños a reconocer y nombrar lo que sienten, manteniendo la calma y ofreciendo acompañamiento.
3 «Eres malo, siempre estás pegando»
También entran en contexto frases como «que llorón eres», «qué torpe eres» o «me haces quedar mal».
Existe una diferencia entre corregir una conducta y definir a una persona. Un niño puede comportarse mal en una situación sin que eso signifique que sea malo.
Prueba con: «No está bien pegar. Veo que estás enojado; vamos a buscar otra forma de expresarlo». La AEP desaconseja las estrategias disciplinarias que provocan vergüenza o humillación.
4 Fijar apodos a las partes íntimas
Es importante enseñar los nombres correctos de las partes del cuerpo. Inventar nombres puede transmitir involuntariamente la idea de que ciertas partes son malas o deben mantenerse en secreto. También recomienda que los niños sepan que pueden hablar con un adulto de confianza si alguien los hace sentir incómodos.
5 «No puedes», «no sabes» o «déjame, yo lo hago»
En lugar de resolverlo todo por el niño, el adulto puede ofrecer ayuda gradual y permitir que intente hacer pequeñas cosas por sí mismo. Mejor di: «Vamos a intentarlo juntos. Yo te ayudo si lo necesitas».
No se trata de dejar de poner límites de seguridad, sino de distinguir entre algo que realmente no puede hacer todavía y algo que puede aprender con acompañamiento.








