El secreto de los árboles

Vivimos más años que cualquier generación anterior, pero todavía arrastramos una mirada vieja sobre el proceso del devenir del tiempo. Lógico: somos los que estamos abriendo camino.

Ahora bien, el edadismo aparece cuando la sociedad limita a las personas por su edad; pero también se manifiesta cuando nosotros mismos empezamos a creer que ya es tarde para cambiar, aprender, reinventarnos o probar caminos nuevos. Es una forma silenciosa de rigidez que suele instalarse mucho antes de que aparezcan las verdaderas limitaciones.

La buena noticia es que la segunda mitad de la vida está lejos de ser una etapa de declive inevitable. Hoy sabemos que podemos seguir siendo productivos, creativos, afectivos y socialmente relevantes durante décadas. Me gusta llamarle vigencia. Pero para que eso ocurra no alcanza con conservar capacidades físicas o cognitivas. También necesitamos preservar la elasticidad de nuestras ideas, de nuestras creencias y de nuestras conductas. Me gusta llamarle capacidad de adaptación.

Envejecer bien no significa aferrarse a lo que alguna vez funcionó. Significa desarrollar la capacidad de revisar certezas, incorporar nuevas perspectivas y aceptar que el mundo cambia a una velocidad que nos desafía permanentemente. La adaptación es la habilidad de seguir creciendo cuando ya no somos quienes fuimos, pero todavía no terminamos de descubrir quiénes podemos llegar a ser.

Quizás uno de los grandes aprendizajes sea entender que la fortaleza no está en la rigidez. Los árboles más resistentes frente a la tormenta son los que pueden inclinarse sin quebrarse. Algo similar ocurre con las personas. Cuanto más larga es la vida, más importante resulta conservar la capacidad de movernos, no solo físicamente, sino también emocional e intelectualmente.

Hacer frente al edadismo implica reconocer que el valor de una persona no disminuye con los años. Pero también implica asumir una responsabilidad: no convertirnos en prisioneros de nuestras propias certezas. Porque vivir más tiempo abre nuevas oportunidades, y aprovecharlas requiere curiosidad, apertura y la valentía de seguir cambiando. La longevidad no nos pide ser jóvenes para siempre. Nos pide permanecer flexibles para seguir plenamente vivos.

Por Diego Bernardini-Lasegundamitad.org
Foto www.magnific.com

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