El reto de aprender a pensar en la era de la inmediatez digital y la IA
He vuelto a leer con agrado el libro del maestro Álvaro d´Ors Cartas a un joven estudiante (EUNSA, 1991). Llevo varias décadas en la docencia universitaria y desde el inicio me interesó lo que llamábamos -en los 80- los métodos de estudios para orientar a nuestros estudiantes. Han cambiado los tiempos, los retos son otros, pero sigue la inquietud de encontrar caminos que faciliten la formación integral de los jóvenes universitarios.
El fin del estudio, indica d´Ors, “es la asimilación formativa y no la acumulación posesiva: hay que enriquecer el ser del estudiante y no aumentar su posesión. Desde otro punto de vista, puede decirse que el objeto del estudio son las nociones, es decir, los conocimientos, y no los datos, siempre exteriores (pp. 81-82)”. Ciertamente, una persona asimila los alimentos que come cuando los incorpora a su organismo. Hay, en cambio, otras personas que, por su metabolismo, no consiguen asimilarlos. En este orden de ideas, la expresión asimilación formativa es una metáfora gráfica útil para comprender el aprovechamiento que, tanto el alumno como el profesor, deben hacer de los datos ofrecidos o investigados en el proceso educativo: elevar el dato a conocimiento vivencial. No basta con dar o acumular información, debe conseguirse un vivo aprendizaje intelectual, volitivo y afectivo en el alumno.
“Los procesos educativos -recuerda Magnifica Humanitas– requieren tiempo para madurar, una confrontación con la realidad más allá de las apariencias y un camino paciente (…). La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo. Como escribe Platón, las cosas más profundas e importantes sólo se aprenden tras mucho tiempo y mucho esfuerzo (…). Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita (n 140)”. Sí, pensar requiere tiempo, esfuerzo, paciencia para darle vuelta a las cosas. La experiencia nos dice que lo importante y esencial de las personas y las cosas se cocinan a baño maría: la avalancha de datos no nos hace más sabios.
No conviene renunciar a la pedagogía del esfuerzo personal en aras de la inmediatez propia de las tecnologías digitales. Estudiar no se reduce a coleccionar datos, supone el esfuerzo de ir una y otra vez sobre la información para llegar a tocar la realidad y comprenderla, solo así podemos familiarizarnos con lo que se estudia para convertirlo en “sustancia” de nuestro ser.









