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Pensando en un mundo mejor… con Fe. Es posible enfrentar cada día recordando que estar vivos es un regalo de Dios que nos impulsa a ser mejores.

Hoy quiero hablar de esa realidad trascendente que es la fe. Me parece importante aclarar que, como no soy teóloga, ni filosofa, no usaré palabras difíciles como “suprarracional” o “metafísico” en este artículo, ya que el abordaje que haré será exclusivamente a partir de la experiencia.

Empezaré compartiendo estas dos frases que me vinieron a la mente hace algún tiempo y que acompañan mi vida hasta hoy.

“Señor háblame forma ordinaria, extraordinariamente”.

“Cuando no me es posible comprender por favor permíteme acoger”.

Estas frases, que aparecieron en momentos distintos, fueron respuestas a una búsqueda de entendimiento, que me permitieron abrirme a la acción de la gracia y a la posibilidad de creer que los milagros existen.

Cuando menciono milagros, estoy refiriéndome a todo tipo, desde los más cotidianos y comunes hasta los más extraordinarios y sorprendentes.

Una crisis matrimonial, un cáncer, una enfermedad psiquiátrica, el desempleo, un vicio, etc., pueden ser ocasiones de presenciar milagros o de experimentarlos de una forma más cercana de lo que imaginamos.

“Por tu fe tu familia se salvará”, … fue la frase que dijo una vez un sacerdote en una misa carismática a la que fui llevándome, inicialmente, a interpretarla de forma equivocada al pensar que la tan deseada salvación familiar se realizaría mágicamente.

Lo que el padre dijo era cierto, solo que con el tiempo aprendí que esa salvación llegaría, pero acompañada de experiencias muchas veces dolorosas que serían las que darían ocasión para que esa salvación se realice…

 

FE 2

 

El miedo y la fe

El miedo al sufrimiento es natural en todo ser humano, pero pensar que no vamos a sufrir es una ilusión. Todos los casos que mencioné arriba son ocasiones para que pequeños milagros sucedan. Sí son experiencias de sufrimiento, pero podemos quedarnos atrapados por la desesperación o podemos permitir que a través de ellos la Gloria de Dios se manifieste.

En la actualidad conozco muchas personas de Fe que se han quedado atrapados en una racionalidad que no les permite abrirse a lo extraordinario y debo confesar que yo también era así.

Recuerdo que, dentro de esa excesiva racionalidad de mi Fe menospreciaba, los sentimientos, como una manifestación de la acción de Dios.

Fue con el tiempo que comprendí que el misterio de Dios no se puede abarcar en su totalidad solo por la mente y que su pedagogía de amor tiene que ser básicamente acogida.

Santa Teresa de Ávila* nos dice que, cuando Dios nos habla, una de las principales características es que la experiencia permanece en la memoria y viene acompañada de paz en el corazón. Lo que no es de Dios inquieta y muchas veces se olvida… Este es un buen termómetro para el discernimiento.

 

FE 1

 

Cuidado con las desunión

Otra característica de lo que no viene de Dios es la desunión. La separación entre hermanos, familias, esposos, amigos, hermanos de fe y hasta sociedades tan común hoy en día son características del pensamiento posmoderno donde el individuo está por encima de lo colectivo.

Pensando en este colectivo sugiero que dejemos que nuestra fe se deslumbre también por la experiencia de otras personas.

La madre que reza por la conversión de su hijo, el amigo que nos ayuda en la hora de necesidad, el esposo que todos los días lleva a la esposa desequilibrada a misa esperando que eso la mejore, la amiga con cáncer que reza diariamente el rosario con una fe inquebrantable que cuestiona a todos los que estamos a su alrededor y que en situaciones menos duras desistimos ante la primera frustración…

Sí, fe de personas comunes a las que no debemos colocar en un pedestal porque tienen luchas iguales a las nuestras… y aunque podemos aprender mucho con ellas, también debemos amarlas y acogerlas porque son seres humanos comunes, aun siendo, seres humanos de fe.

La base de nuestra fe

Solo que ¿cuál debe ser la base de nuestra fe para poder vivir estas experiencias extraordinarias? ¿Debemos sustentarlas en qué, o mejor dicho en quién?

En Dios. Una fe sin Dios no existe, no pasa de una ilusión.

Hablar de Fe sin amar locamente a Dios puede resultar tan vacío como hablar de la esperanza de la muerte sin estar enamorado de la vida eterna… (*) Libro «Las moradas» de Santa Teresa de Avila.

 

FE 3

 

Escrito por: Martha Palma Melena, nació en Lima – Perú (1971) donde se graduó en Arquitectura. Casada con Luis, se mudaron a São Paulo con su hijo mayor de solamente 1 año de edad. En esta etapa de su vida, entre las responsabilidades de la casa y las aulas de catequesis, se dedicó a observar la realidad que la rodea. Gracias a esta observación logra en estos artículos rescatar sus raíces e historia familiar, sirviéndoles de inspiración para colocar el verdadero valor del ser humano desde una mirada femenina. Diplomada en Especialización en Familia de la UCSP en Arequipa – Perú.

 

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