“Ese niño es una mala influencia para mi hijo”

Compartir:

¿Alguna vez has pensado que uno de los compañeros de tu hijo es una mala influencia para él?

A veces, no tenemos muy claro por qué no nos gusta un determinado niño o niña, pero sabemos que no queremos que nuestro pequeño pase mucho tiempo con él o ella. En ocasiones, se debe a que no queremos que sufra, pero otras a que no se meta en problemas o que no siga determinados modelos. Pero, ¿qué podemos hacer? ¿Estamos haciendo un juicio demasiado rápido de ese niño?

Cuando hablamos de mala influencia o mala compañía, conviene detenernos un momento, porque, tal y como explica la psicóloga infantil Carmen Esteban (@mipsicologainfantil) en un post que ha compartido en redes sociales, lo que vemos desde fuera no siempre cuenta toda la historia.

Qué puede haber detrás de ese niño que se porta mal

En el día a día es muy fácil cometer el error de etiquetar. Si un niño pega, dice palabrotas, desafía a los adultos o incumple normas, tendemos a pensar que es conflictivo y que puede arrastrar a nuestro hijo por el mismo camino.

Pero, como señala esta psicóloga, muchas veces solo vemos “la punta del iceberg”. Esto significa que en la base, puede haber muchos motivos ocultos que están provocando que ese niño tenga esa conducta que no nos gusta. Entre ellos:

  • Problemas de conducta.
  • Una familia desestructurada.
  • Un trastorno emocional importante.
  • Historia de maltrato o abuso.
  • Falta de afecto.
  • Un diagnóstico clínico.
  • Una situación personal complicada.

Haciendo un pequeño ejercicio de empatía podemos comprender que ese niño no es malo, sino que ciertas circunstancias de su vida le han llevado a tener ese comportamiento. Eso no justifica que tu hijo tenga que ser su amigo obligatoriamente, pero nos invita a tener más empatía y comprensión hacia la infancia.

¿Debo callarme y permitir que mi hijo se acerque a alguien perjudicial?

“¿Esto significa que tengo que callarme y permitir que mi hijo/a se acerque a alguien que le perjudica?», reflexiona Carmen Esteban, «¡Obviamente no!”, responde ella misma. El matiz está en la forma en la que tratamos el asunto, sobre todo con nuestro hijo. Esto es lo que nos explica esta psicóloga infantil.

  1. Critica la conducta, no a la persona

No es lo mismo decir “Tu amigo es un maleducado” que “Tu amigo dice muchas palabrotas”. En el primer caso etiquetamos, pero en el segundo, describimos una conducta concreta. Cuando atacamos a su amigo, nuestro hijo puede ponerse a la defensiva y cerrar el diálogo. Si hablamos de hechos, abrimos espacio a la reflexión.

  1. Habla desde tu punto de vista

Evita frases como “Cualquier madre te diría lo mismo sobre ella”, ya que presentan nuestra opinión como una verdad absoluta. Es preferible decir algo como: “No es el tipo de comportamiento que yo espero de ti”. Así dejamos claro el límite, pero asumimos que es nuestra mirada como madre o padre.

  1. Devuelve la responsabilidad a tu hijo

Decir “Cuando estás con él, te controla y no eres tú mismo” transmite que el otro tiene el poder.

En cambio, “Cuando te juntas con él, haces cosas que me sorprenden” pone el foco en la responsabilidad personal. Nuestro hijo no es una víctima pasiva de las amistades; siempre puede elegir cómo comportarse.

  1. Respeta la intimidad del otro niño

A veces conocemos datos sensibles: que va al psicólogo, que tiene problemas en casa… Sin embargo, utilizar esta información para desacreditar no es educativo.

Carmen Esteban propone un enfoque respetuoso: “Su familia está intentando ayudarle acudiendo a terapia. Esta información es privada, pero te lo comento porque sé que te molesta que te pegue y quiero que entiendas que está trabajando en ello y que no es personal hacia ti”.

  1. Ofrece modelos sanos sin comparar

Comparar suele generar rechazo. “¿Por qué no vas con Laura, que es muy aplicada?” pone a unos niños por encima de otros. Es más eficaz describir lo que observamos: “Cuando vas con Laura me da la sensación de que te sientes mejor y que te ayuda con matemáticas”. Este tipo de frases ayuda a reforzar los vínculos positivos sin descalificar.

 La importancia de nuestro ejemplo

Nuestros hijos aprenden tanto de lo que decimos como de cómo lo decimos. Si hablamos con desprecio de otros niños, les enseñamos a juzgar. Pero si señalamos dificultades con respeto, les enseñamos empatía.

Carmen Esteban recuerda que nuestros hijos son espejos y, por tanto, las etiquetas, los comentarios sobre otras familias o la forma en que tratamos la vulnerabilidad se les pueden quedar grabados.

No siempre podremos elegir con quién se relacionan, pero sí podemos enseñarles a mantener su criterio, su responsabilidad y su capacidad de decidir quién quieren ser, incluso cuando la (mala) influencia de los demás aprieta.

Compartir:

arte-ipac-navidad