Esta destacada escritora guayaquileña nos habla de cuáles son las claves de un matrimonio feliz, de cómo formó a sus 8 hijos, de su viudez y de la manera en que vive con optimismo esta etapa de la tercera edad.
Por María Gabriela Gálvez Vera
Fotos: Arcadio Arosemena
Entrevistar a Margarita Barriga de Baquerizo es una grata aventura. Como escritora infantil y juvenil ha logrado el éxito, es experta en animación a la lectura y al teatro con títeres y dirigió una librería, pero su papel principal en la vida fue el haber sido esposa de Armando Baquerizo Carbo durante 59 años, madre de 8 hijos, abuela de 20 nietos y bisabuela de 20 bisnietos.
¿Cuál diría que ha sido su mayor desafío como madre de 8 hijos?
Ha sido sacarlos adelante, en honestidad, en sencillez. Para eso tuve el apoyo de Armando, quien también se involucró en criar a nuestra familia.
Cuéntenos cómo era esa vida familiar.
¡Uy! Cuando los 7 estaban juntos (después de 10 años vino la octava) hacían las tareas en el comedor y uno molestaba a otro y se lanzaba a pegarle y tiraban las sillas para que nos los alcance. Yo me sentía, en esos momentos, un poco tensa, pero a mí el pediatra me dio un consejo muy sano: “Margarita, cuando tus hijos estén en esos alborotos, anda al cuarto y enciérrate”. Y así lo hice, pero los golpes en la puerta zumbaban. También salía a caminar por el barrio, a llorar, porque a veces me sentía impotente. Ya me tranquilizaba cuando llegaba Armando, él ponía orden porque yo ya estaba desbaratada. Durante la educación de mis hijos nunca faltó el pellizcón, la chancleta… porque esa es la forma en que hay que educarlos y de hacer que entren en un camino, porque hay normas y hay reglas.
Margarita, mirando hacia atrás, ¿qué valores y enseñanzas cree que usted y su esposo lograron inculcarles a sus hijos?
Les enseñamos respeto y austeridad. Nosotros no teníamos plata para estar comprando cosas de moda. Por ejemplo, a nuestros hijos les comprábamos un par de zapatos de caucho al año, que a veces era el regalo de Navidad, un blue jean y por allí otras cosas. Yo adaptaba mis vestidos para hacerle a mis hijas su ropa. Una vez tenía un vestido rosado y le hice un mameluco a mi séptimo hijo…en esa época, el rosado era “medio alejado de la realidad» (y ríe). Han conservado la honestidad, la seriedad, la solidaridad, ellos son unidos, puede haber momentos en que no están de acuerdo, pero son felices. ¿Y qué he hecho yo para conservar esa unión? Me hago la loca. Este año, cuando cumplí los 60 más 25, invité a mis hijos con sus parejas a Cuenca. Por supuesto que me agarré de mucha rebusca y los invité. Y claro, allí vino que cada uno invitaba a sus hijos y entonces fue la gran fiesta de mi pueblo en Cuenca, cantamos, bailamos y nos dimos la gran vida.
Y ese pueblo, ¿de cuánta gente está integrado?
No lo he sumado, pero creo que ya va por 48, solo de Armando y Margarita.

Usted fue profesora de títeres, dirigía una librería junto a su esposo y se hizo muy famosa como escritora ¿Cómo combinaba el tiempo?
Sí fue difícil, porque a veces tenía que dejar a mis hijos para ir a entretener a otros niños en una fiesta infantil, porque nos contrataban como titiriteras, a mi compañera y a mí. Eso me dio la oportunidad de que vieran cómo trabajábamos con títeres y que la Universidad Católica me invitara a dar una materia que se llamaba Títeres y Educación, lo que hice por 15 años y, gracias a eso pude ayudar a Armando. A veces me arrepentía de no haber estado en alguna situación, pero así quiso Dios que fuera. Armando me dijo que quería tener su propio negocio y me contó que estaba a la venta la librería Vida Nueva, pero que no podía dejar su trabajo porque con eso manteníamos a la familia. “Yo la podría comprar si me dan crédito y si hubiera alguien que se hiciera cargo de la librería”, me dijo. Las misioneras dueñas de la librería nos prefirieron a nosotros y nos dieron crédito. Y, en una noche romántica, él me volvió a decir que quería que alguien de confianza se hiciera cargo de la librería. Yo levanté el dedo, tontamente, y ese dedo no lo pude bajar por 35 años.
¿Cómo se logra mantener un matrimonio feliz durante 59 años?
En todo matrimonio hay que irse acoplando. Hay momentos fáciles y momentos difíciles, hay momentos en que los que uno no quiere y el otro, tampoco. Eso va creando un silencio, pero ese silencio no podía durar más de un día, entonces cuando estábamos así, yo sentía que el pie de Armando me tocaba mi pie o lo contrario, eso era símbolo de que ya queríamos una comunicación, no mantener ese silencio de resentimiento. También éramos muy dedicados al Señor y, por varias ocasiones hicimos retiros de los ignacianos en silencio.
