Desde hace un tiempo, se están publicando artículos en los principales periódicos internacionales en contra de las mujeres que dejan de tomar la píldora anticonceptiva.
Estas mujeres alegan el impacto negativo de sus efectos adversos en su calidad de vida, incluso cuando ya los han dejado. Llaman a la reflexión a través de las redes sociales sobre la conveniencia de asumir tantos efectos adversos como ha mostrado una investigación reciente.
Así, quieren evitar que otras mujeres sigan el camino doloroso que ellas caminaron. Llegan algunas a «olvidar cómo funcionaba mi cuerpo sin hormonas». Esto lo admitió en una entrevista (aquí te la dejo) Jess Morgan, que los usó por 15 años «sin interrupción».
Según este otro artículo en The Washington Post, estas mujeres se dejan influir por una información engañosa y manipulativa para que dejen de usar los anticonceptivos. Invocan que la información no estaría contrastada, no sería realmente científica. Que vendría de fuentes que no son fiables, se centraría únicamente en lo negativo y olvidaría los beneficios de la píldora anticonceptiva.
Todo estaría orquestado por «personas de extrema derecha» en el arco político, por «influencers y comentadores conservadores», o personas buscando «fama y fortuna» en internet con noticias negativas para aumentar el número de seguidores.
En definitiva, son tratadas como ignorantes y con pretensión de desinformar. De este modo, aplauden la censura impuesta en TikTok, por ejemplo, eliminando varios de sus posts «para proteger a las comunidades online». ¡Qué paternalistas! Rechazan el empoderamiento femenino y su autonomía personal.
Otros medios muestran su respeto:
«Las mujeres han sido silenciadas y avergonzadas por los medios tradicionales, la industria farmacéutica y, en muchos casos, por sus propios médicos, que las han criticado por sus experiencias con los anticonceptivos hormonales» (Brittany Martines, fundadora de Evie Magazine).
La píldora anticonceptiva: verdades a medias y medias mentiras
Aquí te planteo algunas estrategias que estos periodistas usan para manipular la información. Se basan en artículos supuestamente científicos con diseños metodológicos deficientes. O con una selección sesgada de la población de estudio… u omiten información relevante o manipulan los resultados y la información:
«Es seguro para mucha gente usarlos por mucho tiempo. De hecho, algunos de los beneficios de la píldora, como reducir el riesgo de cáncer de útero, aumentan cuanto más tiempo se toma la píldora […] y si una mujer deja de tomarla durante su edad fértil, y no consigue quedarse embarazada no es debido al uso de la píldora anticonceptiva, sino a que la fertilidad decae naturalmente con los años» (Dr. Wallace-Hor en news.com.au).
¿De verdad un posible efecto protector es mejor que el riesgo real de cáncer de mama, o depresión, o suicidio, o miedo, o trombos? ¿Realmente la fertilidad declina tanto que la mujer deja de ser fértil en la edad reproductiva?
Otros dicen que «son unos productos maravillosos, aunque mantenemos una creencia social de que de alguna manera las hormonas son malas. En mi opinión, simplemente no es verdad» (Dr. Jensen en Time).
¿Hasta qué punto te puedes fiar de su opinión favorable si recibe pagos como asesor de empresas farmacéuticas productoras de anticonceptivos hormonales? Da que pensar, ¿verdad? Cuanto más se usen, más patologías asociadas, y más ventas… ¿Quién se beneficia más de las ‘buenas intenciones’, la mujer o los fabricantes?
Te pongo otra estrategia: la formulación de antagonismos. Aquí se minimizan unos efectos adversos como el «aumento de peso, dolores de cabeza, hinchazón, náuseas, cambios del estado de ánimo y menstruales».
Seguidamente, se magnifican los beneficios, «disminuir problemas como el acné, períodos abundantes o irregulares y calambres menstruales». O bien, se acepta un «ligeramente mayor riesgo de cáncer de mama y cáncer de cuello uterino. Ese riesgo elevado parece ser temporal…» versus reducción del «riesgo de desarrollar otros tipos de cáncer, incluidos los de ovario, endometrio y colorrectal, y con beneficios protectores que parecen durar décadas».
De forma similar ocurre con los efectos adversos cardiovasculares que «en realidad pueden disminuir el riesgo de que una mujer desarrolle una enfermedad cardíaca o muera prematuramente». ¿Uh? ¿Proporcionan la longevidad?
