Comunidad y conservación avanzan juntas, día mundial del manglar.

Conservación, comunidad y generación de oportunidades

El Vivero Comunitario de Mangle de Puerto Hondo nace en septiembre de 2024 como una iniciativa impulsada por Fundación Holcim Ecuador, ejecutada por Fundación Proyecto Social junto con la Asociación de Pequeños Agricultores de Puerto Hondo, bajo una visión común: demostrar que la conservación del manglar puede construirse desde la comunidad y, al mismo tiempo, convertirse en una alternativa para fortalecer su economía local.

Desde su creación, el vivero fue concebido no solamente como un espacio para producir plantas, sino como un modelo comunitario que permita vincular la restauración ecológica, la participación social y la generación de ingresos. La comunidad de Puerto Hondo mantiene una relación histórica y directa con el manglar, por lo que involucrar a sus habitantes en su conservación permite que quienes conviven diariamente con este ecosistema se conviertan también en protagonistas de su protección.

El crecimiento del vivero ha sido posible gracias a la participación, organización y compromiso de los socios de la Asociación de Pequeños Agricultores de Puerto Hondo. Son ellos quienes participan activamente en las labores de mantenimiento, producción y manejo de las plantas, fortaleciendo progresivamente sus conocimientos sobre técnicas de viverismo y reproducción de especies asociadas al ecosistema de manglar.

Del vivero a una alternativa económica comunitaria

Uno de los principales objetivos planteados desde el inicio fue que el vivero pudiera avanzar progresivamente hacia un modelo capaz de generar sus propios recursos.

Este proceso comenzó a consolidarse en mayo de 2025, cuando se iniciaron formalmente las ventas de plántulas producidas en el vivero. Desde entonces, la iniciativa ha generado ingresos no solamente mediante la comercialización de plantas, sino también a través de actividades de reforestación, voluntariados, participación en ferias y acciones comunitarias de autosostenimiento.

De esta manera, conservar el manglar deja de ser entendido únicamente como una actividad ambiental y empieza a convertirse también en una oportunidad de desarrollo local, donde el conocimiento y el trabajo comunitario adquieren un valor económico.

Produciendo plantas para conservar nuestros ecosistemas

El vivero inició su producción trabajando principalmente con mangle rojo (Rhizophora mangle) y mangle jelí, alcanzando inicialmente una producción de 2.000 plantas entre ambas especies. Con el fortalecimiento de las capacidades del vivero, la producción se ha incrementado y diversificado, incorporando actualmente también la reproducción de mangle negro.

Dentro de esta estrategia, el mangle jelí tiene especial importancia para el vivero debido a su función en las zonas de transición entre el manglar y los ecosistemas terrestres.

A diferencia de especies que se desarrollan principalmente sobre suelos inundados y fangosos, el jelí puede establecerse en terrenos más firmes y menos inundables. Esta característica permite trabajar procesos de restauración en espacios de transición entre el ecosistema de manglar y el bosque seco tropical, dos ecosistemas de enorme importancia para la biodiversidad de Guayaquil.

La incorporación del mangle negro amplía además las capacidades del vivero y permite avanzar hacia una producción más diversa, capaz de responder a diferentes condiciones ambientales y necesidades de restauración.

Conservación construida desde la comunidad

La experiencia del Vivero Comunitario de Mangle de Puerto Hondo demuestra que la conservación puede convertirse en una herramienta de transformación cuando existe apropiación comunitaria.

Cada planta producida representa mucho más que un individuo destinado a una futura jornada de reforestación. Detrás de ella existen conocimientos adquiridos, horas de trabajo, organización comunitaria y personas que han encontrado en la conservación de su entorno una oportunidad para generar beneficios para su propia comunidad.

El manglar cumple funciones esenciales para Guayaquil y sus comunidades costeras: constituye refugio y zona de reproducción para numerosas especies, contribuye a la protección de las riberas, captura y almacena carbono y sostiene actividades productivas y formas de vida vinculadas históricamente al estuario.

Por ello, protegerlo requiere mucho más que sembrar árboles. Requiere construir capacidades locales y lograr que las comunidades que viven junto al manglar encuentren también oportunidades en mantenerlo vivo.

Hoy, casi dos años después de haber iniciado este camino, el Vivero Comunitario de Mangle continúa creciendo y diversificando su producción. Pero su principal resultado no se encuentra únicamente en la cantidad de plantas producidas o comercializadas.

Su mayor logro es haber construido un modelo en el que comunidad y conservación avanzan juntas.

Porque cuando una comunidad encuentra en la conservación una oportunidad para desarrollarse, el manglar deja de ser solamente un ecosistema que debemos proteger y se convierte también en un patrimonio vivo capaz de generar conocimiento, identidad y oportunidades para quienes lo cuidan.