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Por una mayoría que pudo conocerse esta madrugada el senado argentino aprobó la ley que legaliza el aborto en la República Argentina.

El proyecto contó con el apoyo de senadores que ocuparon su banca habiendo prometido defender la vida durante sus campañas, otros que cambiaron su voto con respecto al de 2018 cuando habían rechazado el otro proyecto, y algunos que definieron su apoyo a último momento, sin haberlo revelado a sus votantes que, según encuestas, no acompañaban la legalización.

Según denunció la senadora Silvia Elías de Pérez, y pudimos confirmar con distintas fuentes, el presidente de la Nación Alberto Fernández se involucró de lleno para lograr esta ley, no tan solo en lo retórico -el mismo había expresado su anhelo-, sino incluso con gestiones personales con gobernadores y senadores.

Además del presidente, hubo presiones directas de organismos internacionales como Amnistía Internacional, que había expresado públicamente que el aborto legal era un “imperativo de la justicia social, de justicia reproductiva, y de Derechos Humanos”. A la vez que había sugerido la “obligación que tienen ambas cámaras de honrar los compromisos internacionales que asumió el país en materia de derechos humanos”. La posición de este organismo se contradice abiertamente con lo expuesto por gran parte de los expertos constitucionalistas que participaron de las exposiciones previas a la sanción.

 

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Otra Argentina

Es que la Argentina pasó a ser otra Argentina el 30 de marzo de 2020. No es más la nación pionera en el reconocimiento de los niños por nacer en sus principios constitucionales, ni aquella que dedicó a ellos una jornada, el 25 de marzo, desde 1998. Tampoco parece ser la misma que se consagra a la protección de Dios en el preámbulo de la constitución ya que invocarlo pareció, en voz de distintos parlamentarios estas semanas, algo prohibido. La contradicción es tal que este proyecto se debatió sin ningún tipo de reparos respetando los feriados nacionales por el día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y la Navidad.

Una ley extrema en Argentina

“Todas las leyes que he visto de otros países intentan evitar el aborto”, explicó el abogado constitucionalista y especialista en Derechos Humanos Fernando Toller a Aleteia; esta ley, advierte, es todo lo contrario. “Es la más extrema y desproporcionada del mundo occidental”. Entre otros puntos, la ley legitima el aborto hasta la semana 14, cuando la gran mayoría lo hace hasta la semana 12; refiriéndose a salud “integral”, noción difusa, lo permite sin plazos. Además, obliga y cercena a profesionales de la salud a participar con referencias limitadas a la objeción de conciencia, e ignora la identidad institucional de hospitales y sanatorios que por ideario, probablemente aunque no exclusivamente cristianos, rechacen el aborto.

Posibles pasos en la Argentina

Se da por descontado que el presidente Alberto Fernández promulgará la ley. Parece imposible imaginar un veto como el de Tabaré Vázquez en Uruguay. La reglamentación de la ley, el instrumento con el que se concretará, debiera contemplar algunos pedidos de aclaraciones de senadores, aunque no hay una obligación para que así sea. Mucho depende de esa instrumentalización.

La ley, pese a la posición de Amnistía Internacional, es anticonstitucional, han advertido numerosos especialistas. Entre otros puntos, porque el Código Civil dispone que la vida se inicia cuando se produce la concepción en el seno materno, y porque, por ejemplo, la adhesión del Congreso Nacional a la Convención sobre los Derechos del Niño -que tiene jerarquía constitucional-, se hizo con la reserva específica de que para la Argentina niño es todo ser humano desde la concepción hasta los 18 años de edad.

Algunas organizaciones, e incluso la propia senadora Elías, adelantaron que se presentarán ante la justicia.

 

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No fue en vano

Ante el dolor y la desazón, la conclusión tiene que considerar que cada expresión a favor de la vida no fue en vano. Porque muchos se animaron a expresar sin tapujos que la vida desde la concepción es una vida que debe ser protegida y acompañada, y advirtieron que no estaban solos.

Porque mujeres que quizá tenían dudas de acceder a un aborto incluso con la normativa vigente conocieron que hay alternativas y personas dispuestas a ayudarlas y acompañarlas en su embarazo.

Porque quedó demostrado con contundencia que el aborto no es un reclamo de las mujeres pobres, ya que la voz de las mujeres de las villas llegó con contundencia al Congreso. Porque diputados y senadores coherentes con sus convicciones encontraron el merecido respaldo y apoyo para pararse ante intereses que incluso amenazaron con limitar su carrera política.

Porque quienes de ahora en más la enfrentarán tienen que saber que están apoyados en la defensa de su conciencia y libertad ya que, como san Juan Pablo II advierte en Evangelium Vitae, “leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contrario, establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia”. Porque el debate cultural, no tan solo por la vida, sino por los valores que la Argentina quiere vivir y legar a las generaciones venideras, continúa. No fue en vano.

 

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Escrito por: Esteban Pittaro, vía Aleteia.

 

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