Dios sale a nuestro encuentro en medio de la vida cotidiana, Elisa Silva

Elisa Silva Defilippi es una joven ecuatoriana, Máster en Gestión Ambiental y Planificación Territorial que reside en Madrid hace más de 6 años. Ella narra su experiencia de haber participado en la vigilia de los jóvenes junto al Papa León XIV.

Hay experiencias que una prepara durante semanas y, sin embargo, los momentos más significativos a veces llegan cuando una menos los espera. Así fue para mí la visita del Papa León XIV a Madrid y la Vigilia con los jóvenes del pasado sábado.

Llevaba tiempo esperando aquella visita de Su Santidad. Me había inscrito con mi parroquia y contaba los días para poder participar. Sin embargo, la mañana comenzó como cualquier otra: fui al gimnasio (sin muchas ganas y, curiosamente, más tarde de lo habitual), hice la compra y seguí con los planes de un sábado cualquiera. Pero al salir del supermercado, me ocurrió algo inesperado: apenas unos segundos después, pasó el vehículo del Papa por la calle donde me encontraba. No sabía que iba a pasar por allí, ni que lo haría a esa hora, por una calle por la que paso con tanta frecuencia. Fue una alegría totalmente inesperada.

Unos días después, el lunes por la tarde, tuve de nuevo la suerte de verlo pasar, esta vez muy cerca de mi casa, camino de un evento en el Santiago Bernabéu. Fue un momento emocionante que llevo en mi corazón con gratitud.

Estas dos experiencias me hicieron pensar que la fe tiene algo de eso: a veces buscamos experiencias extraordinarias, sin embargo, Dios sale a nuestro encuentro en medio de la vida cotidiana, en lugares y momentos que no habíamos planeado. Tal vez, Dios no solo nos espera en los grandes acontecimientos, sino también en los rincones cotidianos de nuestra vida. En cierto modo, me recordó esa llamada a descubrir lo extraordinario escondido en lo ordinario y a encontrar a Dios en las realidades de cada día.

Al llegar a la vigilia, me impresionó la alegría de las miles de personas que iban llenando las calles. Había grupos de parroquias, colegios, familias llegados de muchos lugares distintos. Se veían banderas de otras ciudades y países. A pesar del calor y las dificultades propias de un evento tan multitudinario, se respiraba una ilusión compartida que, en un mundo cada vez más polarizado y escéptico, me recordó que la fe sigue siendo capaz de reunir a personas muy diferentes alrededor de una misma esperanza.

Pero el momento que más me marcó fue el silencio. En una sociedad llena de pantallas, notificaciones y estímulos constantes, contemplar a tantas personas reunidas en absoluto silencio durante la adoración del Santísimo Sacramento fue algo impactante. No se escuchaban conversaciones ni teléfonos; por unos minutos, una avenida, habitualmente tan transitada, se convirtió en un espacio de recogimiento, escucha y oración.

Me resonaron especialmente las palabras de León XIV cuando nos invitó a que, “ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia y la mentira” seamos “la chispa de una humanidad nueva”.

La vigilia con el Papa me hizo descubrir que, incluso en medio del ruido del mundo, sigue existiendo una generación de jóvenes dispuesta a detenerse, escuchar y abrir espacio a Dios. Y quizá esa sea la chispa capaz de renovar nuestro mundo y cambiar la historia: jóvenes que, sin miedo, viven su fe con alegría, amor y esperanza.

Texto y foto Elisa Silva Defilippi


arte-ipac-navidad