12 de cada 100 estudiantes reportan haber consumido alguna droga ilícita en el último año
Dos jóvenes pierden a sus padres en un accidente automovilístico. Uno de ellos cae en depresión profunda y sin una red de contención su vida se desmorona, al punto que cree encontrar la salida en unas pastillas que ve en Internet y que una influencer adolescente promete que borran toda angustia y sufrimiento. Su hermana -experimentando el mismo dolor- poco o nada puede hacer para darse cuenta a tiempo y apartar del camino que el joven ha tomado. Esta es la historia que nos cuenta el corto de cine INSTANTÁNEO en el más reciente Festival Intercolegial de Cine, del que participan estudiantes de secundaria de todo el Ecuador.
El espacio, ya en su decimocuarta edición (ver @ficine en Instagram), promueve esta forma de arte como un canal para que los jóvenes de nuestro país se expresen en un medio que les es familiar y cómodo, el audiovisual. Celebro la idea y la experiencia que significa cada producción en su búsqueda por emular a productoras profesionales, pero me quedo preocupado por los temas abordados con estos cortometrajes. Hasta ahora, parecen revelar los vacíos que enfrentan las nuevas generaciones y que se visibilizan en estos cortos.
Por supuesto que es posible que la estrategia de muchos candidatos sea escoger temas dramáticos para conectar emocionalmente con el público que vota y con el jurado que decide; pero no deja de ser preocupante la insistencia en exponer el acoso escolar y presión académica, la violencia urbana, los conflictos familiares en hogares disfuncionales o que han sufrido una tragedia, la depresión y angustia por el fenómeno de las redes sociales, la baja autoestima y el consumo de sustancias. ¿Es esta la realidad de la mayoría de los jóvenes de hoy? Veamos.
Según el Ministerio de Educación, 1 de cada 5 estudiantes sufre de acoso en sus planteles y fórmulas como los Departamentos de Consejería Estudiantil no parecen surtir efecto, sólo llevar estadísticas y contentarse con charlas preventivas que no apuntan a dar herramientas que verdaderamente les ayuden a enfrentar estas situaciones. Las víctimas no son solamente los estereotipos usuales, también les sucede a jóvenes populares y muy sociables, con éxito académico y deportivo, personalidades extrovertidas y familias sólidas. En un mundo tan trastocado como el que vivimos nadie se salva de la proyección de los propios vacíos en quienes parecen no tenerlos.
El modelo educativo ha cambiado drásticamente en las últimas décadas: ya no se trata de cómo enseñar a los alumnos sino de cómo ellos aprenden. Ese giro en la visión pedagógica pone la mayor carga del proceso en el estudiante, quien ya no es un actor pasivo que se sienta en un pupitre a prestar atención y tomar notas de lo que el maestro explica durante una hora. El aprendizaje -ahora- se alcanza investigando, desarrollando proyectos, redactando ensayos, produciendo videos y presentaciones con diapositivas, algunas veces trabajando en equipo, lo que añade la responsabilidad de coordinar con los horarios y voluntades de terceros. Para muchos, esa carga revela una enorme presión que no siempre están listos para manejar.
La salud mental de los jóvenes se ha visto particularmente afectada por la creciente inseguridad en el país. Un estudio reciente en Guayaquil destaca que el 90% de ellos lo está sintiendo. En los últimos años hemos vivido con temor de salir de casa y hasta ver los noticieros porque no hay día en que no se den hechos violentos de gran impacto. La delincuencia no está contenida en ciertas ciudades o barrios, los criminales se refugian en urbanizaciones exclusivas y atraen hechos de sangre. El reclutamiento de menores por parte de bandas delictivas está en auge, gracias a las leyes que -en el afán por proteger a esos menores- abre la puerta para que sean usados para delinquir.
Como la mitad de los matrimonios acaba en divorcio en el país, al menos 50% de los jóvenes está expuesto a conflictos familiares profundos, separación y abandono o crisis de violencia intrafamiliar. La correlación con comportamientos autodestructivos es clara y directa: Un tercio de los jóvenes delincuentes experimentó violencia intrafamiliar y el 60% reporta abandono paterno/materno. Un hogar sin armonía propicia baja autoestima, ansiedad y desvalorización, comportamientos agresivos, falta de control y bajo rendimiento escolar. Según Forbes Ecuador el 58% de los nacimientos en el país corresponden a madres solteras, así, más de 2 millones de mujeres crían a sus hijos solas. Y esto es consecuencia directa de los ataques a la institución del matrimonio y la familia natural, bien como la hipersexualización de la juventud.
Yo crecí en la era de la televisión y no voy a satanizar las redes sociales pero aproximadamente el 20% de niños y adolescentes presenta síntomas de ansiedad o depresión en el país, según varios estudios universitarios, con una clara vinculación al uso excesivo de redes sociales, que fomentan baja autoestima y comparación social. Además de la depresión, el uso desmedido provoca trastornos del sueño, dificultades en el rendimiento académico y aislamiento social. Un informe interno filtrado de Meta, dueña de Facebook, WhatsApp e Instagram, reveló que el 32% de usuarias adolescentes reportó que el uso del app las hizo sentir peor sobre sus propios cuerpos, generándoles ansiedad, siendo que el 13% tuvo pensamientos suicidas.
Según cifras oficiales 12 de cada 100 estudiantes reportan haber consumido alguna droga ilícita en el último año, siendo la marihuana la de mayor penetración por su fácil acceso y costo; leyes en los últimos años legalizaron la venta libre de productos con base de cannabis para supuestos usos medicinales o recreativos. Los vapeadores incrementaron el consumo encubierto de drogas, inclusive en planteles educativos donde llegaban camuflados en entregas de plataformas de pedidos a domicilio. La probabilidad de consumo aumenta un 69% cuando las familias no se involucran en las actividades de sus hijos. Por el contrario, sentirse valorado y escuchado reduce el riesgo hasta en un 25%.
Las drogas, como las pastillas que compra en línea el adolescente del cortometraje, son apenas una muestra de las vías de escape que el ser humano cree encontrar para llenar ese vacío infinito en su corazón. Falta de una identidad clara, escaso o nulo afecto familiar, problemas en el colegio o el barrio, una tragedia, la desesperanza que incitan las redes sociales son algunas de las causas de ese vacío. ¿La respuesta del mundo? Placer desmedido, supresión instantánea del dolor y el sufrimiento con drogas, alcohol, sexo y otros comportamientos desordenados, consumo digital masivo como una distracción y para obtener una falsa validación externa, entretenimiento evasivo, compras compulsivas y relaciones destructivas. Todas soluciones finitas. Imposible saciar con ellas un hambre de infinito.
Lo que el ser humano necesita es autoconocimiento y propósito para desarrollar conexiones significativas y constructivas en su vida. Son las 4 armonías originales: con Dios, conmigo mismo, con mis pares y con el mundo. Si no establezco y construyo una relación personal con mi Creador, ¿cómo voy a saber quién soy y cuál es mi misión en este mundo? Y si no estoy en armonía con quien soy, si no tengo dominio de mí mismo, ¿cómo podré relacionarme armoniosamente con mis pares y donarme desinteresada y totalmente? Cuando mis relaciones más importantes están resquebrajadas, no consigo estar en sintonía con el resto del mundo. Así que hay un orden y secuencia evidente, un camino a seguir, para recordarle a nuestros jóvenes que no están solos y recordarnos a nosotros lo que está a nuestro alcance para prepararlos para las inevitables adversidades y desventuras de la vida.
La felicidad no está en evitarlas o ignorarlas, sino en enfrentarlas y superarlas.
Pablo Moysam D.
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