No evites estos temas, búscalos

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Se acerca una época del año en que nos reunimos con amigos del colegio, del trabajo o de la universidad y, por supuesto con familiares que no necesariamente vemos durante el resto del año. Y son estas las ocasiones en que surgen temas como política, religión o deporte que supuestamente no se deben tratar en reuniones.  Justamente el otro día en un almuerzo familiar cometí el “desatino” de preguntarle a mi hija mayor sobre la consulta popular y cómo pensaba votar. Era una pregunta inocente que solamente buscaba hacer conversación y, por supuesto, saber qué pensaba ella al respecto. Su respuesta inmediata (y su cara de incomodidad) fue, ¿por qué tenemos que hablar de política? Como si en efecto fuese un tema que no se debe tocar en público.

La premisa es que, si hablamos de política, religión o deporte con personas que piensan diferente a nosotros, estaríamos invitando a una discusión acalorada y que quizás podría atentar contra el ambiente de armonía en la reunión. Por eso planteo esta interrogante cuando estamos a días de tener nuestra agenda llena de reuniones con personas cercanas y no tan cercanas, personas que ciertamente apreciamos, pero que quizás no vemos frecuentemente y, por lo tanto, no estamos al tanto de su posición en cuanto a estos temas álgidos; o inclusive podríamos estar tratando con familiares o amigos que conocemos muy bien de toda la vida y que justamente sabemos que no coincidimos en estos tópicos.

Lo que me hace pensar en la a trágica muerte del activista Charlie Kirk, brutalmente asesinado el 10 de septiembre de este año, en una universidad del Estado de Utah en Estados Unidos. Kirk era un brillante joven de 31 años que se había forjado una carrera y un nombre en las más altas esferas, gracias al estudio autodidacta, el pensamiento crítico y una fe admirable. Desde los 18 años trazó el rumbo de su carrera profesional sin seguir la ruta tradicional de obtener un título universitario. A esa edad fundó una organización sin fines de lucro, Turning Point, enfocada en crear conciencia política en los campus universitarios y que a la fecha suma capítulos en 900 universidades del país, pero que -a raíz de su asesinato- ha recibido 17 mil solicitudes de nuevos capítulos en EE. UU. y todo el mundo. Turning Point ha recaudado más de medio billón de dólares en 12 años y solamente en la última elección presidencial reclutó a 350,000 nuevos pequeños donantes para el Partido Republicano. Trump y su círculo cercano lo tenían en speed dial.

Charlie Kirk muere haciendo precisamente lo que más le gustaba hacer: escuchar y dialogar. Su famoso evento PRUÉBAME QUE ESTOY EQUIVOCADO convocaba a miles de estudiantes que quisieran debatir libremente con él en público, en vivo, sin guion. Kirk sentado en una silla bajo una carpa y su interpelante con un micrófono abierto para decir y preguntar lo que quisiera sobre cualquier tema.  Mientras lo acusaban de fascista o de representar a la supremacía blanca, de ser misógino o transfóbico, muchos ni siquiera conseguían explicar el significado de esos términos. En contraste, él con gran articulación, datos y argumentos sólidos, respondía con calma y respeto. Cuando le preguntaban por qué hacía ese tipo de eventos, su respuesta era siempre la misma: porque cuando las personas dejan de hablar es más probable que sus diferencias se tornen violentas. Él abogaba por el diálogo como el mejor camino para la unión y la armonía en una sociedad que está cada vez más polarizada. Solía decir que cuando dejamos de escuchar a quien piensa diferente tendemos a verlo como el enemigo a quien debemos vencer.

De ahí el viejo adagio “de religión, política o deporte no se habla en reuniones”. Yo insisto preguntando si no podemos hablar de nuestras creencias y preferencias, de lo que pensamos es mejor para el país, con las personas que estimamos, ¿con quién podemos hacerlo? Y si mis amigos más cercanos piensan tan diferente a mí en temas tan trascendentales como la fe y la moral, ¿cómo es que sigo siendo amigo de ellos? El otro día conversaba como un grupo de jóvenes sobre religión y amistades; varios admitían que es muy difícil hablar sobre su fe en ciertos grupos donde Dios es irrelevante o donde la religión Católica resulta ofensiva para sus estilos de vida. También, por supuesto, hay aquellos que evitan tocar temas que -aunque dicen ser importantes- no los conocen en profundidad. Cuando le pregunté a mi hija por qué iba a votar, como decía que iba a hacerlo, no tuvo una razón clara para ninguno de los 4 temas. Y muchas veces nos pasa lo mismo cuando nos cuestionan sobre temas de fe y moral. Los católicos sabemos bien el “qué” de nuestra religión, pero rara vez el “por qué”.

No tengamos miedo de hablar de los temas que pueden traer discordia. Busquémoslos para tender puentes y encontrar terreno común o al menos para ejercitar la escucha y conocer mejor a las personas que queremos. Evitarlos no nos ha funcionado y Charlie Kirk tenía razón en promover el diálogo. Otras frases suyas para reflexionar:

“Como te sientes es completamente irrelevante, tus actos son mucho más importantes.”

“La libertad no tiene significado sin responsabilidad personal.”

“Las personas maduras le dicen no a lo que se siente bien y persiguen lo que es realmente bueno.”

Pablo Moysam D.

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Foto www.freepik.es
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