Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en 2024, el 15 % de los adolescentes entre 11 y 15 años de edad ha experimentado ciberacoso, una problemática que ha aumentado en los últimos años, por factores asociados a la mayor accesibilidad a dispositivos. Esta forma de violencia puede manifestarse a través de redes sociales, chats y videojuegos en línea, mediante amenazas, humillaciones o la difusión de contenido ofensivo.
A diferencia del acoso presencial, el ciberacoso puede ocurrir a cualquier hora y extenderse rápidamente mediante mensajes, imágenes o publicaciones que afectan el bienestar emocional de los estudiantes. Esta situación se agrava ante el contexto que algunos países todavía no tienen políticas o leyes claras para gestionar denuncias por ciberacoso, mientras que los mecanismos legales para frenar el acoso presencial son cada vez más difundidas. Frente a esta realidad, enseñar a la comunidad educativa a reconocer situaciones de riesgo y buscar ayuda en su entorno seguro es tan importante como acompañarlos en el uso responsable de la tecnología, para identificar las situaciones de riesgo potencial y evitarlas antes de caer en ellas.
“Los niños necesitan comprender que detrás de cada pantalla hay personas que merecen respeto. No se trata únicamente de enseñarles a utilizar la tecnología, sino de brindarles herramientas para reconocer conductas dañinas, establecer límites y saber cómo actuar cuando una interacción digital los hace sentir incómodos o vulnerables”, explica Karen Yépez.
¿Cómo identificar una situación de ciberacoso?
El ciberacoso no siempre es evidente para los adultos. En muchos casos, los niños, niñas y adolescentes evitan hablar sobre lo que ocurre por vergüenza, temor a represalias o miedo a que sus padres les retiren el acceso a sus dispositivos electrónicos. Por ello, la experta de Innova Schools presenta algunas de las señales de alerta a tener en consideración:
- Cambios emocionales repentinos: presentar tristeza, irritabilidad, ansiedad o frustración después de utilizar dispositivos electrónicos puede ser una señal de alerta. Estas reacciones pueden intensificarse tras revisar mensajes, comentarios o publicaciones, especialmente cuando el niño muestra angustia o evita explicar qué ocurrió.
- Rechazo al uso de redes sociales o videojuegos: perder repentinamente el interés en plataformas que antes disfrutaba, mostrarse nervioso al recibir notificaciones o evitar participar en grupos digitales puede indicar que está viviendo experiencias negativas. También es importante observar si comienza a ocultar la pantalla o cerrar aplicaciones cuando alguien se acerca.
- Alteraciones en el rendimiento escolar: las situaciones de ciberacoso pueden afectar la concentración, la participación en clases y la motivación para realizar tareas. En algunos casos, los estudiantes manifiestan resistencia a asistir al colegio, especialmente cuando las agresiones digitales involucran a compañeros con quienes comparten el entorno educativo.
- Cambios en los hábitos cotidianos: las dificultades para conciliar el sueño, las alteraciones del apetito o el abandono de actividades que antes disfrutaba pueden reflejar malestar emocional. “Algunos niños también pueden permanecer conectados hasta altas horas de la noche, pendientes de nuevos mensajes o publicaciones que les generan preocupación”, asegura Yépez.
- Aislamiento social: distanciarse de amigos, evitar reuniones con compañeros o mostrar resistencia a conversar sobre sus experiencias digitales puede ser una respuesta ante situaciones de intimidación. Este comportamiento puede estar relacionado con el temor a nuevas burlas, la exclusión de grupos virtuales o la difusión de contenido que afecte su imagen frente a otros.
Es importante recordar que estas señales no necesariamente confirman una situación de ciberacoso, pero sí representan una oportunidad para acercarse a los niños y adolescentes, escuchar sus inquietudes sin juzgarlos y generar espacios de confianza que faciliten la identificación temprana de posibles situaciones de violencia digital.
¿Cómo prevenir y enfrentar el ciberacoso? Cinco recomendaciones clave
La prevención comienza en casa y se fortalece con el trabajo conjunto de las instituciones educativas. A continuación, la especialista de Innova Schools comparte cinco recomendaciones que las familias pueden poner en práctica:
- Construir espacios de confianza y diálogo en casa o en la escuela: Conversar con los hijos sobre sus experiencias en internet, las personas con quienes interactúan y los contenidos que consumen permite conocer mejor su entorno digital. Es importante escucharlos sin juzgar ni reaccionar con castigos inmediatos, para que se sientan seguros al compartir situaciones incómodas.
- Enseñar a reconocer cuándo una broma se convierte en acoso: Los comentarios ofensivos, la difusión de rumores, la exclusión intencional de grupos digitales o la publicación de imágenes sin consentimiento no deben normalizarse. Los niños deben aprender a distinguir entre una interacción amistosa y una conducta que busca humillar, intimidar o perjudicar a otra persona.
- Promover hábitos de seguridad digital: Revisar juntos las configuraciones de privacidad, evitar compartir información personal y conocer las herramientas de bloqueo y denuncia son medidas esenciales. También es recomendable establecer acuerdos sobre el uso de dispositivos, considerando la edad y autonomía de cada niño.
- Enseñar cómo actuar frente a una agresión digital: Si un niño recibe amenazas o mensajes intimidantes, es importante explicarle que no debe responder con nuevas agresiones. Se recomienda conservar evidencias, como capturas de pantalla, bloquear o denunciar las cuentas involucradas y acudir a un adulto de confianza. Cuando la situación involucra a compañeros, se debe informar al colegio para activar las medidas de protección correspondientes.
- Fomentar la empatía y la responsabilidad de quienes observan: La prevención también implica enseñar a los estudiantes a no compartir publicaciones humillantes ni participar en burlas colectivas, o pedir permiso antes de compartir contenido que involucra a otras personas. Quienes presencian una agresión digital pueden ayudar al no difundir el contenido, apoyar a la persona afectada y buscar la intervención de un adulto.








