Vivimos inmersos en redes sociales que nos bombardean a diario con información. El bendito —o maldito— algoritmo repite y repite aquello que más consumimos. La pregunta es inevitable: ¿cuánto es suficiente?
En esta nota quiero hablar sobre el contenido de salud mental.
Es innegable que la divulgación sobre cómo funcionamos los seres humanos —desde el contexto que moldea nuestra conducta a sus consecuencias o el contenido sobre emociones o trauma— ha contribuido enormemente al autoconocimiento. Sin embargo, este auge de la “Psico Educación” también ha abierto el micrófono a todo tipo de voces: algunas bien intencionadas, otras más interesadas en monetizar que en informar con rigor.
El resultado es que este fenómeno, al no estar regulado, ha fomentado el auto diagnóstico excesivo y la patologización de conductas normales. Hoy es común escuchar frases como:
– “Es por mi apego evitativo que no logro relaciones duraderas”, cuando en realidad quizá eres coqueto o inconstante.
– “No soy pesada, es que se me acaba la batería social”, cuando en verdad faltan habilidades sociales o seguridad para manejar interacciones cotidianas.
– “No soy grosera, es que pongo límites”, cuando tal vez fuiste criada con excesiva complacencia y ahora cuesta encontrar un equilibrio.
Estas situaciones existen, claro que sí. Y es positivo reflexionar sobre nuestras dificultades para relacionarnos o aprender a poner límites. Lo que conviene recordar es que mirarnos con honestidad no siempre es fácil y es tentador caer en la auto justificación. Buscar las causas solo hacia adentro no basta, pero tampoco sirve mirar únicamente afuera en busca de culpables.
Hace poco, conversando con una gran amiga, recibí retroalimentación de manera tan directa como cariñosa. Esto no siempre sucede en conversaciones con amigas; en este caso, tanto ella como yo, contamos con experiencia psicoterapéutica realizada con profesionales, ambas llevamos muchos años de conocernos y compartir muchas etapas de la vida. Conozco su contexto, conoce el mío. Conozco su circunstancia y conoce la mía. ¿Notan ustedes la diferencia entre sus observaciones o sugerencias y las de un personaje de redes sociales? Puede ser un profesional de la psicología, un gran divulgador también pero su contenido no puede ni debe convertirse en diagnóstico ni en etiqueta para sus seguidores.
Volviendo a la conversación con mi amiga, gracias a la sinceridad de nuestra relación, pude reconocer que en cierto tema estaba auto engañándome y postergando decisiones importantes. Llevaré esa observación a mi próxima sesión de terapia; gracias Lore.
Mi invitación es sencilla: interesarse en el autoconocimiento es valioso, pero seamos selectivos con el dónde y, sobre todo, con el cuánto. Igual que en medicina, en psicología el auto diagnóstico y la auto medicación digital -Dr. Google- pueden hacer más daño que bien. No todo es trauma. No todo es ataque de pánico. Y, sobre todo, en psicología no hay recetas únicas: cada persona es un universo complejo y dinámico.
La psicoterapia es “a medida” o no es psicoterapia.
La psicoterapia suele ser un proceso retador, incluso doloroso, frente al cual levantamos defensas por auto protección. Por eso es tan importante transitarlo acompañados y con mirada crítica para no caer en el sesgo de auto confirmación.
Cierro esta corta y cariñosa nota recordando al alquimista Paracelso (Suiza, 1493) a quien se atribuye la frase: “Todo es veneno y nada es veneno; sólo la dosis hace el veneno”. Sabias palabras a las que sumo las del filósofo contemporáneo David Summers (Madrid, 1964): “Ni mucho ni poco, ni para comerse el coco” (Hombres G, 1986).
Ana Paulina Sotomayor Paredes Psicóloga Clínica Magister en Psicología Email: anapaulinasotomayorparedes@gmail.com









