¿Qué tiene que ver la música que cantan y escuchan nuestros hijos con su desarrollo? Aquí la respuesta
¿Te ha pasado que vas a una fiesta infantil y todos los niños empiezan a cantar a todo pulmón alguna canción sin siquiera saber lo que realmente dice la letra? Entonces es momento de hablar sobre el tema.
Somos lo que escuchamos
La ciencia ha demostrado que el éxito de ciertos géneros tiene una causa. Por ejemplo, el reggaetón no engancha por casualidad. El neurocirujano español Jesús Martín-Fernández, en un estudio con resonancia magnética, observó que este género activa con especial intensidad las áreas del cerebro que procesan el sonido y el movimiento. Su ritmo constante y predecible prepara al cuerpo para bailar. A eso se suman las plataformas, que repiten las mismas canciones sin descanso, y la presión social de “lo que escuchan todos”.
El estudio, más que juzgar si el género es malo o no, señala que contiene un ritmo muy eficaz para captar la atención. Sin embargo, el punto de partida para los padres no es cómo suena la música, sino qué dice.
¿Qué pasa si un niño está expuesto a música explícita?
Un estudio longitudinal liderado por Martino siguió a adolescentes durante más de tres años. Las encuestas demostraron que, en el grupo que tenía mayor exposición a letras sexualmente degradantes, el 51 % ya había comenzado su vida sexual, mientras que en el grupo de menor exposición, solo el 29 % afirmo haber tenido relaciones.
Estas son cinco recomendaciones para padres con hijos adolescentes:
1Escucha la música con ellos
Saber qué es lo que escuchan los niños es primordial. Ponte a su lado y, junto a ellos, escucha lo que dice exactamente la letra y ve si es apropiada para ellos, tomando en cuenta el mensaje y la edad de tu hijo.
2 Pregunta
Preguntas como «¿qué crees que dice esta parte de la canción?» o «¿A qué crees que se refiere esta parte de la canción?» te permiten abrir un espacio de conversación sobre la música. Además, lo invitarás a pensar en voz alta sin sentirse juzgado.
3 Poner límites según la edad
Un mismo criterio no sirve para un niño de seis años que para uno de quince. Con los más pequeños, el control es directo: decides qué suena en casa, qué listas de reproducción escuchan y qué contenido consumen en las plataformas de música y de redes sociales.
Para ayudarte en esta tarea, puedes hacer uso de los controles parentales de cada plataforma. Estos te permiten revisar el contenido que ven y escuchan.
Lo primordial es que el límite sea coherente, que se explique y que se revise con el tiempo. Un «no» con motivo se respeta más que un «no» porque sí.
4 Oferecer alternativas atractivas
Quitar sin dar algo a cambio deja un vacío que el entorno llenará enseguida. Por eso, además de limitar, conviene ampliar el repertorio. Puedes presentarle música infantil de calidad, pop, folclor de la propia región, bandas sonoras o música clásica.
5 Dar el ejemplo
Los hijos aprenden más de lo que ven que de las palabras. Si en casa -o en el auto- suena música con letras ofensivas o vulgares, es difícil pedirles después que no las canten.








