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La educación en Ecuador durante la pandemia ha sido un gran desafío, el cual ha afectado seriamente el tejido social. ¡Lee y comparte!

Hay un consenso mundial en torno a la educación como un derecho fundamental para todos los niños, niñas y adolescentes, el cual debe ser garantizado para fomentar su bienestar y el normal desarrollo de su potencial humano. No obstante, en el último año a los problemas económicos y socioculturales que amenazan la educación de la población, se suma la crisis sanitaria del Covid-19.

El dejar de estudiar o el tener obstáculos al estudiar ha sido una constante en la vida de muchas familias ecuatorianas, que se ha acentuado con la pandemia Covid-19.

Más allá del nivel de analfabetismo, las desventajas del no desarrollo de su máximo potencial, de la exclusión del futuro ciudadano del sistema productivo y las implicancias negativas en el desarrollo de una nación; el dejar a los menores sin estudiar los expone a abusos de todo tipo, a trabajo infantil e incluso problemas psicológicos que le afectarían a largo plazo.

De acuerdo con las Naciones Unidas, hasta mediados de abril de 2020, el 94 % de los estudiantes de todo el mundo se veían afectados por la pandemia, lo que equivale a 1.580 millones de niños y jóvenes, desde la educación preescolar hasta la superior, en 200 países.

Asimismo, en Ecuador aproximadamente 4.4 millones de estudiantes se han visto afectados (educación en Ecuador), con un promedio de 90.000 niños, niñas y adolescentes fuera del sistema educativo, según las estimaciones del UNICEF. Como nos indica Edga Orejuela Orellano, Psicóloga en Rehabilitación Educativa:

“Un país con nivel de educación mínimo, con muchos estudiantes que no están estudiando, causa mayor nivel de analfabetismo y va a traer consecuencias sociales y económicas. Estaríamos hablando de una brecha de 10 años para vivir estos efectos, lo que puede ser devastador no sólo para la persona sino para el país”.

 

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Limitaciones de la educación a distancia en Ecuador

Aproximadamente, 463 millones de niños, niñas y adolescentes en el mundo no han contado con las herramientas para la educación en el año 2020. En este marco de crisis sanitaria mundial, la educación a distancia en Ecuador presenta numerosas dificultades y desafíos que impactan en la permanencia y logros educativos de toda una generación; partiendo del limitado acceso a Internet de los hogares: (37.2 %), en especial en el área rural (16.6 %), y la disponibilidad de dispositivos por parte de los estudiantes.

Pese a que el Ministerio de Educación implementó el Proyecto: “Aprendemos Juntos en Casa”, un sistema de multiplataformas que les permite a los estudiantes continuar con su educación por distintos medios como el portal educativo, fichas pedagógicas impresas, acompañamiento del docente y educación a través de radio y televisión; estas opciones no están al alcance de toda la comunidad.

El éxito de la aplicación de las distintas modalidades de educación a distancia depende en gran parte del rol activo de los padres y madres de familia, quienes se han convertido en facilitadores para la educación de sus hijos, incluso a través de un teléfono móvil.

Este es el caso de María, madre de dos hijos de 17 y 14 años, nos cuenta cómo debido al cierre de las instituciones debió mantener a sus hijos estudiando por medio de la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp. “Un solo teléfono para las tareas y los trabajos de dos chicos se ha hecho muy difícil de manejar, no solo tengo que trabajar y mantener el hogar, sino que me toca el rol de profesora”.

El estudio realizado por UNICEF y PUCE (Encuesta sobre Bienestar de los Hogares 2020) mostró que, entre el 80 % y el 90 % de hogares de niñas, niños y adolescentes de los niveles bajos y medio bajo, acceden a la educación mediante un celular, lo que dificulta las posibilidades de aprendizaje. Más aún si consideramos las necesarias particularidades de aprendizaje de cada grupo de edad.

La modalidad en línea sigue siendo la herramienta primordial para seguir con los estudios de cada uno de los estudiantes en el mundo, sin embargo, existe un gran porcentaje de alumnos quienes no estudiaron en el último año, causando así un retraso académico, pero también un desbalance en su proceso evolutivo tanto en los aspectos emocionales como cognitivos.

