La fidelidad es un apreciado valor que debe fomentarse en todos los ámbitos de la vida humana, por eso bien vale la pena evaluar si lo practicamos plenamente.
El ser humano quiere confiar en el otro. Y para que sea mutuo el sentimiento, y, sobre todo, el compromiso, se requiere de un valor tan apreciado como eludido: la fidelidad. Pero, ¿qué hace que todos deseen esta cualidad pero no todos están dispuestos a cumplirla?
Para comenzar, recurrimos al diccionario para comprender mejor su significado, el cual es:
Fidelidad: «Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona».
El mismo diccionario maneja la fidelidad como sinónimo de honestidad, nobleza, confianza, franqueza y fe. De este modo nos encontramos con una serie de virtudes que tienen que conjuntarse para fortalecer las relaciones entre los seres humanos, entre los seres humanos con Dios y en la relación con uno mismo.
Por eso, después de comprender el concepto, pasemos al valor moral para avanzar con el tema de las relaciones. Ahora leemos en el Catecismo de la Iglesia católica que:
La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra dada (CEC 2365).
Es obvio que, quien promete, se compromete. Pero entremos ahora a la fidelidad en tres niveles: con Dios, con el prójimo y con uno mismo.
1 Con Dios
De parte de Dios no hay ningún problema. Dice san Pablo en la segunda carta de Timoteo que «Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo» (2Tim 2, 13).
Pero el hombre y la mujer actúan de manera distinta. Aunque afirmen que aman a Dios, rompen sus leyes constantemente. Se les dificulta guardar los mandamientos y demostrarle su amor con actos tan sencillos como cumplir con el precepto dominical.
Por eso hay que aplicarse a diario para revisar la conciencia y pedirle a Dios perdón y fortaleza para que la voluntad venza al deseo, como escribió san Pablo a los romanos: «hago lo que no quiero» (Rm 7, 19).
2 Con el prójimo
Maneras para traicionar la confianza del prójimo existen muchas y muy variadas, por eso hay que encomendarse a Dios para pedir fuerza y renovar a diario la fe que el otro tiene en que no lo defraudaremos.
3 Con uno mismo
¿Cuántas veces te has prometido terminar con los malos hábitos, frenar tus impulso e instintos, eliminar algún vicio? sin embargo te das permiso de fallar una y otra vez.
La fidelidad con uno mismo implica disciplina, perseverancia y mucho amor, recordando que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y que los cuidados que le demos nos ayudarán a vivir mejor y alcanzar la eternidad.
Que el Señor nos ayude a vencer todos los obstáculos que nos separan de Él.








