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Debemos aprender a cuidar y valorar nuestras relaciones con la pareja, familia y amigos; pues no sabemos cuándo será muy tarde para querer hacerlo.

Sabemos perfectamente que las relaciones son fuente de felicidad y de sufrimiento. Encontramos felicidad en una buena amistad, un buen amor, una conversación, al compartir momentos y experiencias. Todo esto nos nutre.

Sin embargo, las relaciones también son las que más sufrimiento nos causan. Debido a malos entendidos, peleas y conflictos, pueden suponernos una preocupación constante.

Si sabemos que las personas nos nutren, por qué con frecuencia descuidamos las relaciones, las convertimos en rutinarias o en el acelere de la vida diaria nos olvidamos de cultivarlas. Sucede a menudo que, ante la pérdida de un ser querido, sentimos que quizás deberíamos haber cuidado más la relación. O bien, cuando la persona está muy cerca de la muerte, se arrepiente de no haber cuidado mejor a sus amistades o familiares, de no haber dedicado más tiempo a conversar y a estar con ellos. Como nos dice Marguerite Duras: “Muy pronto en la vida es demasiado tarde”.

A veces, cuidamos más las relaciones en momentos difíciles. En cambio, en momentos mejores podemos caer en dar por supuesto que uno ya tiene a esa persona, sea marido, esposa, amigo, colaborador o hijo. Y entonces, se deja de sentirlo, de cuidarlo, de estar más atento a su presencia y a lo que le ocurre y necesita. Podemos decir que “nos acostumbramos” a él o a ella, y damos por hecho que la relación funciona.

Es muy común que cuando se inicia una relación se cuidan los detalles, basta ver como una pareja que acaba de formalizar un noviazgo: se preocupa el uno por el otro en todo momento. Con el tiempo, cuando uno ya ha integrado a esa persona en su círculo relacional cercano, a menudo se deja de cuidarla con atención: no se le escucha, no se le dedica tiempo, no se percibe si está pasando por momentos difíciles.

Cuidarnos unos a otros es esencial para que las relaciones florezcan. Somos seres sociales y las relaciones le dan sentido a nuestra vida. Nos construimos con el otro, mediante ellas nos conocemos más a nosotros y descubrimos a quienes nos rodean.

¿Cómo hacer para que las relaciones prosperen?

Si las amistades y relaciones son importantes para ti, te propongo algunos consejos:

Cuando estamos muy cerca de alguien, creemos que lo conocemos bien, podemos caer en el hábito de fijarnos más en lo que no nos gusta y nos acostumbramos a quejarnos. Dejamos de apreciar el valor que nos aporta esa persona y tenemos la sensación de que el otro es responsable de nuestra insatisfacción.

Uno de los factores clave del cuidado de las relaciones radica en tener las conversaciones acerca de los temas que importan con las personas que nos importan. Estar presentes y disponibles para conversar, dialogar y aclarar.

Al platicar sobre los anhelos, abrimos las puertas a una conversación generativa que nos ayuda a aclarar lo que deseamos y hacia dónde queremos ir. En cambio, si nos focalizamos en lo negativo con un discurso de lo que falta, nos anclamos en la queja y nos cerramos a posibles soluciones.

A menudo vamos tan deprisa que cuando hablamos con otra persona, lo hacemos de forma rutinaria y aburrida, sin chispa, la comunicación se vuelve informativa. Vamos por la vida sin parar, sin respirar a conciencia ni escuchar. Las personas pasan por nuestro lado o las tenemos delante, y no hay tiempo para ellas, porque debemos de cumplir con nuestros planes. Así la vida va pasando.

Te invito a que cada vez que estés con una persona, incrementes tu actitud de interés hacia ella, sea quien sea quien este frente a ti. Que cada persona con la que te encuentres sienta que es la más importante para ti en ese momento. Comparte lo mejor de ti mismo. Cuida mucho tus relaciones, son lo más valioso que tienes en tu vida.

Vía Yo Influyo

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