LA EMPATÍA Su importancia y los alcances para el futuro de la humanidad

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Comencemos por aclarar qué es la empatía, un término que quizá muchos han escuchado, pero no todos comprenden a fondo ni dimensionan su importancia para la misma supervivencia humana.

La empatía es un sentimiento que crece poco a poco, es decir que debe madurar. Significa tener consideración por los demás, identificarse con otra persona para compartir y comprender sus emociones y sentimientos, siempre desde el respeto. Es una capacidad que se educa, se desarrolla y se fortalece con el ejemplo desde la infancia.

Cuando hablamos de empatía, hablamos de encontrar un equilibrio entre el “yo” y el “nosotros”. La naturaleza nos ha equipado con un mecanismo especial en el cerebro: las neuronas espejo, base del llamado “cerebro relacional”. Estas neuronas se activan cuando observamos la conducta de otra persona y los resultados de esa acción. Por ejemplo: un niño ve que todos en casa usan cuchara para comer. Comprende que es útil para servir o comer alimentos líquidos o semilíquidos y la usa de igual manera. Pero si la mamá solo sostiene la cuchara sin usarla, el niño no entenderá su propósito y no imitará la acción.

Desde pequeños aprendemos imitando gracias a las neuronas espejo, sin embargo, esto tiene dos caras: así como podemos imitar acciones buenas, también podemos reproducir acciones negativas sin darnos cuenta, porque antes de los siete años los niños no distinguen del todo entre lo bueno y lo malo.

En la vida adulta, las neuronas espejo siguen activas, aunque muchos gestos ya se han automatizado. ¿Nunca te ha pasado que ves a alguien bostezar y enseguida te da ganas de hacerlo? No es que tengas sueño: es tu cerebro respondiendo de manera automática. Pero las relaciones humanas no se reducen a copiar comportamientos, sino que implican también interactuar con otros sin perder la identidad personal. Por eso, muchos adolescentes, con el deseo natural de ser aceptados, terminan haciendo lo que el grupo les pide sin reflexionar sobre las consecuencias.

Aquí la familia y la escuela juegan un papel clave: fortalecer la autoestima, la identidad y el conocimiento de uno mismo. Será necesario ayudarles a comprender que la amistad no es solo “pasarla bien”, sino que debe aportar algo positivo a su desarrollo como personas. Y eso empieza con el ejemplo de los adultos.

Lamentablemente, hoy la familia atraviesa una crisis de valores y de unidad. Incluso el concepto mismo de “familia” ha cambiado: junto a la estructura tradicional (papá, mamá e hijos) conviven múltiples formas de convivencia. El problema es que no siempre hay buenos ejemplos que seguir. Mire a donde se mire, el mal ejemplo abunda.

Pero no podemos rendirnos. Debemos luchar para hacer realidad aquello de que los buenos somos más, enseñando a las nuevas generaciones que, aunque el mundo no sea perfecto, hay que afrontarlo con lucidez. No es fácil convivir: los conflictos existirán siempre porque cada persona piensa distinto. Sin embargo, hay algo que nos une: todos somos seres humanos, y por el simple hecho de serlo, nos debemos respeto y consideración, sin importar el origen, el color de la piel, la cultura o la religión.

La empatía nos acerca, nos humaniza y nos recuerda que somos hijos de un mismo Dios y partícipes de un mismo destino. Sin empatía, el ser humano se volverá lobo para otros seres humanos, y pondrá en riesgo el futuro de la humanidad.

Por eso, no debemos descansar en esta tarea y luchar para que las familias y las instituciones encargadas de la educación y la formación de las nuevas generaciones encuentren espacios, metodologías y actividades que permitan a los jóvenes experimentar la empatía en la práctica. Que aprendan a ponerse en el lugar del otro, a entender puntos de vista distintos, a reparar el daño causado, a pedir perdón y a decir “lo siento” con sinceridad. Así reviviremos esa bondad que forma parte de nuestra naturaleza y que el “Maestro de Maestros” nos recordó con el mandamiento más grande:

“Amar a Dios sobre todas las cosas

y al prójimo como a uno mismo”.

Por Mgs. Teodoro Cárdenas N

Educador – Psicopedagogo – Psicoterapeuta

Foto www.freepik.es
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