La piel es el órgano más extenso del cuerpo y actúa como una barrera frente a factores externos como la radiación solar, la contaminación o los cambios de temperatura. Mantenerla en buenas condiciones es fundamental, de hecho, más de la mitad de la población sufre o sufrirá algún problema dermatológico a lo largo de su vida, siendo la dermatitis atópica la más común y que afecta al 10% de la población.
1. Mantener una rutina diaria sencilla
Lo importante es mantener unos pasos básicos que permitan eliminar impurezas, aportar hidratación y proteger la piel de las agresiones externas.
Comenzar el día con una limpieza suave de la cara
Durante la noche se acumulan en la superficie de la piel sudor, grasa y restos de productos aplicados antes de acostarse. Una limpieza adecuada por la mañana permite eliminar estas sustancias sin alterar innecesariamente la barrera cutánea. Además, prepara el rostro para recibir los productos que se aplicarán posteriormente.
Continuar con un sérum
Después de la limpieza puede incorporarse un sérum, especialmente cuando la piel presenta sensación de tirantez o un aspecto apagado. El ácido hialurónico es uno de los ingredientes habituales en este tipo de productos.
Prestar atención al contorno de los ojos
Esta zona presenta características diferentes al resto del rostro y puede mostrar prematuramente signos de cansancio, sequedad o envejecimiento. El producto específico debe extenderse con suavidad y mediante pequeños toques.
Aplicar una crema hidratante adecuada
La hidratación ayuda a mantener la piel elástica y a conservar su función de barrera. La textura debe elegirse teniendo en cuenta las características de cada persona.
Finalizar con protección solar
El fotoprotector debe aplicarse como último paso del cuidado facial para prevenir el foto envejecimiento y reducir el daño acumulado causado por el sol. Por supuesto, hay que extenderlo por el cuello y escote ya que estas zonas también reciben radiación ultravioleta.
Aplicar crema corporal después de la ducha
No hay que olvidar el resto del cuerpo, e independientemente de si uno se ducha por la mañana o por la noche, hay que aplicar crema corporal después, este sencillo gesto ayuda a mantener la piel en perfecto estado. Además, hay que prestar especial atención a codos, rodillas y talonesya que son zonas que suelen presentar una mayor tendencia a la sequedad y requieren de productos más nutritivos.
Cuidar las manos
Aplicar crema varias veces al día, especialmente después del lavado y antes de acostarse.
Retirar maquillaje e impurezas por la noche
Tras el desmaquillado con movimientos suaves y sin ejercer presión, y la limpieza del rostro con agua templada para no resecar la piel, hay que continuar con hidratación y nutrición a través de productos como un sérum de ácido hialurónico y una crema facial hidratante intensiva.
2. Apostar por ingredientes adecuados a cada necesidad
A la hora de escoger un cosmético, además de fijarse en su textura y en las características de la piel, es útil conocer algunos de los ingredientes habituales en las fórmulas destinadas al cuidado cutáneo.
– Ácido hialurónico para la hidratación. Es uno de los activos más conocidos dentro de los productos hidratantes. Un sérum puede mejorar la hidratación y la sensación de firmeza y elasticidad de la piel.
– Ceramidas para reforzar la barrera cutánea. Estos componentes forman parte de la propia estructura de la piel y se utilizan en cosméticos dirigidos especialmente a mantener su función de barrera.
– Niacinamida para el cuidado general de la piel. La niacinamida aparece en numerosas formulaciones y puede incorporarse a diferentes tipos de rutinas.
– Vitamina C para mejorar la luminosidad. Se utiliza habitualmente en productos destinados a mejorar el aspecto apagado de la piel y a proporcionar protección antioxidante.
– Retinoides para determinados signos del envejecimiento .Son perfectos para mejorar determinados signos del fotoenvejecimiento, pero su incorporación debe hacerse de manera progresiva.
– Ingredientes de origen vegetal para aportar nutrición y confort. Aloe vera, aceite de almendras dulces, caléndula y manteca de karité aparecen con frecuencia en fórmulas destinadas a mejorar la hidratación y suavidad.
3. La importancia de tener en cuenta cada tipo de piel
No todas las pieles tienen las mismas necesidades. Por este motivo, las rutinas deben adaptarse a cada persona.
– En pieles secas, priorizar la hidratación y la protección de la barrera cutánea: los limpiadores suaves y las fórmulas más nutritivas ayudan a mejorar la sensación de bienestar.
– En pieles grasas, apostar por texturas ligeras: el objetivo es encontrar fórmulas que aporten confort sin generar una sensación excesivamente pesada.
– En pieles mixtas, buscar un equilibrio: es importante evitar tanto la sobrehidratación de las áreas más grasas como la falta de hidratación en las zonas que tienden a resecarse.
– En pieles sensibles, simplificar: cuando existe tendencia a irritarse, una rutina sencilla es más adecuada que la utilización simultánea de numerosos productos.
– En pieles maduras, reforzar la fotoprotección: mantener una buena protección solar consigue que la piel luzca más joven.








