En el corazón de la experiencia humana late una pregunta persistente, una que da forma a nuestras decisiones, define nuestras crisis y alimenta nuestras noches en vela: ¿cuál es mi propósito?
Esta búsqueda a menudo se enmarca como una carrera hacia un hallazgo único y glorioso, un momento «eureka» en el que todo cobrará sentido para siempre. Pero, ¿y si esta concepción fuera el primer obstáculo en nuestro camino? Desde la intersección de la psicología y el coaching, surge una perspectiva más matizada y, en última instancia, más liberadora: el propósito no es un destino fijo que se encuentra, sino una dirección que se elige y se reafirma constantemente. No es un punto en el mapa, sino la brújula que nos guía a través del territorio siempre cambiante de la vida.
La perspectiva psicológica: El propósito como construcción en evolución
La psicología, particularmente escuelas como la logoterapia de Viktor Frankl, nos enseña que el propósito es una construcción dinámica, intrínsecamente ligada a nuestra identidad y a nuestra etapa vital.
Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración, argumentó que el sentido no es algo que inventamos, sino que descubrimos en la realidad. Sin embargo, este descubrimiento no es un evento único. Frankl proponía que la vida nos interpela constantemente, y nuestra tarea es responder encontrando significado en cada situación, incluso en el sufrimiento. Por lo tanto, el propósito no es un tesoro enterrado, sino la respuesta activa a las circunstancias de la vida. No preguntamos «¿qué espera la vida de mí?», sino «¿qué espera la vida de mí en este momento preciso?».
El propósito como pilar de la salud mental: La ausencia de un sentido de propósito (lo que se denomina «vacío existencial») está fuertemente vinculada a la depresión, la ansiedad y la apatía. La búsqueda activa de significado es, por tanto, un impulso saludable y adaptativo. El rol de la psicología es ayudar a las personas a explorar sus valores, sanar las heridas que bloquean su camino y tejer una narrativa de vida coherente y personalmente significativa.
La perspectiva del coaching: El propósito como brújula y motor
Mientras que la psicología puede profundizar en el «porqué», el coaching se centra en el «cómo» y el «hacia dónde». Aquí, el propósito se convierte en una herramienta pragmática para la acción.
1. La brújula, no la meta: Un coach eficaz entiende que el propósito no es una línea de meta, sino la brújula que guía cada decisión. La sensación de «estar siempre buscando» a menudo surge cuando miramos fijamente al horizonte, ignorando la dirección en la que nuestros pies están caminando hoy. La pregunta clave cambia de «¿Cuál es mi propósito?» a «¿Está esta acción alineada con mi propósito?».
2. De los valores a la acción: El coaching trabaja para clarificar los valores centrales del individuo (como contribución, libertad, crecimiento o conexión). El propósito emerge de manera natural cuando vivimos en coherencia con estos valores. La frustración y la búsqueda perpetua a menudo ocurren cuando perseguimos metas impuestas por la sociedad o por otros que chocan con nuestros valores fundamentales. Podemos lograr el «éxito» y sentir un vacío profundo porque ese éxito no era nuestro.
3. Cultivar el propósito mediante la experiencia: Un coach desafía a pasar de la reflexión a la acción. La pregunta poderosa es: «¿Qué puedes hacer esta semana, por pequeño que sea, que te haga sentir un 1% más alineado con tu propósito?». Al actuar, recibimos feedback del mundo y de nosotros mismos. Descubrimos lo que nos energiza y lo que nos agota, lo que nos importa y lo que no. El propósito no solo se contempla; se cultiva, se refina y se descubre a través de la experiencia directa.
La danza entre el hallazgo y la búsqueda
Entonces, ¿ el propósito se encuentra o se busca para siempre? La respuesta es ambas cosas, en una danza continua.
Imagina que estás navegando un velero en el océano de la vida.
Encontrar el propósito es como fijar la Estrella Polar. Es ese faro de luz constante que representa tus valores más profundos y tu porqué. Es la dirección general que te dice: «Mi vida trata sobre contribuir», «sobre crear», «sobre conectar» o «sobre aprender». Esta estrella puede permanecer notablemente estable a lo largo de tu vida.
Buscar el propósito permanentemente es el acto de navegar. Es el trabajo diario. Son las decisiones prácticas: ajustar las velas al viento de las oportunidades, correr el timón para esquivar las tormentas laborales o personales, y recalar en puertos que representan metas específicas (un proyecto, una familia, un viaje). A veces, las nubes de la duda o la crisis te ocultan la estrella, y tu tarea es confiar en tu brújula interior y reorientarte. El puerto de destino puede cambiar (lo que querías a los 25 no es lo mismo que a los 50) pero tu Estrella Polar te mantiene en un rumbo significativo.
La búsqueda no es un signo de que estés perdido. Es un signo de que estás navegando. La frustración surge cuando confundimos la brújula con el destino, o cuando dejamos de navegar por miedo a no estar yendo al puerto
Es hora de liberarnos de la persecución de encontrar el propósito. Esta presión nos paraliza y nos hace subestimar los pequeños actos de significado que componen nuestra vida diaria.
En su lugar, podemos:
1. Cambiar la pregunta: En lugar de «¿Cuál es mi propósito?», pregúntate: «¿Qué me da sentido hoy?» o «¿Cómo puedo vivir mis valores en esta situación?».
2. Actuar para descubrir: No esperes a tenerlo todo claro. Actúa. Involúcrate en proyectos, ayuda a otros, aprende una nueva habilidad. El propósito se revela a menudo en la acción, no en la contemplación pasiva.
3. Permitir la evolución: Honra tus propósitos pasados. Agradéceles por la dirección que te dieron y permite que tu sentido actual evolucione con la persona en la que te estás convirtiendo.
4. Reconocer que la búsqueda es el punto: La sensación de estar buscando, de cuestionar, de crecer, no es el preludio de una vida con propósito. Es la esencia misma de una vida con propósito.
El propósito no es un lugar al que llegar, sino el camino. No se trata de encontrar el mapa final, sino de disfrutar del viaje de dibujarlo mientras exploras. Al final, el viaje en sí mismo (con todas sus vueltas, sus descubrimientos y su búsqueda constante) es el verdadero propósito.
Por Susana Calero/https://www.linkedin.com/in/susana-calero-chiriboga/
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