El segundo cordón umbilical

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Uno de los momentos más profundos que la vida me permitió presenciar fue un parto.

Allí, donde la vida y la muerte caminan juntas, algo más que un bebé nace. También muere una identidad: la de la mujer que fue hasta ese instante. Y comienza otra, aún desconocida.

Mientras el bebé habita el vientre materno, nace un órgano único, creado solo para amar y sostener la vida por un tiempo limitado: la placenta.

En algunas comunidades indígenas de Colombia se la nombra como el ángel guardián del bebé. Un órgano que aparece con él y que muere cuando ya no es necesario.

Aquel 31 de diciembre, a las 23:40, nació Noha.

Y con él, también nació su placenta. Porque un parto no termina cuando el bebé sale al mundo, sino cuando la placenta completa su ciclo. Allí se cierra una primera gran misión.

La placenta y el bebé están unidos por el cordón umbilical, un puente vivo entre madre e hijo. A través de él se transmiten nutrientes, oxígeno, hormonas, defensas, pero también algo más sutil y profundo: ritmo, historia, memoria, emoción y seguridad. El cordón no solo alimenta el cuerpo; acompaña el alma en su llegada al mundo.

Cuando el bebé nace, el cordón sigue latiendo.

Sigue siendo hogar. Sigue siendo canal.

Late hasta que el bebé es colocado en el pecho de su madre. Solo cuando ese nuevo refugio está disponible —el calor, el olor, la voz conocida, la leche— el cordón deja de latir. Entonces la placenta muere. El ángel guardián se despide.

Y allí ocurre una transición sagrada.

El pecho se convierte en el segundo cordón umbilical.

Una extensión viva que no solo alimenta al bebé, sino que ayuda a la madre a reconocerse en esta nueva identidad. La lactancia no es únicamente nutrición: es regulación, es encuentro, es pertenencia.

Acompañando nacimientos, suelo recordar algo simple y profundo: si un bebé estuvo nueve meses dentro del vientre, necesita al menos nueve meses más de cercanía, contacto y presencia. No se trata solo de criar a un bebé. Se trata de nacer juntos.

Porque así como el bebé no puede crecer sin su madre, la madre tampoco puede hacerlo sin su bebé. Se necesitan mutuamente para aprender a vivir de esta nueva forma.

Y entonces aparece una pregunta que nos invita a mirar nuestra propia historia:

¿El cordón umbilical fue respetado en su tiempo y ritmo natural… o fue cortado antes de tiempo para acelerar un proceso?

Te dejo tres preguntas para acompañar tu hoy.

Porque cuando reconocemos de dónde venimos, comenzamos a comprender hacia dónde vamos:

  • ¿Cómo fue tu proceso de parto?
  • ¿Dónde lo viviste, con quién y cómo fuiste tratada?
  • ¿Qué necesitabas en ese momento y no estuvo disponible?

En nosotros habita toda la información necesaria para volver a mirarnos con amor, presencia y compasión.

A veces, sanar no es ir hacia adelante, sino volver al origen con ternura.

“Todo ser humano llega al mundo con una necesidad fundamental: sentirse esperado, recibido y sostenido.”

Proyecto Sentido

Camila Soriano Rodríguez /Puericultora

amornaciente6@gmail.com · +54 9 11 3277 5452

IG:@amor_naciente

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