¿Qué le dejó esa vida junto a su esposo?
Que lo amaba y lo sigo amando. Yo creo que él está aquí, anoche soñé con él. Le hice un poema que empieza así: “Anoche soñaba que tú ya venías…”. Estoy segura de que él está presente conmigo, con mi familia… estoy segura de que está cerca de Dios. Su enfermedad, la famosa ELA, fue tremenda y ya cuando casi no podía moverse me pide un papel y garabateando me pone “calvario”. Y él vivió un calvario y yo también. Allí estuvo mi duelo y yo pedí: “Señor, llévate a Armando porque no lo puedo ver sufrir tanto”.
¿Qué era lo que más admiraba de él?
Que era guapo, que era un caballero, que era muy serio… aunque le encantaba tomarse fotos con todas las empleadas con las que trabajaba. Esas fotos no me importaban, pero yo estaba allí al pie.
¿Cómo encontró fortaleza después de la partida de su esposo hace 6 años?
Como yo le pedí al Señor que se lo llevara, yo no podía estar triste. Yo no me puse duelo porque eso era un poco como bloquear esa relación que debe haber cuando esa persona se va. Quería que él sintiera que yo estaba bien, gracias a él, a Dios y a mi familia, que me ha apoyado tanto. Yo lloraba y no quería que mis hijos me vieran llorar. Sentía la compañía de ellos, pero dije que yo no podía depender de su ayuda: “Yo no sé hacer transferencias, le voy a decir a mi hijo que me la haga” o “yo no sé hacer esto o lo otro”. Me dieron clases y soy independiente. En el momento en que mis hijos me dijeron que no manejara, yo les dije que me cortaban las alas (y sigue manejando).
¿Qué consejos les daría a las parejas jóvenes para tener un buen matrimonio?
Quiero hacer un paréntesis y decir que, aunque tuvimos 8 hijos, con Armando nunca dejamos de viajar. El otro día le dije a una pareja joven que no se quería casar, que con 8 hijos nosotros gozamos de la vida. Por otro lado, me da tanta pena que la familia se esté reduciendo. Incluso llevan a los perros en coche. No pues… Yo les aconsejo a la pareja que lo primero que debe hacer es tener un hijo para probar si son pareja. Eso de postergar porque se quiere vivir la vida y gozar… también se goza con hijos. Por otro lado, nuestro asesor, que era un sacerdote amoroso nos dio un consejo: “Parientes y trastos viejos, es mejor tenerlos de lejos”. Y tan de lejos quisimos tenerlos, que Armando me propuso ir a vivir a Estados Unidos. Y nos fuimos, con la niña mayor de 3 años, el segundo nació allá y enseguida vino el tercero. La experiencia estuvo bien, aprendí inglés, como soy comunicativa tuve amigas. A las 10 de la mañana tenían reuniones y yo iba, pero regresaba a lavar platos, y ellas tenían la casa nítida, estaban acostumbradas porque habían crecido en ese ambiente. Armando quería quedarse a vivir allá y yo acá. Cuando regresamos, hasta las ratas me gustaban. Él sabía que yo allá no iba a ser feliz y aceptó regresar.
¿Cómo se vive ahora, sin la pareja de toda la vida?
Sí hay soledad, porque hay un momento en que los hijos se van, tengo que respetarlos y no puedo estar dependiendo de ellos. Cuando estoy sola me voy a mi cuarto y trato de orientarme con la Biblia. Leo el Antiguo Testamento, que a veces lo entiendo y otras veces se me hace un shampoo, paso a los salmos, después al Evangelio y después a los que escribieron las cartas… espero llegar en algún momento al Apocalipsis y entenderlo, pero sí me gusta verme con amigas, ir al teatro, si algún amigo también me llama, digo “vamos”, eso no es malo, es tener compañerismo, ser alegre.
¿Qué hace hoy en día que no hacía antes?
Escribir, tengo un diario, en el que pongo muchas cosas. Tomé cursos de pintura, que los empecé en la pandemia. Yo nunca le tuve miedo a la pandemia, si me tenía que morir, me moría, pero yo salía con mascarilla, iba a comprar acuarelas y tomé cursos en YouTube. Luego conseguimos al profesor y tenemos un grupo de pintura. También me gusta bailar y cantar, tengo a mis amigas del colegio. Ayer tuve un desayuno con las amigas con las que iba a la gimnasia, almuerzo con las compañeras del María Auxiliadora y a las 5 de la tarde fui donde mi nieta mayor, que cumplía 40 años. Corro por aquí y por allá con mis alas, que es el carro. Ahora tengo esa vida.
¿Qué cosas la llenan de ilusión?
Encontrarme algún día con Dios. Soy feliz, en lo que en esta vida corresponde.









