¿Cuál es la disciplina de comulgar en mano o en boca en los siglos?

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En los primeros siglos de la Iglesia, la práctica común para recibir la Sagrada Comunión era que los fieles se ponían de pie y extendían sus manos para recibir la partícula consagrada. San Dionisio de Alejandría, en una carta a un Papa de su tiempo, menciona explícitamente a «uno que se ha puesto de pie junto a la mesa y ha extendido su mano para recibir el Santo Alimento».

Sin embargo, esta práctica comenzó a cambiar. En Roma, la costumbre de colocar la Sagrada Partícula en la boca del comulgante, en lugar de en la mano, data del siglo VI. En la Galia, esta práctica se introdujo en el siglo IX 1. Este cambio se asoció con una mayor insistencia en la reverencia hacia la Eucaristía.

La Iglesia nunca consideró la Comunión bajo ambas especies como un precepto divino. Desde los primeros días de la celebración de la Eucaristía, la Sagrada Comunión consistía en la recepción de ambas especies, cumpliendo el mandato del Señor de «tomar y comer… tomar y beber». La distribución de la Sagrada Comunión a los fieles bajo ambas especies fue la norma durante más de un milenio de práctica litúrgica católica.

En el siglo XIII, se produjo la abolición gradual de la Comunión bajo la especie de vino para los laicos. Santo Tomás de Aquino (f. 1274) menciona que en algunas iglesias se observaba que la sangre no se daba al pueblo, sino que solo la tomaba el sacerdote. El Concilio de Lambeth (1281) dispuso que el vino fuera recibido solo por el sacerdote, y que los fieles recibieran vino no consagrado. No se puede determinar con exactitud cuándo esta nueva costumbre se hizo universal o cuándo, con la aprobación de la Iglesia, adquirió fuerza de ley.

En tiempos más recientes, la Iglesia ha restaurado la práctica de la Comunión bajo ambas especies, cuando es apropiado, como un «signo más pleno del banquete eucarístico».

En cuanto a la forma de recibir la Comunión, aunque la costumbre de colocar la partícula consagrada en la lengua del comulgante se mantuvo durante siglos, las Conferencias Episcopales pueden decretar que la Comunión también se dé en la mano de los fieles, siempre que no haya peligro de irreverencia o de que surjan falsas opiniones sobre la Eucaristía. Esta práctica ha sido introducida en algunos países y ha recibido la aprobación de la Sede Apostólica.

No obstante, se ha informado de casos de falta de respeto hacia las especies eucarísticas, lo cual es imputable no solo a los individuos culpables, sino también a los pastores que no han sido suficientemente vigilantes. Es importante que, si un comulgante desea recibir el Sacramento en la mano, se tenga especial cuidado de que la hostia sea consumida en presencia del ministro, para que nadie se vaya llevando las especies eucarísticas en la mano. Si existe riesgo de profanación, la Sagrada Comunión no debe darse en la mano a los fieles.

En los Estados Unidos, la norma para la recepción de la Sagrada Comunión es de pie. Los comulgantes no deben ser privados de la Sagrada Comunión por arrodillarse; en tales casos, se debe abordar pastoralmente, proporcionando a los fieles una catequesis adecuada sobre las razones de esta norma. Al recibir la Sagrada Comunión, el comulgante inclina la cabeza ante el Sacramento como un gesto de reverencia y recibe el Cuerpo del Señor del ministro. La hostia consagrada puede recibirse en la lengua o en la mano, a discreción de cada comulgante.

Por Padre Juan Carlos Vásconez

COMENTARIO

Monseñor Alfredo Espinoza, explica que se puede comulgar de pie o de rodillas, en la boca o en la mano. Es el fiel quien decide la forma como quiere comulgar, no el sacerdote o ministro. Yo no veo ningún problema en comulgar en la mano. Hay personas muy escrupulosas que llegan hasta afirmar que es un sacrilegio el comulgar en la mano, que no pueden tocar el Cuerpo de Cristo. Pensemos cuánto ofendemos al Señor con nuestra lengua, cuantos chismes, murmuraciones, calumnias y mentiras. No es la boca o la mano, es nuestra disposición interior lo fundamental.

FOTO WWW.FREEPIK.ES
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