León XIV ha hecho historia en Madrid

Compartir:

El propio Papa llevó la custodia con el Santísimo durante la procesión del Corpus Christi por la calle de Alcalá

Robert Prevost, hoy León XIV, empieza a acostumbrar al mundo a una palabra: primera vez.

El primer Papa estadounidense.

El primer pontífice agustino.

El primero que sigue utilizando personalmente su teléfono móvil para escribir a familiares y amigos.

Y ahora, también, el primero que ha recorrido las calles de Madrid llevando él mismo al Santísimo Sacramento.

Y quizá ahí esté una de las imágenes más poderosas de toda esta visita histórica a España.

Porque en tiempos donde casi todo parece pensado para la espectacularidad, León XIV está consiguiendo exactamente lo contrario: devolver fuerza a los gestos sencillos.

Es el propio Papa el que ha llevado la custodia con el Santísimo durante la procesión del Corpus Christi por la calle de Alcalá.

No ha ido detrás.

No ha contemplado la procesión desde un lugar preferente.

No ha delegado el gesto.

Es él quien sostiene a Cristo entre la multitud.

Y eso cambia completamente la escena.

La imagen recuerda inevitablemente a la procesión del Corpus del año pasado en Roma, cuando León XIV sorprendió al mundo recorriendo personalmente las inmediaciones de la basílica de San Pedro bajo palio con el Santísimo Sacramento. Aquella decisión llamó mucho la atención dentro y fuera del Vaticano porque rompía una dinámica más distante de los últimos años y recuperaba algo profundamente físico, visible y pastoral del papado.

Ahora lo ha repetido en Madrid.

Durante aproximadamente 600 metros, el Papa ha caminado lentamente por la calle de Alcalá sosteniendo la custodia entre miles de personas.

No parece un detalle menor.

En un tiempo acelerado, donde todo dura apenas unos segundos y casi nada parece capaz de detener verdaderamente a la gente, León XIV vuelve a colocar el centro en una imagen desarmante por su sencillez: un hombre caminando despacio entre la multitud llevando a Cristo en sus manos. Sin grandes efectos, sin distancia, sin necesidad de artificio. Solo un Papa avanzando entre las calles de Madrid como si quisiera recordar que Dios todavía puede abrirse paso en medio del ruido del mundo.

Y probablemente esa imagen explique muchas más cosas sobre este pontificado que cualquier discurso.

Para esta celebración se utilizará una custodia de altar cedida por la catedral de la Almudena, una auténtica pieza de arte sacro elaborada por Talleres Granda en plata dorada, diamantes, topacios, amatistas y esmaltes. La obra está decorada con los tetramorfos de los cuatro evangelistas y sostenida visualmente por dos ángeles.

Pero incluso toda esa belleza artística quedará probablemente eclipsada por otra cosa mucho más potente: el silencio que suele producir una procesión eucarística cuando pasa cerca.

Porque quien haya vivido alguna vez un Corpus sabe que ocurre algo extraño.

La ciudad baja el volumen.

Madrid lleva días completamente transformado por la visita papal: dispositivos de seguridad inéditos, calles cortadas, hoteles llenos, miles de jóvenes recorriendo la Castellana y una expectación que hacía años no se veía en la capital.

Sin embargo, quizá la imagen que termine definiendo esta visita no sea multitudinaria ni estruendosa.

Quizá sea precisamente esta.

La de León XIV caminando lentamente con la custodia entre edificios, semáforos y asfalto madrileño, que está cubierto con alfombras de claveles traídos de Ponteareas. La del Papa llevando a Cristo entre personas creyentes, alejadas, curiosas o simplemente sorprendidas al verlo pasar.

Porque ahí aparece otra de las grandes novedades de este pontificado: su manera de entender la cercanía.

León XIV parece sentirse más cómodo caminando entre la gente que observándola desde lejos. Y eso explica también otros pequeños gestos que han llamado la atención desde el inicio de su pontificado: seguir utilizando personalmente el móvil, improvisar o recuperar signos físicos de cercanía que parecían haberse enfriado con el tiempo.

Por eso muchos empiezan ya a definirle como el Papa de la presencia.

Un Papa que no solo habla de Cristo.

Quiere llevarlo literalmente entre la gente.

Y quizá por eso esta procesión del Corpus en Madrid tiene algo mucho más profundo de lo que parece a primera vista.

Porque no será únicamente una ceremonia solemne en el centro de una gran capital europea.

Será la imagen de un pontífice recordando, en pleno 2026, que la fe cristiana no nació para quedarse encerrada dentro de los templos.

Sino para salir a caminar entre las personas.

Fuente Religión en Libertad
Foto captura Vatican news
Compartir:

arte-ipac-navidad