El Presidente Donald J. Trump es un líder político, el Papa León XIV un líder religioso. Y aunque ambas esferas pueden y deben intersecar, la forma en que lo hacen y -sobre todo- cómo lo percibimos desde lejos es lo realmente controvertido.
Empiezo describiendo por qué pueden y deben intersecar. La política es el ejercicio del poder para servir a la sociedad y, por tanto, debe tocar todos los aspectos de la vida social, inclusive el de las creencias religiosas. Por su parte, la religión revela al hombre lo divino como respuesta a la búsqueda de su origen y propósito, debiendo también abordar todas las dimensiones humanas, incluyendo la política.
Lo que causa que los nervios se alteren es nuestra postura errónea de que ambas esferas deben evitarse entre ellas a toda costa. A los entusiastas MAGA lo que les fastidia es que el Papa, o cualquier clérigo, opine sobre economía o política y más aún que ponga nombre y apellido al objetivo de sus críticas. A los fanáticos Católicos lo que no les ha gustado es que Trump llame ‘débil’ al pontífice y que postee una imagen de sí mismo como Cristo, entre otras cosas.
Aquí vale aclarar que yo pertenezco a ambos bandos. Me alineo con el movimiento MAGA y la ideología republicana de vida, libertad y propiedad privada; y soy fanático Católico que resiente que ofendan al Vicario de Cristo y al mismo Señor. Téngalo en cuenta mientras lee las siguientes líneas.
El Presidente Trump, como político, responde toda crítica a su gestión, reforzando la narrativa que sustenta sus decisiones: Irán ha sido consistentemente gobernada por regímenes anti-Occidente y ha financiado a Hamas y otros grupos terroristas para atacar no sólo a Israel (aliado americano) sino a EE. UU. mismo. Su potencial nuclear es un riesgo para la región y el mundo. Si tuvieras un vecino armado y peligroso que constantemente te amenaza, ¿te quedarías sentado sin hacer nada?
S.S. León XIV, como pastor de la Iglesia, tiene la obligación de proclamar el Evangelio y defender la doctrina, no puede ser de otra manera; por supuesto que tiene que pronunciarse y hace bien. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que todos estamos “obligados a empeñarse en evitar las guerras” (CEC 2308) y ciertamente el conflicto actual no cumple con los 4 criterios de CEC 2309 para la llamada guerra justa.
Tampoco es el primer Papa que condena conflictos bélicos. La encíclica Pacem in Terris (1963) de san Juan XXIII en el pico de la Guerra Fría y la crisis de los misiles en Cuba durante la administración de John F. Kennedy sentencia “resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado” (PT §127), pero también admite que no se debe permitir la tragedia de una tercera guerra mundial -que es justamente lo que EE.UU. alega estar tratando de evitar hoy.
Otros pontífices que cuestionaron guerras en el siglo XX fueron san Juan Pablo II, Francisco, Pío XII y Benedicto XV. La novedad -quizás- es que ahora se nombre directamente al gobernante que abandera el conflicto.
El mandatario americano ya borró el post con la controversial imagen de IA, igual que cuando el año pasado eliminó un retrato de sí mismo como Papa. En el contexto del Presidente Trump, es su estilo el que choca a algunos, pero entusiasma a muchos y ese es el trabajo de todo político: mantener a las bases animadas porque con popularidad baja nadie puede gobernar.
Recordemos que una gran base del electorado republicano son los evangélicos nacionalistas que tienen la firme creencia de que EE. UU. es el pueblo elegido y que es, por tanto, su deber difundir su estilo de vida a todas las naciones. Y aunque los Católicos representan la mayor denominación cristiana en ese país, no es la población que más ha apoyado financieramente al partido. Lo cierto es que cada pueblo es libre para decidir cómo auto gobernarse y el Presidente Trump está haciendo lo que ofreció en campaña y para lo que lo eligió la enorme mayoría de ciudadanos.
Nada de eso justifica la mofa y el insulto, peor a creencias y líderes religiosos ni a la divinidad, pero como ya estamos nosotros acostumbrados en América Latina, los políticos necesitan alimentar constantemente a la masa, sino pierden poder. Así que tomemos con perspectiva lo que se dice de un lado y otro, aceptemos que ambas esferas pueden y deben intersecar porque somos un solo planeta y como fanáticos de nuestra fe, sigamos orando por los gobernantes del mundo para que el Señor los guíe siempre al servicio y mejores intereses de la sociedad.









