Un libro ofrece algunos principios útiles para crear el hogar que todos deseamos, sin dar a entender que las mismas soluciones sirvan para todas las familias. A continuación, te presentamos algunas de las ideas del autor.
¿Qué significa construir un hogar verdaderamente bueno? Esta es la pregunta que se plantea John Cuddeback, profesor del Christendom College, en su nuevo libro The Intentional Household. Para el católico, la cuestión de ofrecer a los hijos el mejor hogar posible está siempre presente en la mente. Quizá hayas notado que algunos hogares transmiten vitalidad y alegría, mientras que otros se perciben como tensos o distantes. Algunos lugares son meras casas; otros, hogares. Cualquier padre o madre desea lo segundo: que la familia irradie calidez y acogida, que sea una fuente de consuelo y no de estrés.
Crear un hogar requiere un propósito
El primer principio de Cuddeback es: «Haz de la creación de un hogar una prioridad». Lo que quiere decir con esto es que un hogar no se reduce al edificio en sí, sino que tiene que ver exclusivamente con las relaciones que creamos y mantenemos en su interior. Esto significa que una familia feliz siempre está construyendo, pero no se trata de ampliar la casa ni de añadir nuevas habitaciones; se trata de construir su amor.
Para lograrlo, a veces tenemos que limitar otras actividades y dar prioridad a la familia. Si nos mantenemos demasiado ocupados fuera de casa, perdemos un tiempo precioso que podríamos pasar juntos. Es fácil dedicar todo nuestro tiempo y energía a logros más visibles —conseguir ese ascenso en el trabajo, dirigir el prestigioso comité de la iglesia, formar parte del equipo deportivo que viaja—, pero disponemos de un tiempo limitado y, al final, algo tiene que ceder.
Dar prioridad a las relaciones en el hogar no significa que desaparezcamos del mundo exterior, sino que logramos un equilibrio más saludable y no descuidamos nuestra vida familiar. De hecho, una vida familiar feliz es precisamente lo que nos da la motivación y la energía para salir al mundo con confianza.
Tecnología
El papel de la tecnología en el hogar es un tema de debate constante entre los padres. ¿Pueden los niños tener televisores en sus habitaciones? ¿Es un hábito saludable que todos se enciendan sus portátiles y consolas por la noche? ¿Cuánto es demasiado?
Cuddeback simplifica el tema y plantea la gran pregunta que subyace a las cuestiones prácticas: «¿A qué vamos a dar prioridad en nuestra vida?». La preocupación fundamental con respecto a la tecnología es que existe para facilitarnos la vida de forma cuantificable. Eso no es malo, pero si no tenemos cuidado, puede cambiar sutilmente nuestra actitud hacia una sobrevaloración de aquellas cosas que son productivas y eficientes. Así es como la tecnología empieza a crearnos adicción.
Sin embargo, si hay algo que una familia no es, es eficiente. No hay nada eficiente en leerle a un niño el mismo cuento por centésima vez, ni en sentarse alrededor de la mesa durante un buen rato después de cenar para charlar, ni en enseñar a tu hijo a ayudar a cocinar, a cuidar el jardín o a trabajar en un proyecto de reparaciones en casa. Sin embargo, es en estas actividades ineficientes donde se crean los recuerdos y se transmiten las habilidades a la siguiente generación.








