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No lo infravalores como una simple fase, pero tampoco reacciones de forma exagerada.

Pregunta de una lectora: Mi hijo adolescente acaba de decirnos que no está seguro de si cree en Dios. Últimamente ha estado retándonos y buscando pruebas de la existencia de Dios. Yo busco ideas para responderle y manejar la situación. No estamos seguros de cómo de preocupados deberíamos estar por esto y nos preguntamos si se trata solamente de una fase bastante normal para intentar discernir sus creencias. ¿Cuál es la mejor manera de responderle?

Respuesta. Es una situación dura, pero más típica de lo que piensan

Muchas veces, cuando nuestros hijos desafían nuestras creencias religiosas, también se convierte en una prueba importante para los padres. Los niños son curiosos y muy perceptivos. Hacen preguntas, preguntas difíciles, sobre cosas en las que nosotros nunca hemos pensado mucho o que hemos dado totalmente por supuestas como hechos sabidos.

Cuando esto sucede, nosotros, como padres, podemos tener dificultades para ofrecerles respuestas adecuadas. Por suerte puede remediarse con facilidad. Recurran a los libros y/o hagan un curso de orientación familiar dirigidos a padres de adolescentes. Ármense de conocimiento para poder responder con seguridad las preguntas que hace su hijo.

Pregúntense a ustedes mismos, si se trata solamente de una fase o si deberían preocuparse mucho. Cuando un hijo empieza a perder o cuestionar su fe, siempre es un tema serio, pero reaccionar de forma exagerada puede hacer salir el tiro por la culata y únicamente alejarle más.

La búsqueda

Las preguntas que hacen los jóvenes y adolescentes son muy típicas de su edad. Yo calificaría su curiosidad de “búsqueda” más que de “desafío” a la fe. Está buscando formas concretas de hacer coincidir las creencias en las que le han criado con lo que él ha visto y experimentado en su propia vida.

Así que yo no lo minusvaloraría como una simple fase, pero tampoco reaccionaría de forma exagerada ni me preocuparía en exceso.

Además de los libros y los nuevos medios, la prueba mejor y más efectiva que podemos ofrecer a nuestros hijos y a cualquiera que dude de la existencia de Dios es ser testigos vivientes de lo que proclamamos creer. Hay que dejar que nuestro propio amor y creencia en Dios y su Iglesia guíen nuestras palabras, acciones y pensamientos. Vivamos una fe plena y rica y demos gracias a Dios por todo, incluso por las dificultades y el dolor, porque son oportunidades para crecer en la fe y la santidad. Es difícil cuestionar a Dios cuando estás en presencia de alguien cuya vida está configurada por Él.

Creo que con mucha oración, un poco de conocimiento y una dosis de compasión, este desafío se convertirá en una auténtica oportunidad para que toda tu familia se acerque más a Cristo.

 

Vía: Aleteia

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