Natalia se desempeña como docente de la Escuela de Ciencias Ambientales de la UEES. A lo largo de su vida ha tenido que tomar muchas decisiones que la llevaron a alejarse de su familia; hoy nos cuenta un poco de su proyecto de vida.

¿Qué descubrió primero, su vocación religiosa o su vocación por la naturaleza?
Mi vocación religiosa, recuerdo que desde muy pequeña rezaba la salve a los pies de la Virgen del Carmen. Y este es un recuerdo imborrable para mí de mi infancia. Es algo que recuerdo con mucho cariño y emoción. Creo que tal vez tendría 5 o 6 años. Y siempre fue para mí muy viva la imagen de la Virgen. Porque en mi casa era atrás de la iglesia, frente al parque.
¿En qué momento descubrió su vocación por la naturaleza?
Fue mucho después, porque desde niña yo tenía fobia a las orugas. Y entonces no quería estudiar nada que tuviera que ver con la naturaleza. Así que quería ser asistente de vuelo, para estar lo más lejos posible de las orugas. Pero no fue posible eso, y lo más cercano que encontré fue turismo. Así que primero me gradué como guía profesional de turismo. Eso lo estudié en Quito, pero en esa carrera me tocaba a mí hacer prácticas en la naturaleza, por lo que necesitaba hacer prácticas. Mi hermana Raquel estudiaba biología y me consiguió hacer prácticas en Galápagos. Cuando estuve en Galápagos, ya era mi primer año como guía y ver Galápagos en su esplendor, realmente fue donde el asombro de ver esta maravilla me motivó a estudiar biología.
Vine a vivir a Guayaquil en 1991 para estudiar biología, pero todavía pensando en ser guía en Galápagos. Una vez iniciados los estudios de biología, me fascinó la investigación y, bueno, pues terminé estudiando las mariposas. Mi tesis de maestría la hice justamente con una mariposa plaga de la maracuyá, y así vencí mi fobia a las orugas. Entonces, realmente a mí puedo decir que es verdad que el conocimiento nos hace libres. El conocimiento, el saber, la verdad nos hacen libres, porque sé que estas orugas, a las que yo les tenía tanto miedo, se convirtieron en hermosas mariposas. Ahora veo en mi vida ese proceso, esa transformación de vencer nuestros miedos y de descubrir la maravillosa creación que somos y que vivimos.
Acaba turismo, acaba su carrera de biología, ¿y en qué momento decide irse al convento?
Ah, fue antes y eso fue tal vez lo difícil y duro para mi familia, porque yo estaba en cuarto año de biología, venía de un proceso de haber tenido este despertar espiritual, que es algo que uno siempre tiene, solo que muchas veces el día a día y las metas que tenemos a corto plazo van posponiendo este deseo, hasta que se hizo muy fuerte en mí.
Era una muy buena guía naturalista, algo que me hizo muy feliz, que me llenó mucho y sobre todo me ayudó a vencer mi miedo a las orugas. Estaba trabajando remodelando los primeros parques de Guayaquil, el Parque Seminario y el Parque San Agustín, como supervisora; fue mi primer trabajo en el Jardín Botánico de Guayaquil.
Fue algo muy fuerte para mi familia, especialmente para mi madre, que nunca comprendió esta dimensión espiritual, y para ella fue muy muy difícil aceptar que sea religiosa de clausura. Pero para mí fue quizás la experiencia que cimentó mi alma de una forma que solo Dios conoce, porque es un misterio realmente.
Es como lo que dice el evangelio, es como que encuentras ese tesoro, encuentras esa perla preciosa y vendes todo lo que tienes. Y te vas donde está tu corazón.

¿Cuánto tiempo estuvo en el claustro?
Tres años, tres meses. Exactamente. Y luego de retirarme del claustro, decidí que tenía que volver a la vida y al mundo.
¿Cómo fue esa reinserción después de tres años y tres meses?
Bueno, lo comparo justamente con el proceso de las mariposas, porque yo sentí que esa vida que tuve venía del turismo y todo fue como una etapa de oruga realmente, donde la oruga explora todo el bosque. Y esa etapa de Carmelo para mí fue como una etapa de la crisálida, en donde hay esta transformación. Y justamente como una crisálida, porque esta pasa en silencio, en soledad y en mucha oscuridad. Y realmente para mí sí fue este proceso transformador.
