Entrevistamos a la psicóloga María Sol Torres Cañizares, master en gerontología, sobre la brecha digital que separa generaciones y como debe la familia involucrarse.
Aquí unos extractos de la entrevista, para verla completa ingresen a nuestro canal de youtube.
Creo que la familia cumple un papel fundamental. Muchas veces son los familiares quienes realizan las transferencias, descargan las actualizaciones del celular o ayudan con las notificaciones. Cuando a una persona mayor deja de funcionarle algo, suele acudir a alguien cercano y decir: “Hijita, ayúdame con esto”. Entonces, la familia interviene, pero los celulares cambian constantemente y sus diseños no siempre son inclusivos para las personas mayores. No resultan intuitivos ni fáciles de entender: ahora casi todo funciona con gestos táctiles, y un simple toque en un lado de la pantalla puede significar avanzar o retroceder.
Estos cambios hacen que la tecnología no sea inclusiva para ellos, y ahí la familia se vuelve clave. Lo que realmente amplía la brecha digital no es la tecnología en sí, sino el hecho de excluir a las personas mayores del proceso de aprendizaje. Esto ocurre por distintos motivos, pero justamente por ser quienes están más cerca y de quienes los mayores dependen parcialmente, los familiares deberían tener en cuenta la importancia de acompañarlos.
Es cierto que, por falta de tiempo o por querer resolver algo rápidamente, muchas veces preferimos hacerlo nosotros mismos. Pero es fundamental que la familia se tome un momento para enseñarles con paciencia y en un lenguaje que ellos comprendan, adaptado a su edad y ritmo. La tecnología avanza muy rápido; incluso yo, que no soy mayor, siento que a veces me quedo atrás cuando veo cómo los adolescentes se mueven con tanta facilidad.
Por eso, imaginemos lo difícil que debe ser para quienes crecieron en otro contexto. Incluirlos, integrarlos y tenerles paciencia no solo facilita su aprendizaje, sino que también fortalece los lazos familiares. Es un compromiso de todos ayudarles a adaptarse y a sentirse parte de este mundo digital.
Estar conectados no significa estar realmente vinculados. Al final, sí, estamos conectados a través del celular, pero el vínculo verdadero se fortalece con muchas otras cosas. Creo que las personas de mayores aún conservan ese sentido innato de conexión humana. Sin embargo, los niños y nietos que están creciendo en un entorno completamente digital corren el riesgo de ampliar mucho más esa brecha.
En su caso, todavía existe cierta diferencia generacional —hay temas que no son iguales y cierta dependencia de la tecnología—, pero los más jóvenes, mientras más crecen en ese contexto digital, van perdiendo algunas capacidades y costumbres: el respeto por las pausas, la tolerancia, la paciencia. La inmediatez de la digitalización, aunque parezca algo menor, nos afecta a todos. Tener las respuestas al instante reduce nuestra capacidad de esperar y de comprender los ritmos de los demás.
Las personas mayores, por ejemplo, necesitan tiempo; hacen las cosas con calma. Por eso, cuando los nietos pierden esa sensibilidad, se van alejando, aunque estén físicamente en el mismo lugar. La brecha crece incluso si están sentados en la misma sala.









