Un 2026 como Dios manda.

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¿Deseas un feliz y próspero 2026?, ¿pides que 2026 traiga esto y lo otro…?

Te propongo hacer las cosas de otra manera. Hagamos que 2026 sea un año esperanzador, un año como Dios manda. ¿Cómo?

Empecemos por un «#ParaReflexionar».

El inicio está en querernos mejor, que nada tiene que ver con creernos los mejores, más estupendos o ir a un spa a anestesiarnos con placeres y sensaciones pasajeras. Esto tiene que ver con aceptar las propias miserias, imperfecciones, carencias y complejos para vivir en paz con uno mismo aun cargando con ellas. Al hacerlo con nosotros mismos, nos saldrá natural aceptar a los demás. Si te cuesta aceptar a los demás, ¿qué es lo que te cuesta aceptar de ti…? Esto tiene todo que ver con “amaras al prójimo como a ti mismo”. Cuando estés bien con todas las personas, es porque ya estas bien contigo. De otra manera es imposible.

¿A qué esperas? En vez de decir que los demás cambien como tu crees que deben cambiar, toma la iniciativa y mejora tu aceptación de eso que te incomoda del otro y tanto te cuesta soportar. Deja de señalar y criticar a los demás. Estás proyectando sobre ellos el juicio que tienes de ti mismo y la incomodidad de vivir inconsciente tu imperfección y falta de aceptación propia. Cuando vayas mejorando, verás que los demás mejoran y seguramente te inspiren a seguir mejorando. ¡Cuando todos esperan a que el otro cambie, todos desesperan y nadie cambia! ¿Qué vas a hacer tu?

¿Criticas u opinas con ligereza de alguien? Muérdete la lengua. No juzgues y no serás juzgado. Cambia ese latigazo verbal por un reconocimiento sincero aunque sea pequeño. Si te cuesta el cambio, revisa tu soberbia y la forma de mirar a esas personas. Recuerda que nada que venga de fuera puede contaminarte, sólo lo que sale de ti lo hace. Y pregúntate: ¿qué sale de mi? Y modifica lo que entregas; ganaras en paz interior.

Ya que te parece que la sociedad ha cambiado mucho y ha perdido los valores, revisa cuánto has cambiado tú y qué nuevas maneras de comportarte, que antes rechazabas, ahora las vives en primera persona porque las has normalizado y naturalizado. Quizás se te haya olvidado que eres parte de la sociedad y que contribuyes a ella, tanto para bien como para mal. Ni ellos son tan malos, ni tu tan bueno. ¡Pies a tierra y rectifica! Deja de pensar que no tienes que cambiar en nada y que los demás no ven lo que tu ves. Dime en qué ocupas tu tiempo y te diré que tienes en tu corazón.

Nos quejamos del exceso de ego que flota en el ambiente. ¿Qué pasaría si fueses una persona más llana, más acogedora, mas auténtica, más considerada, si tratases a las personas con más cercanía, respeto y transmitieses dignidad en tu aproximación? Empieza por los de casa, sigue con tus amistades y continua con tus compañeros de trabajo. Discúlpate con más frecuencia, pide perdón cuando sabes que es necesario en vez de resistirte y ríe mucho más. Sí, ríete de ti mismo para empezar y luego bromea con más frecuencia, mucha más.

Cambia la expresión “lo que tienes que hacer es” por  un “cómo puedo ayudarte”. Deja de decir “yo en tu lugar haría…” y propón un “quieres desahogarte conmigo; cuéntame, te escucho”. Así descubrirás un mundo maravilloso de entendimiento que esta al alcance de una simple y humanizada conversación. ¡Pruébalo! 

En vez de soltar aquellas personas que dices que te lastran, impiden avanzar, frenan o someten; prueba a abrir tu corazón y comienza a sostenerles, respaldarles, transmitirles serenidad y confianza… al menos en la misma proporción en que te gusta que lo hagan contigo. ¿O es que eres mas digno que el resto?

En vez de esperar que el año triga paz y amor, despliégalo tú en tu día a día, en todo momento. Da las gracias, pide las cosas por favor, ofrece ayuda y acéptala cuando te la ofrezcan. Se amable y demuestra paciencia con otras personas. No creas que estás libre de pecado, discúlpate, perdona, dale importancia a lo que verdaderamente es importante. Sonríe y consuela igual que te gusta que lo hagan contigo. Conviértete en una persona generosa de lo personal incluso en el ámbito profesional. Recupera el enriquecedor habito de conversar para entender el modo en que los otros ven la vida. Escucha con respeto. Haz bien el bien. 

Así, entre todos, haremos que 2026 sea magnífico… eso sí, acuérdate que depende de ti y de tus comportamientos, siempre sujetos a ética y moral, hablan de ti más alto que tus palabras.

Feliz y esperanzador 2026, un año como Dios manda

Por Borja Milans del Bosch
Foto www.freepik.es
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