Time también propone cambiar los criterios clínicos recordando a Groucho Marx: «estos son mis principios y si no les gustan, tengo otros», adaptando el análisis estadístico para acomodar los resultados deseados, aunque suponga ir en contra de los dos últimos siglos de ciencia. O se reinterpreta diciendo que los efectos negativos se cancelan con los positivos y se concluye que es beneficioso su uso. Lo malo es que esto no vale para la salud, donde su pérdida no es aceptable…
Y si esto no te ha parecido suficiente, se justifica la mala reputación de los anticonceptivos no a sus efectos, sino a la desconfianza con los médicos por «la prolongada falta de transparencia de la profesión [médica] sobre algunos de los efectos secundarios graves pero raros» (Baker en The Washington Post). Incluso afirman que «el embarazo y el parto también conllevan importantes riesgos para la salud, especialmente teniendo en cuenta el historial abismal en materia de mortalidad materna en EEUU» y «en su mayor parte deberíamos mirar [la ciencia] y celebrar» (Dra. Kinsey, Time).
¿Cuál es el camino?
Obviamente, lo mejor es dejar de tomar los anticonceptivos y superar la oscuridad emocional causada por su uso continuado. Es una tarea ardua que requiere navegar a contracorriente con autenticidad en un mar de desinformación deliberada bajo la apariencia de ciencia médica.
También es necesario no dejarse engañar usando otros productos para abolir la fecundidad con el consiguiente desequilibrio hormonal y cambios de la mujer.
Es lo que pasa con cualquier fármaco, que presentan efectos adversos. Algunos clips en redes sociales también nos advierten que la tarea es ardua, pero que vale la pena: «siendo la mejor decisión que he hecho para mi salud mental y mi cuerpo», en palabras de Jess Morgan.
¿Y si se lo toma él? ¿Por qué ha de ser la mujer la que tenga que tomar la píldora anticonceptiva? La respuesta es clara ante el anticonceptivo masculino: «no se ha considerado adecuado porque provoca demasiados efectos secundarios. ¡Qué sorpresa!» (Flora Bowen en The Telegraph).
¡Wow! Las mujeres podrían asumir los efectos adversos, pero los hombres serían incapaces. Pero, aunque existiera un anticonceptivo masculino, ¿cuántas mujeres se fiarían de la palabra de un hombre en un contexto de relaciones sexuales que no son ni auténticas ni veraces? Ninguna mujer aceptaría esa indeterminación.
De hecho, estas alternativas solo maquillan la situación y no afrontan el problema de fondo: la autenticidad y veracidad que tiene el significado de las relaciones sexuales humanas. Los anticonceptivos y preservativos rompen la veracidad de esa relación y falsean el amor en una sexualidad utilitarista.
¡Vamos a celebrar la verdad!
¡Sí! Vamos a celebrar que cada vez haya más mujeres (y parejas) valientes decididas a ir a contracorriente y dejar la anticoncepción para redescubrir el sentido verdadero y original de la sexualidad humana. Para conocer la verdad, para ser personas capaces de amar y recibir amor.
Las relaciones sexuales humanas están llamadas a ser trascendentes y espejo del amor de Dios. Y con la ayuda de dos grandes santos, San Pablo VI y San Juan Pablo II, que amaron mucho a las familias, su intercesión hará que sea más fácil navegar a contracorriente con un amor auténtico.
Dejar los métodos anticonceptivos es un paso muy positivo para ambos esposos. No solo para evitar efectos adversos, sino también para abrir el camino de la sanación de su relación para que alcance la plenitud del amor conyugal.
Además, como narra Jess, «tras dejarlos, al principio es como si se levantara la niebla, una sensación asombrosa, gran claridad y realmente muy en contacto con mi cuerpo, que también ha mejorado durante todo este tiempo», aunque no sin dificultades serias.
Celebramos también la ciencia que abre las puertas a métodos naturales y eficaces para la regulación de la natalidad mediante el reconocimiento de la fertilidad, sin violencia química. La pareja preserva en sus relaciones íntimas su carácter unitivo, la aceptación total, mutua en todas sus dimensiones y su carácter procreativo. Te animo a conocerlos mejor.
El reto permanece siempre en las mismas coordenadas: la verdad del amor para que ese amor sea realmente auténtico, seguros su felicidad.









