Los ojos y la espuma en el Carnaval ecuatoriano

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El Carnaval forma parte de una de las celebraciones más esperadas del año. La música, el color y el juego con agua o espuma transforman calles y plazas en escenarios de encuentro colectivo. No obstante, en medio de la diversión, existen riesgos poco visibilizados relacionados con la salud ocular que cada temporada generan consultas médicas y complicaciones prevenibles.

La espuma de carnaval, aunque comercializada como un producto recreativo, contiene agentes químicos que al entrar en contacto con los ojos pueden producir irritaciones importantes. En muchos casos, la reacción inmediata de frotarse incrementa el daño y favorece la aparición de lesiones en la superficie de la córnea, provocando dolor, enrojecimiento y visión borrosa.

La percepción de inocuidad es uno de los factores que más incide en este problema, al tratarse de artículos de venta libre, las personas suelen minimizar los efectos que pueden tener sobre tejidos tan sensibles como los oculares.

La literatura científica internacional ha registrado incrementos inusuales de atenciones oftalmológicas después de eventos masivos donde se utiliza espuma. Los reportes describen desde conjuntivitis químicas hasta abrasiones corneales que pueden extender los síntomas durante varios días e incluso semanas, afectando las actividades cotidianas de quienes las padecen.

En el país existen controles sanitarios para la comercialización de estos productos, pero aquello no elimina el riesgo frente a la exposición directa o prolongada. A esto se suma que, durante el juego, es frecuente que niños y adolescentes sean quienes reciben mayor cantidad de impacto en el rostro.

La prevención, por tanto, se convierte en el elemento central para reducir complicaciones. Limitar el contacto facial, promover el autocuidado y actuar con rapidez en caso de accidente pueden marcar la diferencia entre una molestia pasajera y una lesión de mayor gravedad.

En este sentido, que cualquier síntoma persistente como ardor intenso, intolerancia a la luz o disminución de la visión debe motivar una valoración médica inmediata para evitar secuelas. El llamado no es a suspender la celebración, sino a comprender que la diversión también implica responsabilidad. Incorporar hábitos de cuidado permite que el recuerdo del Carnaval permanezca asociado a la alegría y no a una emergencia de salud.

Por Susana Jarrín, docente de la Escuela de Medicina de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE)
Foto www.freepik.es
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