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¿Qué tesoro podemos ver en nosotros al envejecer? Los abuelos logran una fuerte conexión con los nietos.

¿Es posible considerar que cumplir años (envejecer) es un privilegio? Las personas mayores pueden aun aumentar sus capacidades cuando no se jubilan de la vida, afirma la terapeuta Orfa Astorga.

Recibí en mi consultorio a un adulto mayor, de un poco más de ochenta años: delgado, ágil, vivaracho, con una enorme sonrisa y mil arrugas, cuyo motivo de consulta era su interés en recibir asesoría en educación familiar, para comprender y acompañar mejor a sus nietos entrados a la juventud. Se refería a sí mismo como un coach familiar cuyos servicios eran muy solicitados.

Los suyos eran esos motivos de amor que dan intensidad a la vida y son fuente de eterna juventud del espíritu.

Sin embargo, suele suceder que en el adulto mayor se haga presente una tristeza o angustia por la noción de finitud de la vida. Inevitablemente esta entra en el plano de la conciencia cuando se está cada vez más lejos del día del nacimiento, y comienzan a aparecer las esquelas de parientes y amigos de su misma generación, mientras uno ve con amargura que los planes de largo plazo van desapareciendo de su horizonte.

Sumado a esto, algunos sufren una permanente insatisfacción, entre un pasado que les pesa y un tiempo en la tierra se acaba.

 

 

Etapa de fidelidad al envejecer

Mas no tiene por qué ser así, cuando se asume esta etapa creciendo en la fidelidad a todos los compromisos grandes o pequeños, logrando que el espíritu se expanda a través de la esperanza y el amor.

Es así que, en las personas, se pueden apreciar tres edades, al margen de la que señale su acta de nacimiento.

Estas son:

Según condiciones físicas

Nacemos con una carga genética buena o mala, pero la salud se conserva y fortalece por los buenos hábitos de higiene, alimentación y ejercicio, evitando predisponentes a la declinación y enfermedades como son el tabaco, el sedentarismo, las bebidas alcohólicas y una mala o excesiva ingesta de alimentos, entre otros.

 

 

Según salud emocional y mental

Se logra evitando estresores, como gastar más de lo que se gana, las infidelidades, los conflictos emocionales como la ira, el resentimiento y la negación a perdonar, así como el no saber desprenderse de un yo egocéntrico, entre otros.

También según las capacidades intelectuales

Una jubilación o uso del tiempo libre enfocados a actividades que exigen poco esfuerzo físico y mental, como el solo viajar, buscar experiencias gastronómicas, entretenimientos diversos, o ver incansablemente aparadores, termina minando los hábitos de la voluntad y la inteligencia, que se pudieron haber logrado.

Y se pierde en humanidad.

No debe ser así, pues las personas mayores pueden aun aumentar sus capacidades cuando no se jubilan de la vida. Lo pueden lograr dedicando sus energías a actividades gratificantes, como el estudio de algo de su interés, desarrollar una nueva habilidad, el servicio social en su comunidad o su iglesia… y mucho más.

Significa que, en la declinación de lo corporal aún se puede seguir creciendo por dentro, pues los hábitos de la inteligencia y la voluntad, no tienen limite, por lo que siempre se puede seguir creciendo en humanidad, sacando provecho del tiempo de vida.

Según el espíritu

Los años acumulados son un privilegio, pues se convierten en una oportunidad no solo para valorar lo positivo de lo vivido sino también para que los errores y culpas del pasado dejen de ser un lastre del alma, cuando la persona, por el arrepentimiento, el cambio y la reparación, cambia radicalmente su vida y se dispone a ser elevada por Dios.

Significa que, para la persona, el crecer en humanidad no es lo más alto a lo que puede aspirar, sino tender a algo más, a algo infinito que no está en sus manos, y que solo depende de su querer y de su voluntad, para ser elevado progresivamente por Dios, a través de sucesivas conversiones por amor a Él y a los demás en muchos aspectos de su vida, hasta adquirir el nuevo modo peculiar a que está llamado a ser.

Esto ocurre retomando el camino de la fe.

 

 

Escrito por: Orfa Astorga, vía Aleteia.

 

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