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¿Qué tal sería si el propósito de inicio de año sería educar a nuestros hijos con el mejor ejemplo posible? ¡Lee y comparte!

Se acaba de estrenar “Rey Richard”, película producida y protagonizada por Will Smith, que retrata la historia del padre de las hermanas tenistas Venus y Serena Williams. Familia del famoso ghetto californiano Compton en que se crían cinco hermanas bajo reglas de vida muy claras y, particularmente, dos jóvenes talentosas con un plan que su padre ha delineado hasta el mínimo detalle.

Con un aire que evoca a “En busca de la felicidad” (2006), el filme es al mismo tiempo una inspiración sobre el esfuerzo y sacrificio necesarios para salir adelante, bien como una moraleja sobre cómo los padres de hoy (no) estamos formando a nuestros hijos.

‘La formación viene de casa’ es un lema que se escucha a menudo para distinguir la educación formal que se recibe en el sistema educativo, principalmente para enseñar letras y ciencia, de la formación en valores que se recibe en el seno del hogar.

Los males de la sociedad: violencia, corrupción, delincuencia, drogas y otros vicios tienen su raíz en la falta de moral. No es mediante leyes que vamos a corregir los comportamientos, si bien esas leyes puedan ser necesarias; es en el hábito de elegir y obrar el bien honesto que se alcanza la virtud.

El mejor ejemplo para nuestros hijos

Pero la mejor manera para que nuestros hijos aprendan ese hábito es verlo en nuestro ejemplo coherente con lo que les enseñamos. La pregunta, empero, es ¿se lo estamos enseñando realmente? Contrario a lo que podríamos pensar, los estudios coinciden en que los padres dedicamos hoy más tiempo a los hijos que generaciones anteriores, a pesar de las nuevas dinámicas familiares y que ambos padres trabajen. Tiempo -entonces- no falta.

Imposible no contrastar la experiencia propia con esta historia de un padre que aprovecha cada minuto con sus hijas para hablarles sobre el futuro, la vida y principios; que, aunque trabaja toda la noche como guardia de seguridad y dedica sus mañanas a buscarles oportunidades a sus hijas atletas, mientras que en las tardes las entrena con pasión y disciplina, vive hablándoles sobre humildad y respeto, enseñándoles que no hay nada gratis en la vida y la importancia de no irse a dormir sin haber escrito en su diario lo que planean hacer el día siguiente, pues “Cuando fallas en planificar, planificas fallar”.

Si tiempo no es lo que falta para formar a nuestros hijos, ¿cómo invertimos ese tiempo con ellos? ¿pantallas, juegos, diversión, viajes, ocio? Todo ello, sin duda, necesario; resta preguntarse si tenemos algo parecido a un plan para compartir o discutir con ellos, un plan diario de conversaciones sobre las cosas que realmente importan y un ejemplo cotidiano de cómo vivir esos principios y valores.

Si quieren un propósito de inicio de año, les propongo este: una lista de cinco temas esenciales para conversar con sus hijos y un calendario claro sobre cuándo y dónde tener esas charlas que podrían cambiarles la vida.

 

 

Escrito por: Pablo Moysam D. Twitter: 
@pmoysam

 

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