Comer bien, comer en familia

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“Así es como cambia el mundo: poco a poco, mesa tras mesa, comida tras comida, hora tras hora. Así es como eliminamos el aislamiento, la soledad, el miedo. Así es como nos conectamos, de grandes y pequeños modos: lo hacemos alrededor de la mesa”. Shauna Niequist, escritora norteamericana.

La mayoría de los actos de los seres humanos son biológicos, es decir, son actos para los que vinimos preparados y los requerimos para sobrevivir. Estos actos también son culturales,  esto implica que están presentes en todas las culturas y asumen diferentes formas, uso de utensilios de apoyo, entre otras cosas.  Un ejemplo claro de ello es la alimentación.  Necesitamos comer para cubrir nuestras necesidades de nutrientes que nos permiten tener salud, en el caso de los niños poder crecer.

Por otro lado, comer y compartir la mesa es un acto que está presente en todas las culturas.  Desde el compartir cotidiano, del día a día, pasando por las mesas compartidas en encuentros familiares mayores o en eventos sociales.  Esto nos revela el importante lugar que tiene la alimentación y el compartir la mesa en todas las culturas.  

En nuestro diario vivir la alimentación está experimentando modificaciones en forma y calidad de los alimentos y también de los encuentros.  Las distancias que a diario atravesamos, los horarios laborales y estudiantiles, influyen en que compartir al menos una comida diaria pueda ser complejo y probablemente muchos alimentos sean reemplazados por la denominada comida rápida o alimentos ultraprocesados.  Así nos enfrentamos a muchos problemas de salud tanto en adultos como en niños derivados de los cambios en la alimentación.  Los datos de la malnutrición infantil en Ecuador son paradójicos.   La 1ra. Encuesta Especializada sobre Desnutrición Infantil (ENDI)[1], en un informe emitido a inicios del 2023, señala que el 5,5% de los niños menores de cinco presentan obesidad, siendo el cuarto país latinoamericano en prevalencia.  En tanto en desnutrición crónica infantil afecta al 20,1% de niños menores a 2 años, con una prevalencia mayor en niños indígenas y de zonas rurales, llegando al 37,9%, lo que convierte este tema en un problema de salud pública.

Atender este complejo problema, requiere de una mirada interdisciplinaria y una comprensión de la alimentación no sólo como el acto de comer, sino entender todos los procesos culturales y propios del desarrollo que animan a los niños y adultos a alimentarse. 

Desde el nacimiento de un bebé, con la lactancia, su alimentación es un acto de interacción social.  Mientras el bebé lacta, está atento a los gestos y comunicación corporal de la madre.  Cuando ya inicia la alimentación complementaria, su cuerpo ha alcanzado la destreza motora que le permite sentarse y entender que puede manipular la comida con sus manos y llevarla a la boca.  Y así sigue este proceso en que el desarrollo va permitiendo nuevas conquistas en torno a la alimentación, la misma que está en los primeros años de vida del niño íntimamente condicionada al adulto cuidador con la calidad y  forma con la que  ofrece los alimentos.  Ahora entendemos que para alimentar, debe apoyarse al niño para que desde el inicio construya una relación sana con la comida.  Esto es, comer interactuando con quien le brinda la comida, compartiendo la comida en los horarios familiares de comer.  No usando la comida como premio ni castigo.

El que un niño pueda sentarse a comer en calma, concentrado en su alimentación y lo que pasa a su alrededor, tiene efectos positivos también en la preparación para su aprendizaje, por cuanto va a estar en capacidad de sentarse, seguir una consigna y completarla cuando llegue a la educación inicial.  La mesa compartida implica también un niño que escucha lo que la familia conversa, que puede interactuar con los papás, aprender a tener turnos, comprender normas sociales.

Planteo algunas sugerencias para pensar en mejorar nuestras prácticas de alimentación:

  1. Comer es interactuar.  Por tanto desde muy pequeño, elimine las pantallas, los niños no deben comer frente a una pantalla.  Quien le esté brindando los alimentos debe poder conversar con él, no importa la edad, siempre el niño estará atento a esa interacción.
  2. Comer es respetar. Respetar turnos, un modo de estar en la mesa, calmados.  Respetar también el proceso de acceso de los niños a nuevos alimentos.  No se alimenta amenazando.
  3. Comer es alimentarse. Parece que fuera lo mismo, pero los alimentos ultraprocesados, con exceso de azúcar o carbohidratos no contribuyen a una alimentación adecuada.  Aprendan a disfrutar en familia de alimentos naturales.
  4. Comer es un acto complejo que incide en otros ámbitos del desarrollo. Los niños que sólo tomen alimentos licuados y no se les permite masticar, tendrán mayores dificultades para el habla, porque todos los músculos del cuerpo están integrados.  Al masticar el niño desarrolla las habilidades para poder emitir diferentes fonemas.
  5. Comer es un acto de compartir tareas. Ponemos la mesa juntos, vemos a los adultos o hermanos mayores ayudando en la preparación de los alimentos.  Nos apoyamos entre todos.

Y bueno, si usted está en este momento en una situación complicada en el momento de comer, no piense que este artículo le sirve a otros con más tiempo.  Piense que siempre usted como padre o madre tiene el poder y la capacidad de tomar pequeñas decisiones que serán valiosas en corto y largo plazo.  Establezca al menos un horario conjunto, anímese a quitarle la pantalla para comer (llorará dos días, al tercero comerá).  Si es un “picky eater”, averigue sobre cómo promover una alimentación sana con ellos, que elimine el estrés de no verlos comer.  Es decir, tenga confianza en usted y asuma el cargo.  De seguro en poco tiempo lo disfrutará.

Me gustaría saber sus consejos o experiencias sobre cómo tener un buen momento para comer con sus hijos.

Por lo pronto, buen provecho!

Por Marcela Frugone J., PhD. en Psicología del Aprendizaje, Docente investigadora Universidad Casa Grande.

[1] Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 2023

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