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Hoy en tiempo de crisis mundial… es fundamental la evangelización digital.

La pandemia no para de darnos lecciones, y al parecer esta situación seguirá acompañándonos durante más tiempo. Lo llamativo de todo esto es que exigió de parte de la Iglesia, encontrar formas creativas de vivir y propagar la fe. ¡La evangelización digital nunca fue tan necesaria como hoy!

Principalmente, evangelizar a través de los medios de comunicación digital. Lo que para muchas parroquias era un campo fértil, pero todavía virgen, se ha convertido en una obligación, si es que deseamos seguir sirviendo en la viña del Señor.

Otro elemento importantísimo en este tiempo, es que esto nos ha hecho descubrir también, que las familias, son esas iglesias domésticas donde se debe vivir y compartir la fe. Hoy reflexionaremos sobre estas dos ideas un poco.

 

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La evangelización digital a través de las redes

Aunque hemos apreciado una movilización significativa de muchas parroquias, queriendo llegar a los fieles a través de las redes, no ha habido mucha reflexión.

En muchos casos, el esfuerzo no ha ido más allá de la transmisión litúrgica de las misas, exposiciones del Santísimo o del Rosario. Cosa que no está mal, puesto que para casi todos, la única manera de «participar» de las misas o de las actividades de la iglesia, es de manera virtual.

Sin embargo, no podemos caer en el error de pensar que, por el simple hecho de transmitir las misas y otras actividades litúrgicas, los fieles, como por arte de magia, se acercarán al Señor y fortalecerán su fe.

Este tiempo ha sido complicado para todos, y la fe de más de uno seguramente se ha visto cuestionada. Ser testigos de tanto sufrimiento y muertes nos sacude el espíritu, no entendemos cómo Dios puede permitir todo esto.

Pero no es la ocasión para explicar este tipo de cuestionamientos que son muy válidos, y merecen una profunda reflexión. Lo que sí debe preocuparnos y debe ser motivo de reuniones en los equipos pastorales de cada parroquia, es el cómo proclamar la Buena Nueva en este contexto actual.

No es suficiente la transmisión de las misas, por más esencial que lo sea. Hay que responder a las inquietudes existenciales, utilizando el recurso valiosísimo que nos brinda la tecnología.

 

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Participación de los laicos en la evangelización digital

Las necesidades son muchísimas, las preocupaciones y las respuestas que las personas necesitan son tan variadas que es imposible que solamente el párroco pueda —como se dice— «salir en pantalla».

Eso sería una suerte de clericalismo, que no solamente no es sano, sino que no promueve el apostolado de los mismos laicos, que tienen mucho que aportar a la pastoral de las distintas parroquias o iglesias.

Es más, muchos tienen en conocimiento necesario para colaborar en esta nueva necesidad tecnológica, que infelizmente, en muchos sacerdotes no suele ser el punto fuerte. Y no lo digo con un ton de crítica, sino porque la situación en que vivimos por la pandemia, generan todo un ambiente, en el que se hace cada día más imprescindible la adecuada utilización de internet para la evangelización.

Es por eso por lo que todos debemos asumir como responsabilidad personal, ese llamado al apostolado. Es más, como bautizados, estamos convocados por el Señor para el anuncio profético.

Participamos, gracias al bautismo, de la dimensión sacerdotal, profética y real, propia de los presbíteros. Esto ha sido ampliamente profundizado en el Concilio Vaticano II al hablar del llamado de los laicos a la nueva Evangelización.

 

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Las familias, iglesias domésticas

Algo muy duro que han vivido muchos fieles, ha sido la imposibilidad de asistir a las celebraciones litúrgicas. Pero por otro lado, esto motivó positivamente a que se descubrieran otras formas (adecuadas también), de participar del misterio eclesial. De poder relacionarse con Cristo, más allá del sacramento eucarístico.

Sabemos y tenemos claro que la Eucaristía es fuente y cumbre de la vida cristiana, pero ¡qué gran valor tienen también las familias como verdaderas iglesias domésticas!

En millones de hogares los padres se vieron en la obligación de tener que participar a los hijos la fe vivida. Para muchos este tiempo ha sido la oportunidad de reconsiderar lo valioso, como ese recinto sacro, donde se forma y educa en la fe de Cristo.

La pandemia como oportunidad para todos

«Nadie da lo que no tiene». Muchas veces, gastamos una enorme cantidad de energía tratando de convertir a la sociedad secular, pero es más importante convertirnos para lograr la conversión pastoral de la que habla a menudo el papa Francisco.

¿Qué quiere decir eso? Obviamente, no se trata de aguar el mensaje de Cristo, sino —como lo decía el mismísimo Juan Pablo II— una Nueva Evangelización: nueva en su ardor, métodos e instrumentos. Buscando responder a las necesidades que viven las personas del mundo actual.

No podemos seguir anunciando el Evangelio como si siguiéramos viviendo antes del año 2000. Llama la atención que muchas personas se hayan quejado de no poder recibir la comunión y celebrar los funerales en la iglesia, pero no se ha visto, por lo menos a primera vista, un movimiento evangelizador dinámico, que busque evangelizar a nuevas familias, alejadas de la Iglesia, y reconciliarlas con Dios.

Muchos se han quedado sin la Eucaristía sacramental, pero cuántas oportunidades más se han hecho posibles para vivir la caridad en este contexto de la convivencia familiar 24×7 debido a la cuarentena.

Cuántas oportunidades nuevas y distintas para la conversión personal. Para ser coherentes con la propia fe, para suscitar, en medio de las dificultades, el amor y el diálogo familiar.

Veamos cada día como una oportunidad más para nuestra conversión, y para poner los medios necesarios para la predicación del Evangelio a diestra y siniestra. Empezando por las tan conocidas y mencionadas redes sociales.

Y tranquilo, si quieres aprender más sobre este tema y no sabes ni por dónde iniciar, te recomiendo el curso online: Creación de contenidos digitales para viralizar la evangelización y potenciar tu comunidad. ¡Es excelente!

Esta es una tarea de todos. Y papás, no pierdan esta oportunidad tan particular de pasar más tiempo con sus hijos, y de compartir tantos momentos especiales.

Aprendamos a ser esa iglesia doméstica que tanto necesitamos, para hacer brillar la luz de Cristo en el corazón de tantos que se sienten perdidos y tristes en medio de esta crisis.

 

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Por: Pablo Perazzo, vía Catholic-Link.

 

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