¿Ha cambiado realmente la educación?

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«Cómo ha cambiado la educación con esto de la tecnología», solemos escuchar.

Pero cabe preguntarse: ¿ha cambiado la educación en su esencia o solo han cambiado los métodos y las herramientas que facilitan el aprendizaje?

A lo largo de la historia, educar ha tenido distintos significados. Para Sócrates, educar era ayudar a descubrir la verdad que habita en el interior de cada persona. Para John Dewey, en cambio, el aprendizaje debía centrarse en resolver problemas reales y contribuir a la transformación de la sociedad, no limitarse a la memorización de datos. Así, con el paso del tiempo, la educación ha evolucionado desde la búsqueda de la verdad individual hasta la responsabilidad colectiva de mejorar el mundo que habitamos. Y aquí surge una pregunta clave: ¿es fácil transformar la sociedad? ¿mejorar el mundo que habitamos? Claro que no. Es un proceso complejo que exige tiempo, compromiso, paciencia, afecto, tolerancia y constancia. Precisamente por eso, ni los docentes ni las instituciones educativas pueden ser «abandonados» en esta tarea. La idea de que «mi hijo va al colegio para que ustedes lo eduquen» es peligrosa y nos acerca a una sociedad caótica, como la que muchas veces sentimos que estamos viviendo.

Los padres son los primeros educadores y los principales responsables de la formación de sus hijos. Por eso, vale la pena cuestionarnos: ¿qué estoy haciendo yo para ayudar a que mi hijo sea mejor persona y pueda contribuir a transformar la sociedad? Sólo cuando asumimos esa responsabilidad podemos decir que estamos educando de verdad. Pues, la educación no consiste en saber todas las capitales de Europa ni en aplicar a la perfección fórmulas matemáticas. La verdadera educación se refleja en la honestidad, el respeto, la responsabilidad, la empatía y la tolerancia. El centro de la educación no es únicamente el contenido —mis alumnos dirían que para eso está Google o ChatGPT—, sino la formación integral de la persona. Y aquí surge otra pregunta inevitable: ¿puede la tecnología educarnos en valores?

La respuesta es clara. Los valores no se transmiten con buscadores ni con inteligencia artificial. Se aprende de los seres humanos, del ejemplo cotidiano, del consejo oportuno y del tiempo bien invertido. Porque, al final, la sociedad no se transforma por la acumulación de contenidos, sino por la vivencia de valores. Por ello, es urgente desenterrar esos valores y educar con afecto. Los niños necesitan tiempo del adulto, uno de los recursos más escasos en la actualidad, pero sin duda uno de los más valiosos. Entonces, ¿ha cambiado la educación con la tecnología? Hasta cierto punto, sí. La tecnología facilita el acceso a la información y al conocimiento. Pero educar es mucho más que eso. Y cuando se trata de valores, la tecnología no es imprescindible: lo somos nosotros.

Por María Inés García/Mgs. en Gestión Educativa

marinesgarciag@gmail.com

 

 

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