Nada te llevarás cuando te marches de esta vida

En la vida acumulamos bienes materiales por los que sentimos apego, pero debería acabarse si recordáramos que no podremos llevarlos con nosotros cuando muramos.

Una antigua canción del compositor José María Napoleón dice: «nada te llevará cuando te marches, cuando se acerque el día de tu final», refiriéndose al momento de nuestra muerte.

Y es muy cierto, porque los bienes materiales que acumulamos a lo largo de los años nos ofrecen una felicidad finita y muy limitada, pero sin entender bien por qué, generamos un gran apego por ellos, quizá porque no somos conscientes de que no podremos llevarlos con nosotros el día que muramos.

Dios no condena la riqueza

Es verdad que nuestro Señor Jesucristo nunca condenó la riqueza y tampoco encontramos en la biblia nada en contra de los bienes materiales, por el contrario, hay muchos pasajes en donde se habla de prosperidad para quienes aman a Dios y hacen su voluntad, como leemos en el libro del Deuteronomio:

 Acuérdate del Señor, tu Dios: que es él quien te da la fuerza para adquirir esa riqueza, a fin de mantener la alianza que juró a tus padres, como lo hace hoy (Dt 8, 18).

Además, hay personajes que tenían muchos bienes. En el libro del Génesis encontramos que Abrán y Lot tuvieron que separarse porque sus riquezas eran inmensas:

 Abrán era muy rico en ganado, plata y oro […] También Lot, que iba con Abrán, poseía ovejas, vacas y tiendas, de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos (Gn 13, 2-5):

Lo malo está en la avaricia

Sin embargo, lo que sí está mal es la avaricia. Desear tener más de lo que necesitamos, simplemente por poseer objetos que tal vez ni siquiera usamos, sí puede derivar en un vicio.

La Enciclopedia católica dice al respecto:

Avaricia (del latín avarus, «codicioso», «ansiar») es el amor desordenado por la riqueza. Su especial malicia, en términos generales, consiste en que hace de la obtención y mantenimiento de dinero, posesiones, etc., un fin en sí mismo por el cual vivir. No ve que estas cosas son valiosas sólo como instrumentos para la realización de una vida racional y armoniosa, teniendo debidamente en cuenta, por supuesto, la condición social especial en la que cada uno se coloca. Se le llama vicio capital porque tiene por objeto la obtención o conservación, de las que se cometen muchos otros pecados.

Llénate de Dios

Vivir para tener cosas y no para merecer la salvación nos desvía de Dios. Y nos hace ciegos a las necesidades de los hermanos.

Por eso, si tienes muchas cosas que pueden hacerle el bien a otros, sácalas de tu armario y de tu casa y compártelas. Porque el día en que Dios te llame a cuentas eso se quedará aquí, así es que, comienza a deshacerte de lo que no usas y libera tu mente y tu espíritu de lo material para llenarlo de Dios.

fuente aleteia
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