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Háblame bien de papá, háblame bien de mamá. Si pensamos bien, ese es el mayor regalo y legado que le podemos hacer a nuestros hijos, ya que nuestros padres son nuestras raíces en donde nos vamos edificando. Necesitamos crecer con raíces sólidas para podernos sostener.

Nuestras raíces son las que nos van a dar esa seguridad en la vida; y en el desarrollo evolutivo de nuestros hijos, los padres o las figuras parentales o aquellos cuidadores de niños y adolescentes son los que tienen la encomienda mayor, pues verdaderamente son sus custodios y los que con su ayuda le procuraran también esas alas para volar.

Por eso es de vital importancia hablar bien de papá y de mamá, utilizar un lenguaje desde lo positivo. Una de las cosas claras que tiene que tener la pareja es que ante los hijos tienen que proponerse hacer un buen equipo en donde ninguno de ellos desmerezcan al otro miembro de la pareja. Tener eso claro, es lo que hace a su vez que la pareja este cada vez más cohesionada, respetando al otro en su forma de hacer las cosas con respecto a sus hijos.

Hay que tener en cuenta que en ocasiones los hijos pueden “separar” a los padres en su lucha por lograr lo que quieren a través de alguno de ellos. Y cuando los padres acceden a esta situación, poniéndose en contra del otro o uniéndose más a ese hijo por ganarse su cariño, permiten que el hijo vaya ganando un espacio importante en medio de la pareja. Esto es delicado porque va separando a la pareja, va distanciando a los padres y los hijos van tomando un poder que no les compete.

¿Cómo remediarlo? 

Todo puede volver al inicio o incluso mejor,, cuando entienden que todos participan en ese problema y saben asumir la parte de la responsabilidad que les toca, y así restablecer esos órdenes del amor. Eso hará mucho bien a la familia. Al final lo que a todos nos salva es el amor.

Sin embargo, para amar es necesario tener bien dispuesto el corazón, pues el corazón está hecho para amar. Y eso tienen que tenerlo en cuenta los padres. Los hijos crecen con un testimonio realmente que les puede edificar y fijar unas sólidas raíces en su desarrollo evolutivo que les permitan crecer con más seguridad en la vida. Y a su vez representa uno de los legados más bonitos que puedan recibir los hijos.

 

Vía: LaFamilia.info

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