De acuerdo a Orejuela Arellano, “para muchos docentes fue un desafío enfrentar la educación virtual, no estábamos preparados para manejar a los estudiantes. En el caso de la educación inicial se ha visto más afectada porque los niños necesitan más contacto para aprender, sin embargo, a nivel de escuelas y colegios la tecnología nos ha beneficiado con aplicaciones que permiten cierta interacción”.

 

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Impacto de los cambios educativos por la pandemia en el desarrollo integral de los menores

Al corto plazo, en Latinoamérica entre los efectos de uno de los confinamientos más largos del mundo (con la excepción de Nicaragua), se ha detectado: un aumento en la deserción estudiantil debido al difícil acceso a internet y la exclusión tecnológica, problemas de aprendizaje y exclusión escolar, afectación a la nutrición, la salud mental y a la atención médica en niños y niñas.

Acorde al Informe “Impacto del Confinamiento en la Niñez Latinoamericana” de la Red Comparte, por ejemplo, algunos jóvenes afirman tener alteraciones en el sueño desde el inicio de la pandemia. Este informe concluye que la forma de relacionarse de los niños y niñas también ha cambiado mucho.

Si bien el confinamiento derivado del COVID-19 ha permitido que los más pequeños pasen más tiempo con sus familiares, por otro lado, esta convivencia ha conllevado a un notable aumento de la violencia doméstica, y del castigo físico y verbal.

El cierre de escuelas afectó, aproximadamente, a 4.4 millones de estudiantes en el Ecuador, siendo los más afectados las niñas, niños y adolescentes con discapacidad, los que viven en situación de pobreza, los refugiados y migrantes, que suman 64 000; su salida del sistema educativo los expone al trabajo infantil, mendicidad, explotación sexual, actividades ilícitas.

Según la UNICEF, los ingresos en los hogares se han reducido en un 84,3%, aumentando así el riesgo de que los estudiantes abandonen los estudios. Esto también ha afectado a familias de estrato socio económico medio, las mismas que se vieron en la necesidad de cambiar a sus hijos de institución por no poder costear el valor de la matrícula y pensiones.

Ejemplo de esto es Ana, madre de dos niños, quien debió cambiar de colegio a sus hijos debido a las complicaciones existentes en el pago para la modalidad online. “Nunca pensé cambiarlos porque estaba contenta con el colegio, pero en la virtualidad me di cuenta que faltaba mucho en tecnología y estaba pagando demás”.

Dentro de la cadena, estado, familias, instituciones educativas, otro grupo afectado han sido los docentes: Las escuelas a su vez han reducido su presupuesto y con ello su personal; por lo que un alto porcentaje de profesores han perdido su empleo y motivación debido a la falta de ingresos y herramientas necesarias en diversas instituciones.

Para los niños y jóvenes, es importante desarrollar no solo sus conocimientos, sino formar vínculos tanto con sus compañeros como con sus maestros y el contexto idóneo es la socialización que se da en el marco de la educación presencial en los colegios.

Los impactos de esta faltante aún deben medirse cuantitativamente, pero sobre todo cualitativamente, en la adquisición de habilidades blandas, inteligencia social-emocional, desarrollo de destrezas y aprendizaje basado en las experiencias de vida que forman parte del desarrollo humano integral, muy vinculado a los estímulos sociales y a una adecuada interacción dentro de un entorno favorable.

Si algo nos ha dejado claro la pandemia, es que es necesario medir las variables psicoevolutivas para poder brindarles un apoyo emocional e integral a los alumnos, acorde a sus necesidades particulares.

Todos y cada uno de nuestros niños y jóvenes han tenido que adaptarse a una realidad diferente, unos con más afectaciones que otros; y las consecuencias que estas realidades causarán en ellos serán un factor relevante para su progreso y bienestar a largo plazo.

 

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Escrito por: Lorena Egas Granja, Msc. Ciencias de la Información.

 

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