Yo creo que Dios escribe en líneas perfectas, sino que nosotros no lo vemos. No lo entendemos. Ese encuentro personal que uno tiene con sí mismo. Y en ese encuentro con sí mismo uno encuentra ese gran amor de Dios Padre.
¿Por qué es importante conservar la naturaleza?
Porque en esta dimensión espiritual y de ciencia, la naturaleza es nuestro hogar. Y la naturaleza es la creación donde vemos, al menos yo veo, el rostro de Dios todos los días. En el atardecer, en el viento, en tantas maravillas que viene la creación. Y en ese sorprenderse cada día de encontrar un día nuevo. Por eso en el Apocalipsis viene la parte donde dicen: «He aquí, yo hago nuevo todas las cosas».
Porque como seres humanos podemos tener conflictos, podemos tener desacuerdos, pero siempre está Dios presente y de una manera personal en las personas que están a nuestro alrededor, con quien convivimos, con quien existimos.
¿Qué tan importante ha sido para los católicos la encíclica Laudato Sí? Y la pregunta es: ¿se la está llevando, se la está cumpliendo, se la está poniendo en práctica?
Yo creo que, puedo decirlo, yo daba una clase aquí que se llama Ecología; actualmente cambió el nombre y se llama Desarrollo Sostenible. Y desde que salió la encíclica, yo la usé como uno de los textos de mi clase.
Y les hacía trabajos y proyectos de la clase a los chicos basados en estos ejes de Laudato Si, que son acordes a los ODS, que salieron también en el 2015. Entonces, en ese sentido, aquí en la UEES hay una cultura de usar termos para evitar el uso de plástico. Con respecto al ahorro de energía, la universidad tiene vidrios para mejorar la luminosidad de los edificios y disminuir el uso de energía eléctrica.
Entonces, hay un compromiso de la universidad con la responsabilidad ambiental, que es uno de los valores de la misma.
Hoy hay una tendencia ecologista en los jóvenes. ¿Cuál es la real conciencia ecológica?
Yo creo que hay que diferenciar un poco lo del ecologismo, ¿no? Porque muchas veces esta idea de ecologismo, a veces son cosas de moda, el veganismo y todo esto, pero yo creo que una de las cosas más difíciles es tener coherencia desde lo que vistes hasta lo que usas y hasta lo que haces.
Entonces, a veces ahí está, digamos, como que doble moral. Por un lado, ese amor excesivo; quiero poner un ejemplo de las mascotas, pero estoy de acuerdo con el aborto. Eso es lo más incoherente que hay.
Por eso es importante la ciencia, porque la ciencia te da herramientas para resolver los problemas y por eso no es contradictoria la ciencia y la fe. Pero yo creo que es aquí donde esta generación busca a Dios desesperadamente, pero aún no tiene ese nivel de conciencia de que Dios es padre, que nunca va a permitir que se destruya el mundo que Él ha creado por amor a nosotros, y que nosotros mismos nos destruyamos.
Mensaje final
No importa lo que hayas hecho, no importa lo malo que hayas podido hacer, no importa, porque sabes que cuando tienes la gracia de repetirte, cuando tienes la gracia de ver la belleza del alma que Dios te ha dado, solamente quien lo ha vivido puede saber y decir, efectivamente, tuve una conversión, tuve esta transformación, como la mariposa de un gusano que da miedo a un hermoso ser, que parece un ángel con alas de colores y que huele en silencio, eso quizás es lo que más me gusta en las mariposas, que su presencia es silenciosa, pero que te dice tanto con un movimiento suave, te dice tanto con un color que ella nunca podrá ver, y que quizás eso es lo que tenemos que aprender de las criaturas, de que como nunca ven su belleza, sino que la dan a los demás, y eso es lo que nosotros tenemos que descubrir, esta belleza de la presencia de Dios que todos llevamos dentro y que tenemos que mostrarla a los demás.
Pot Arcadio Arosemena Robles









