Con el cierre del año lectivo en el régimen Costa, llegan los conocidos exámenes finales.
Para algunos estudiantes, este periodo puede convertirse en un detonante de ansiedad, estrés y noches de desvelo; para otros, es simplemente un paso más en la lista de tareas necesarias para concluir el año escolar. Sea cual sea el caso, acompañar este momento de forma adecuada es clave para un buen desempeño académico y emocional.
Para estudiar de manera efectiva, es fundamental contar con un entorno apropiado: un espacio ordenado, silencioso, libre de distracciones y con los materiales necesarios al alcance. Durante estas semanas, organizar los espacios de estudio en casa ayuda a crear un ambiente que favorezca la concentración y el aprovechamiento del tiempo.
Asimismo, es importante que cada estudiante identifique cuáles son las técnicas de estudio que mejor se adaptan a su forma de aprender. Entre las estrategias más útiles se encuentran realizar resúmenes utilizando colores y esquemas —que estimulan la memoria visual—, leer en voz alta para reforzar la comprensión, o explicar los contenidos a otras personas para afianzar lo aprendido. Existen también técnicas más estructuradas, como el método Feynman, que propone explicar los temas con palabras sencillas, o la técnica Pomodoro, que recomienda estudiar durante 25 minutos y realizar pausas breves de 5 minutos. Estos descansos son indispensables para mantener la atención y favorecer la memoria.
Durante el periodo de exámenes, resulta igualmente necesario encontrar un equilibrio entre estudio, descanso y actividad física o recreativa. Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad: diversos estudios señalan que «un aspecto fundamental para preservar y mantener la memoria es el sueño» (Ubilla, 2014). Por ello, este tiempo no debería vivirse desde la ansiedad o el agotamiento, sino desde la organización y una adecuada gestión del tiempo, con el objetivo de alcanzar las metas académicas y obtener las calificaciones necesarias para evitar los exámenes supletorios, que siguen formando parte de nuestro sistema educativo.
Finalmente, el acompañamiento familiar es esencial. Ayudar a ordenar el espacio y el tiempo de estudio, fomentar rutinas estables y promover hábitos saludables marca una gran diferencia. En momentos en los que el estrés parece dominar el día, una pausa consciente, una ducha relajante o algunas técnicas de respiración pueden ser aliados valiosos antes de retomar el estudio. También es recomendable limitar el uso de dispositivos móviles antes de dormir para favorecer un descanso reparador.
Tomemos en cuenta estas sugerencias para que los exámenes finales sean simplemente una etapa más del proceso escolar y no una experiencia que afecte la estabilidad emocional de nuestros hijos.









