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Abril llega con la emoción del regreso a clases y, con él, la lista de compras: útiles, mochilas, uniformes. Pero, ¿qué hay de los preparativos emocionales y cognitivos que nuestros hijos necesitan para tener un año escolar verdaderamente exitoso?

Un año escolar exitoso no debería medirse solo en calificaciones, sino en la capacidad de nuestros hijos para desarrollar autonomía, responsabilidad y una actitud positiva hacia el aprendizaje. Más que perseguir la mejor nota, es clave fortalecer las habilidades que los ayudarán a enfrentar los retos académicos y de la vida con confianza.

Las funciones ejecutivas: el verdadero kit escolar

Desde la neurociencia, se sabe que el éxito en el aprendizaje no depende únicamente de la inteligencia o la memoria, sino del desarrollo de las funciones ejecutivas. Estas son habilidades esenciales que les permitirán organizarse, regular sus emociones y adaptarse a los cambios.

Como padres, jugamos un papel clave en este proceso, pues estas habilidades no se desarrollan solas. Se fortalecen con la práctica, el modelado y la guía de los adultos significativos en la vida de los niños.

Veamos cómo cada una de estas funciones ejecutivas impacta en la vida escolar:

  • Autorregulación: Saber que hay un horario escolar y cumplirlo, incluso cuando preferirían jugar videojuegos o usar el celular. También implica manejar la frustración y mantener la calma en momentos de tensión.
  • Organización: Preparar la mochila con anticipación, dejar listo el uniforme la noche anterior y saber dónde están los útiles escolares.
  • Planificación: Asignar un horario y un espacio adecuado para hacer los deberes, evitando dejar todo para último momento.
  • Flexibilidad cognitiva: Adaptarse a imprevistos, como reorganizar el horario si surge un cambio o rehacer un trabajo si la profesora solicita mejoras.
  • Pensamiento abstracto: Comprender textos, relacionar ideas nuevas y aplicar el conocimiento en distintos contextos.

Preparándonos como familia

El hogar es el primer espacio donde estas habilidades se practican y fortalecen. Como adultos, nuestro ejemplo es clave. Y si sentimos que alguna de estas habilidades no está bien desarrollada en nosotros mismos, ¡siempre estamos a tiempo de mejorar! La buena noticia es que con voluntad y práctica, podemos potenciar tanto nuestra calidad de vida como la de nuestros hijos.

Aquí algunas acciones concretas para empezar:

  • Cuidemos el sueño: Durante las vacaciones, los horarios suelen desordenarse. Es momento de restablecer rutinas de sueño saludables, asegurándonos de que duerman al menos ocho horas diarias. El uso excesivo del celular antes de dormir puede afectar la calidad del descanso, así que establecer límites será clave.
  • Retomemos horarios familiares: Planifiquemos juntos el día a día: ¿a qué hora nos levantaremos?, ¿cómo organizaremos el tiempo de estudio y descanso? Podemos incluir actividades tranquilas, como lectura o dibujo, para ayudar a los niños a acostumbrarse nuevamente a la concentración y la disciplina.
  • Conversemos y leamos juntos: Leer en familia y conversar sobre lo leído fortalece el pensamiento abstracto y crea momentos de vínculos imborrables. Puede ser un cuento antes de dormir.  A muchos niños les encantan los deportes, leer noticias deportivas puede ser un gran motivo de disfrute conjunto.  Lo importante es compartir y estimular la curiosidad.

Más allá de los útiles y los uniformes, el inicio de clases es una oportunidad para fortalecer habilidades que serán valiosas toda la vida. ¿Listos para un regreso a clases con herramientas para el éxito?

Marcela Frugone J., PhD

Docente de la Universidad Casa Grande

mfrugone@casagrande.edu.ec

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