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Quienes educamos en el siglo XXI, enfrentamos retos que no existían antes, por lo que no hay un histórico, ni referentes que nos marquen el camino a seguir

Es tiempo de regalos, especialmente para nuestros niños y niñas. Según Amazon, los dispositivos electrónicos tuvieron esta pasada Navidad, el principal protagonismo. El Instituto Nacional de Estadística explica que, en España, el 45,2% de los niños y niñas de 11 años ya dispone de teléfono móvil y el 92,4 % de esa edad ya navega por Internet. Pero no hace falta consultar los datos, esta es una realidad que no se le escapa a nadie.

Quienes educamos en el siglo XXI, enfrentamos retos que no existían antes, por lo que no hay un histórico, ni referentes que nos marquen el camino a seguir. Nos movemos a golpe de intuición, dando palos de ciego entre lo que creemos, leemos y nos dicen, siendo nosotros mismos, muchas veces también presas fáciles de las nuevas tecnologías.

Podemos encontrar voces presuntamente expertas, que abogan por una especie de regreso a la era del ábaco, recomendando exiliar de la vida de nuestros hijos cualquier dispositivo digital al mismo tiempo que otras voces, tan expertas como las anteriores, plantean que todo el monte es orégano y que, dado que son nativos digitales, no debemos poner puertas al campo.

Es cierto, nuestros hijos son nativos digitales, pero nosotros no. Por ello, no disponemos de brújula que nos guíe por un territorio del que aún no hay mapa, y nuestros hijos por su parte, no disponen de herramientas que les apoyen a hacer una gestión equilibrada de los recursos tecnológicos disponibles en la era que les ha tocado vivir.

Algunos de los indicadores de que nuestros niños y jóvenes están haciendo un uso tóxico o adictivo los marca la Asociación Americana de Psiquiatría:

  • Privarse de sueño (<5 horas) para estar conectado a la red, a la que se dedica tiempos de conexión anormalmente altos.
  • Descuidar otras actividades importantes como el contacto y el compartir con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.
  • Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos, sin prestarles atención o negando el uso desmedido.
  • Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta. e. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
  • Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o manejando un videojuego.
  • Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento escolar o laboral.
  • Sentir euforia y activación anómalas cuando se está delante de la computadora. De este modo, conectarse al ordenador al llegar a casa, o al levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, así como reducir el tiempo de las tareas cotidianas tales como comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet.

Para la gestión equilibrada de las nuevas tecnologías y la prevención de comportamientos adictivos, sugerimos: 

  • Informar a nuestros hijos acerca de los riesgos que supone la exposición ilimitada a pantallas en un cerebro en desarrollo, usando un lenguaje adaptado a cada edad.
  • Con esa información comprendida, negociar el tiempo (diario, semanal…) que nos parece (a todos) adecuado.
  • Dado que el tiempo ha sido pactado y tenemos su compromiso de que será respetado, no estaremos vigilando si lo cumplen o no: ellos trabajan un valor y nosotros otro: la confianza.
  • Si inicialmente no lo logran, pero hacen avances, reforzaremos estos nuevos intentos de autorregulación y de respeto a la palabra dada,
  • Coherencia por nuestra parte: no abriremos la posibilidad de usar pantallas cuando nos viene bien a nosotros fuera del tiempo pactado.
  • Incorporar su uso como una herramienta más de aprendizaje, también académico: para hacer presentaciones, investigar…).
  • El niño o niña no debe estar en una habitación de la casa sin la supervisión de un adulto, siempre es mejor que esté donde se encuentre alguno de los padres.

El lado oscuro del abuso de las nuevas tecnologías implica entre otras limitaciones:

  •  Un déficit de habilidades sociales.
  •  Distorsiones cognitivas
  •  Sobrecarga sensorial o hiperestimulación.
  •  Desequilibrio entre los diferentes aspectos del desarrollo evolutivo.
  •  Pobre tolerancia a la frustración y al autocontrol.

Pero, también tiene un lado luminoso cuando son utilizadas con sentido común y equilibrio: 

  • Potencian el aprendizaje y pueden hacerlo más atractivo.
  • Las posibilidades de investigar y aprender acerca de algo son ilimitadas.
  • Aumenta la creatividad en algunas áreas.
  • Existen programas específicos para el desarrollo de la memoria, el cálculo mental, la atención, etc.
  • Las pedagogías más vanguardistas, tales como el aprendizaje inductivo o el flipped classroom, incorporan a las nuevas tecnologías como herramientas indispensables. Y es ahí hacia donde todo apunta que se dirige el futuro de nuestros hijos.

Vía The Family Watch

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