«¡Ustedes tienen tiempo!»
¡Assalamu lakum!
“¡La paz esté con ustedes!” El Papa saluda en árabe a los jóvenes presentes, provenientes no solo del Líbano, sino también de Siria e Irak. Durante el encuentro, algunos compartieron sus historias, hablando de “valentía en el sufrimiento”, “esperanza en la decepción” y “paz interior” en tiempos de guerra. Son experiencias con las que todos pueden identificarse, pero en el caso del Líbano, cuentan la historia de un país afligido por profundas heridas, “que luchan por sanar”, porque trascienden las fronteras nacionales y se entrelazan con complejas dinámicas sociales y políticas.
“Queridos jóvenes, quizá lamenten haber heredado un mundo desgarrado por guerras y desfigurado por injusticias sociales. Y, sin embargo, en ustedes reside una esperanza, un don, que a nosotros adultos parece escapársenos. Ustedes tienen tiempo. Tienen más tiempo para soñar, organizar y realizar el bien. ¡Ustedes son el presente y en sus manos ya se está construyendo el futuro! Y tienen el entusiasmo para cambiar el curso de la historia. La verdadera resistencia al mal no es el mal, sino el amor, capaz de curar las propias heridas mientras sana las de los demás”.
«¡Sean la savia de la esperanza que el país espera!»
El Líbano se asocia a menudo con sus cedros, símbolos de unidad y fecundidad. El Papa recuerda su forma singular:
“Sabemos bien que la fuerza del cedro está en las raíces, que normalmente tienen la misma extensión que las ramas. El número y la fuerza de las ramas corresponde al número y la fuerza de las raíces”.
Un detalle que evoca el «bien» presente en la sociedad libanesa, fruto del humilde compromiso de numerosos pacificadores: «buenas raíces» que aspiran no a que crezca solo una rama, sino el cedro «en toda su belleza».
“Recurran a las raíces buenas del compromiso de quienes sirven a la sociedad y no se sirven de ella para interés propio. Con un compromiso generoso por la justicia, proyecten juntos un futuro de paz y desarrollo. ¡Sean la savia de esperanza que el país espera!
La paz no es auténtica si es solo fruto de intereses partidistas
León XIV continúa respondiendo a la primera pregunta de los jóvenes: cómo mantenerse firmes en la esperanza en el contexto de un país carente de estabilidad social y económica, asfixiado por el miedo a un conflicto que podría estallar en cualquier momento.
“Queridos amigos, ese punto firme no puede ser una idea, un contrato o un principio moral. El verdadero principio de vida nueva es la esperanza que viene de lo alto: ¡es Cristo! Él murió y resucitó para la salvación de todos. Él, el que vive, es el fundamento de nuestra confianza; Él es el testigo de la misericordia que redime al mundo de todo mal”.
El mal de la guerra se erradica mediante una reconciliación que no surge de intereses partidistas, sino del principio de no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros mismos. León XIV se hace eco de las palabras de san Juan Pablo II: «No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón», reiterando que la reconciliación es la base de la ausencia de conflicto.
No se ama verdaderamente si se ama por un tiempo limitado
La segunda pregunta se refiere a las relaciones, que evolucionan cada vez más rápidamente: «del encuentro a la separación, del compromiso al abandono». Para cultivar relaciones sinceras y auténticas, el Papa advierte contra el individualismo. Las relaciones, observa, parecen cada vez más efímeras y se «consumen» como objetos. La confianza en los demás a menudo se sustituye por la búsqueda del propio beneficio, vaciando los conceptos de amistad y afecto, a veces confundidos con «una sensación de satisfacción egoísta».
“Si en el centro de una relación de amistad o de amor está nuestro yo, esa relación no puede ser fecunda. Del mismo modo, no se ama de verdad si se ama con fecha de caducidad, mientras dura un sentimiento. Un amor con vencimiento es un amor mediocre. Al contrario, la amistad es verdadera cuando dice “tú” antes que “yo”. Esta mirada respetuosa y acogedora hacia el otro nos permite construir un “nosotros” más grande, abierto a toda la sociedad, a toda la humanidad”.
El amor auténtico y duradero refleja el esplendor de Dios, «que es amor», y se funda en la confianza mutua y en el «para siempre» que acompaña la vocación de la familia y la vida consagrada.
«¡Construyan un mundo mejor que el que encontraron!»
El amor y la caridad, afirma el Papa, dan testimonio de la «presencia de Dios en el mundo». Lo hacen hablando un lenguaje universal, dirigido a los corazones, no a través de ideales abstractos, sino a través de las historias de Jesús y los santos. El Papa invita a estos últimos, especialmente a los más jóvenes, a mirar, a trazar nuevos caminos sin desanimarse por las injusticias ni los «contratestimonios».
“Con la fuerza que reciben de Cristo, ¡construyan un mundo que sea mejor que el que han encontrado! Ustedes, jóvenes, son más directos en tejer relaciones con los demás, incluso diferentes por su entorno cultural o religioso. La verdadera renovación, que un corazón joven desea, comienza con gestos cotidianos: recibiendo al que está cerca y al que viene de lejos, tendiendo la mano al amigo y al refugiado, a través del difícil pero necesario perdón al enemigo”.
León XIV recuerda figuras como los santos Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, canonizados en el presente Año Jubilar, así como a los libaneses: Santa Rafqua, con su resistencia al dolor, y el beato Yakub El-Haddad, cercano a los más necesitados.
«Tengan tiempo para cerrar los ojos»
Destaca el ejemplo brillante, aún más resplandeciente en la «luz tenue en la que eligió refugiarse», de San Charbel, considerado el santo patrón del país. Su representación con los ojos cerrados, «como para contener un misterio infinitamente mayor», inspiró un himno que León XIV cita:
“Oh, tú que duermes y tus ojos son luz para los nuestros, sobre tus párpados ha florecido un grano de incienso”.
En un mundo dominado por «distracciones y vanidad», el Papa invita a los jóvenes a reservar tiempo para «cerrar los ojos» y contemplar a Dios, que «a veces parece silencioso o ausente», pero se revela a quienes lo buscan en silencio. Siguiendo el ejemplo de San Charbel y haciéndose eco de la invitación de Benedicto XVI a los cristianos de Oriente, León XIV nos anima a «cultivar continuamente la verdadera amistad con Jesús a través de la oración».
“La esperanza es una virtud pobre”
De la mirada de san Charbel, el discurso se traslada a la de María, cuyo rosario tantos jóvenes llevan siempre consigo, “en el bolsillo, en la muñeca o alrededor del cuello”. Y llega hasta san Francisco, a su oración “sencilla y hermosa” que el Papa ofrece a las nuevas generaciones:
“Oh, Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, que lleve yo el amor. Donde haya ofensa, que lleve yo el perdón. Donde haya discordia, que lleve yo la unión. Donde haya duda, que lleve yo la fe. Donde haya error, que lleve yo la verdad. Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría. Donde haya tinieblas, que lleve yo la luz”.
Una invitación al entusiasmo en su sentido cristiano, es decir, a “tener a Dios en el alma”, y también a la esperanza: una virtud “pobre” porque se presenta con las manos vacías, pero libre “para abrir las puertas que parecen cerradas por el cansancio, el dolor y la decepción”.
«Crezcan con vigor»
León XIV concluyó su discurso asegurando a los jóvenes la presencia constante de Dios y su apoyo ante los desafíos de la vida y la historia.
“Jóvenes libaneses, ¡crezcan vigorosos como los cedros y hagan florecer al mundo con esperanza!”.
Fuente Vatican News









