En sincero y espontáneo tributo a su calidad humana y pastoral, creo importante compartir con todos una anécdota sobre monseñor Arregui:
Mientas estaba grave, postrado en una UCI por el COVID, mi hermana, entre tantas personas que me encomendaban a Dios por mi recuperación, le pidió a Monseñor Arregui que rece por mi. Él, generosamente celebró misas por mi nombre durante los días que las daba.
Y se que rezó por mí a diario. Así como cientos de amigos y toda mi familia.
Cuando finalmente salí a casa, yo pedí a mi hermana ofrecer una misa de acción de gracias. Pasó un tiempo mientras me estaba recuperando y me consiguieron esta misa en la iglesia de La Puntilla. Monseñor pidió a las ayudantes de la iglesia que me digan por medio de mi hermana, que él daría la misa, pero siempre y cuando, yo converse con él antes de celebrarla. Me pareció rarísimo hasta que el día llegó.
Casi arrastrándome en vez de caminando, por el estado en que quedé después de tanto tiempo en coma, llegué a un banco delantero, sinceramente esperando que se haya olvidado de lo que me pidió. De repente, vino hacia mí Panchita, persona a la que conozco y me dice: “monseñor llegó.. y está en la puerta de la entrada de la iglesia, él no comenzará la misa si no habla con usted..”
Acto seguido, mi hijo Fernando me ayudó a caminar otra vez hacia la entrada y monseñor, de lejos me dijo: “…tú eres Fernando verdad!?…” Esto no me pareció raro porque estaba de color plomo verdusco y hecho leña y luego exclamó: “…Quiero que sepas que eres un milagro!!… A lo que pregunté.. cómo sabe? Y me dijo: “ yo lo sentí..” No llegaba a acercarme aún, y volvió a preguntarme: “…estabas preparado?…”, Y créanme! Yo no contesté… Dentro de mi salió una voz diciendo sí. Pero mi conciencia sabía efectivamente que nunca estuve preparado para morir. Luego yo impresionado y queriendo preguntar más, me conminó: “…tienes que dar testimonio…!!”, y fue hacia el altar para comenzar la misa.
Siempre me he dicho que si tienes fe no puedes tener miedo, porque tener fe es creer. Pero cuando la calavera está ñata, sabiendo que estás en coma, y sin embargo sintiéndolo y escuchándolo todo, inclusive cuando me preguntaban si quería la presencia de un sacerdote, puedo asegurar que sentía la certeza de la muerte y claramente sentía terror…
Poco a poco y con mayor conciencia, entendía cada cosa sufrida y vivida, necesaria de ser apreciada y brindarla como testimonio de vida y de fe, entendiendo cada milagro recibido, cada milagro, entre cada cosa que había sucedido, milagros que alcanzaron a mi esposa, quien también estuvo en coma conmigo… Uno muy vívido fue cuando un sacerdote me dio la unción de los enfermos y deje de ver cosas raras y dejar el terror apenas me puso los santos óleos… Todo esto mientas Monseñor Arregui pedía por mí al Cielo…
Lo más raro de todo fue que cuando terminó la misa, el se arrodilló hacia el altar. Estuvo más de media hora así y luego simplemente se levantó y se fue. No dio la bendición final. Al año lo visité queriendo saber más pero solo me dijo que era una misa de agradecimiento a DIOS porque lo había escuchado. Demás está decirles que me pasé viendo a Cristo en la cruz y lloré durante toda la Misa, recordando cada pinchazo en un brazo que incluso casi amputan por necrosis… Las inevitables gasometrias en ese brazo fueron terribles. Y todo se lo ofrecía al señor.
Monseñor Arregui me dijo que era un milagro el que hubiera vuelto a vivir…
Él pidió tanto por mí que compartir esta vivencia es el menor de los tributos que le puedo dar, evidenciando al pastor atento a cada miembro de su rebaño, pidiendo a Dios por el más débil, manteniéndose atento a la salvación, no solo la de la carne, sino también del alma…
Hoy sé, que abrazado de Dios Padre y Jesús, sigue atento a su grey: desde allá, vigila, pide y protege… Hasta allá, mi gratitud imperecedera para Monseñor Arreagui, mi testimonio completo de vida, resiliencia y fe como su obra inmediata aquí en la tierra, conmigo, con los míos, para prueba ante todos… Por ello también, gracias a todos los que pidieron por mí, pero no por mí, sino por la ratificación de nuestra fe en el Todopoderoso, dador de vida… Gracias, mil gracias por pensar en mí y desearme todo bien, mientras seguimos juntos por estos caminos que aún transitamos…
Rezaré por Monseñor Arregui cada día hasta que DIOS me llame…
Fernando Huerta









