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Todos queremos que nuestros hijos (¡y nosotros mismos!) crezcan en gratitud. He aquí algunos puntos que conviene recordar.

5 puntos para enseñar gratitud, según un psicólogo infantil…

Di «gracias». Desde que somos pequeños, nuestros padres nos lo decían mucho. No había duda de que querían que nos convirtiéremos en adultos agradecidos en todas las facetas de la vida, y la petición constante de «dar las gracias» era una de las herramientas que utilizaban.

Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que hay formas aún más eficaces de inculcar la gratitud a nuestros hijos. Y, según están aprendiendo los científicos, enseñar gratitud no solo fomenta la mejora de las relaciones y el aumento de la felicidad y la satisfacción vital, sino que también puede conducir a una mejora de la salud, con resultados como la disminución de la presión arterial, la mejora del sueño y un mejor funcionamiento inmunitario.

 

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Claves para enseñarles de gratitud

Como se detalla en este reciente artículo, es importante tener en cuenta algunas claves para animar mejor a nuestros hijos a dar las gracias:

CONCIENCIA DEL DESARROLLO

En primer lugar, al enseñar gratitud a nuestros hijos, debemos tener en cuenta su edad y desarrollo, que influyen en su comprensión del agradecimiento. Antes de enseñar a tus hijos cómo o cuándo dar las gracias, deberías compartir tus propios momentos de gratitud (y las emociones positivas que conllevan), para que puedan ver la gratitud en acción.

Compartir momentos auténticos de agradecimiento proporciona un modelo, incluso para los niños pequeños, que puede reproducirse a medida que crecen.

PREGUNTA, NO CUENTES

Antes de empezar a decirles a nuestros hijos que den las gracias, es importante ayudarles a entender sus propios sentimientos de gratitud, aunque sea a un nivel rudimentario. Esto puede lograrse preguntándoles cómo se sintieron con sus experiencias positivas, como recibir un regalo o ser ayudados por alguien.

En esencia, estamos enseñando a nuestros hijos a reflexionar sobre el hecho de que otras personas participaron directamente en su alegría y, por tanto, se trata de un regalo que debemos devolver de alguna manera, aunque sea con un simple abrazo o un «gracias». Estos intercambios con nuestros hijos también nos dan la oportunidad de reflexionar sobre lo que quizá no entiendan acerca de la gratitud, y de dar y recibir.

LOS HECHOS SON MÁS ELOCUENTES QUE LAS PALABRAS

A diferencia de muchos otros aspectos de nuestra vida como padres, lo que hacemos suele tener más impacto que lo que decimos cuando se trata de los hábitos a largo plazo de nuestros hijos. Los niños agradecidos suelen ser criados por padres agradecidos, y cuando nuestros hijos nos ven expresar nuestro agradecimiento de forma alegre y auténtica, es más probable que vean la gratitud como una opción atractiva en su trato con los demás.

Además, en nuestra sociedad tan centrada en los niños, en la que los padres pueden sentirse agotados por todas las supuestas cosas que deberían hacer por ellos, enseñar a los niños que el bienestar de los demás -especialmente el de sus padres- es importante proporciona un mayor sentido de la equidad que, en realidad, es más saludable para todos.

MANTENER EXPECTATIVAS RAZONABLES

Las buenas tácticas aplicadas con demasiada frecuencia pueden acabar diluyendo, o incluso desalentando, los buenos hábitos que queremos fomentar. Mientras que algunos niños pueden estar predispuestos a mostrar gratitud constantemente, ya sea sentándose a la mesa cada noche o dando las gracias en casi todas las situaciones deseadas, para muchos niños, una expectativa de expresiones frecuentes de agradecimiento puede resultar asfixiante y conducir a una respuesta reaccionaria (es decir, no dar las gracias en absoluto o hacerlo a regañadientes).

Por lo tanto, puede ser más eficaz encontrar formas creativas y flexibles de fomentar la gratitud. Compruebe especialmente con los adolescentes (por ejemplo, «¿Te encuentras bien?») si la gratitud parece estar ausente. Forzar una respuesta apreciativa no significa que estemos cultivando una mentalidad apreciativa.

Encontrar formas creativas que encajen con las personalidades o intereses de nuestros hijos (por ejemplo, un niño puede querer hacer un dibujo mientras que otro puede dar las gracias tocando el piano), y también permitir descansos y respuestas diferidas, puede arraigar este hábito para que dure mucho después de que nuestros hijos se hayan ido de casa.

ES UN MARATÓN, NO UN SPRINT

Por último, conviene recordar que fomentar cualquier buen valor lleva tiempo, y los frutos de nuestra labor como padres pueden demorarse más de lo deseado.

Al final, la verdadera gratitud nunca puede forzarse, sino que debe fomentarse de diversas maneras, para que en última instancia sintamos un fuerte deseo de reconocer todas las formas en que los demás (y en última instancia Dios) han proporcionado tanta promesa, posibilidad y paz en nuestras vidas.

 

 

Escrito por: Jim Schroeder, vía Aleteia.

 

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