El trabajo y el no trabajo

Compartir:

Hay un momento un poco silencioso  en el cual, el trabajo deja de ser únicamente una estructura externa y pasa a convertirse en un espejo interno.

En la primera mitad de la vida, trabajamos para construir: identidad, seguridad, pertenencia. Pero en la segunda mitad, el eje se corre: ya no se trata tanto de acumular logros como de otorgarles sentido. El trabajo, entonces, empieza a ser una pregunta más que una respuesta: ¿para qué hago lo que hago?
 
Dejar de trabajar, o incluso imaginar ese escenario, suele vivirse con ambivalencia. Por un lado, aparece el anhelo de libertad; por otro, una inquietud difícil de nombrar. Si, también lo financiero entra en juego, hay que decirlo. Porque el trabajo no solo organiza el tiempo: también ordena la subjetividad (y la economía). Cuando ese organizador se debilita, emerge un vacío que no siempre es negativo, pero sí exige ser elaborado. No hacer nada no es lo mismo que estar disponible para algo nuevo.
 
En esta etapa, muchas personas descubren que no se jubilan del deseo. El «hacer» ya no está necesariamente ligado a la productividad sino a dimensiones más íntimas: el disfrute, la creación sin urgencia. Aparece una lógica distinta, menos lineal, más abierta.
 
Los nuevos proyectos no suelen imponerse desde afuera, sino que emergen como una decantación. A veces son actividades postergadas, otras veces son intereses completamente nuevos. Lo más importante de todo es su resonancia. Hay algo que es auténtico y que empieza a ganar terreno frente a lo esperado. Y eso, lejos de ser menor, es profundamente estructurante.
 
Creo que el desafío pasa no por dejar de trabajar, sino por redefinir qué entendemos por trabajo. Porque cuando la vida ya no está organizada por la obligación, aparece la posibilidad de elegir. Y elegir implica asumir una posición frente al propio tiempo y deseo. En ese sentido, la segunda mitad, podríamos decir, es una reescritura. Y como como tal, requiere coraje y una escucha más fina de uno mismo, que, por supuesto, desde este espacio alentamos enérgicamente. ¡A por ello, entonces!
 
Por Diego Bernardini/lasegundamitad
Foto www.magnific.com
Compartir:

arte-ipac-navidad