La hoja en blanco

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La hoja en blanco suele generar inquietud, especialmente en la segunda mitad de la vida.

No tanto por lo que promete, sino por lo que exige: silencio, pausa, renuncia a lo conocido. Sin embargo, desde una mirada clínica y humana, el vacío no es ausencia sino condición. Nada verdaderamente nuevo puede emerger si el espacio está saturado de repeticiones, mandatos o inercias que ya cumplieron su función.

En esta etapa, la hoja en blanco no aparece como una obligación sino como una invitación terapéutica. Ya no se trata de demostrar, acumular o llegar, sino de discernir. De revisar con honestidad qué sigue teniendo sentido y qué permanece solo por costumbre o miedo. Dejar un espacio vacío implica tolerar la incertidumbre, pero también confiar en la propia capacidad de habitarla.

Muchas veces confundimos vacío con pérdida, cuando en realidad puede ser un gesto de cuidado propio: soltar aquello que no nos hace bien —vínculos, exigencias, ritmos, narrativas internas— no es fracasar, es actualizarse. La hoja en blanco no borra lo vivido; lo ordena. Permite que la experiencia decante y que lo esencial encuentre una nueva forma de decirse.

El comienzo de un nuevo año suele venir acompañado de resoluciones que, lejos de motivar, generan presión. Como si el cambio tuviera que ser inmediato, visible y cuantificable. En la segunda mitad, quizá el verdadero gesto no sea proponerse más, sino permitirse menos. Menos ruido, menos autoexigencia, menos fidelidad a versiones de uno mismo que ya no representan lo que somos. Y esto sobre todo, como mantra.

Animarse a la hoja en blanco es aceptar que siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo, aun sin estridencias. No como un reinicio ingenuo, sino como una elección consciente. Cada día ofrece la oportunidad de dejar de insistir en lo que duele, de correrse de lo que desgasta, de abrir un pequeño espacio donde algo distinto pueda insinuarse.

Es sin duda, un cambio de lógica. La hoja en blanco no pide urgencia, pide presencia. Y desde allí, con paciencia y honestidad, lo nuevo no se impone: aparece.

Por Diego Bernardini/ lasegundamitad.org
Foto www.frepik.es
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