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Una sabia decisión permitió que los Torres Cañizares, afrontaran unidos en familia y con mucha fe la pandemia (COVID-19) en la playa.

Esta es la historia de Ernesto Torres, María Sol Cañizares de Torres y su familia. Los esposos tienen 25 años de casados y 3 hijos: Ernesto de 24, Nicolas de 22 y Maria Sol de 20. La familia también la conforman Savanah, Şura y Molly (dos labradoras y un bulldog francés).

Los esposos Torres Cañizares cuentan con una casa en la playa, a la cual van durante todo el año… entonces una vez que empezó la pandemia, decidieron sabia y rápidamente pasar allá la cuarentena.

Afrontando la cuarentena

«Mentiríamos si dijéramos que vivimos un encierro, porque la playa siempre te ofrece esa sensación de libertad. No obstante al pasar los días la nostalgia por ver a nuestros padres fue creciendo, sin embargo al saberse a salvo, esto se compensaba», indican los esposos.

Cuentan también que ellos siempre han sido una familia muy unida, pero el aislamiento les regaló momentos en familia diferentes. Al compartir labores, estar expuestos a noticias poco alentadoras y ver quebrantada su salud, les permitió observar cualidades en cada uno que antes pasaban desapercibidas y que fueron de gran ayuda. También aprendieron a convivir y manejar los defectos de cada uno.

 

 

¿Cómo vivieron el hecho de tener un hijo fuera del país?

«El tener un hijo en el exterior siempre es una preocupación constante, sin embargo el país donde estuvo en esos momentos, la pandemia estaba controlada. Además,  lo más difícil fue, que al compartir tantos momentos en familia nos hizo a todos recordarlo y extrañarlo muchísimo más de lo habitual. Cabe destacar que el ama la playa, y esa casa es su
lugar favorito por lo que hubiera disfrutado mucho la cuarentena», expresan los esposos.

3 anécdotas que marcaron la cuarentena

Aquí destacan varias anécdotas vividas por la familia Torres Cañizares:

“Somos un equipo”

María Sol Cañizares de Torres: Un día a principios de la cuarentena por motivos de salud, no me sentía nada bien; y siendo una persona relajada, ese día me sentí sumamente vulnerable y nerviosa.

Estábamos por salir de playas y regresar a Guayaquil, realmente sin saber ¿a dónde y a qué?, pues todo estaba colapsado. Ernesto sintió mi angustia, tomo mi mano y me dijo muy serio: “tú y yo somos un equipo”… “juntos vamos a ser lo mejor el uno para el otro”.
Automáticamente me tranquilice; decidimos quedarnos en playas y todo se resolvió.

Aunque nos queremos muchísimo, Ernesto y yo no tenemos “nuestra canción”, “nuestra película” o “nuestro plato favorito”, en realidad tenemos gustos muy diferentes; la cuarentena nos regaló nuestra frase: “somos un equipo”.

“Nos hicieron suegros”

Ernesto Torres: Eran los últimos días de cuarentena, cuando una de nuestras perritas (Şura) se nos escapó en un segundo y se perdió. Eran las 8:00pm cuando empezó la búsqueda, no nos importó el toque de queda, la buscamos hasta la 3:30am y no la encontramos, nos acostamos con una pena inmensa.

Al día siguiente nos levantamos 5:30am para seguir buscando y gracias a Dios 5:40am la encontramos, estaba regresando a la casa y junto con ella, un novio… pero en fin, lo importante es que la recuperamos.

 

 

El percance

María Sol Cañizares de Torres: Después de haber pasado ambos por el Covid-19 sin ninguna complicación, un día Ernesto se cortó casi toda la yema del dedo meñique. Ya era tarde, no había doctores ni farmacias atendiendo y el hospital del pueblo estaba full; la sangre era imparable.

En ese momento me acordé de mi amiga Elisa que es doctora y la llamamos. Me dice “consigue gasas y agua oxigenada” y algo más que no recuerdo; solo teníamos agua oxigenada. Por suerte Pili, mi vecina, tenía lo que faltaba, y para no hacer mas larga la historia cocimos el dedo por video llamada. Elisa con una paciencia única nos dijo cómo pegar el dedo. Dedo que hasta el día de hoy esta perfecto.

Valioso aprendizaje

La familia Torres Cañizares aprendió que ciertas cosas son innecesarias y que a veces tenemos muchas que cumplen la misma función, así que están tomando cartas en el asunto, porque no es solo aprender, sino también poner en práctica.

También aprendimos a agradecer a Dios por todo en vez de pedir. Aprendimos a disfrutar de cosas sencillas que nos hicieron igual o más felices que comprar un lindo traje. Pero el aprendizaje más importante fue el el concientizar y palpar realmente que con salud se puede hacer todo, pero sin ella nada.

 

 

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