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Conoce la mejor manera de decir a los hijos la verdad sobre Santa Claus o también conocido como Papa Noel.

Para los que son padres de niños pequeños, esta época del año a veces plantea el problema de Santa Claus.

¿Deberían los niños perder la ilusión del mito lo antes posible o debería permitírseles que disfruten del poder de su imaginación con los renos en el tejado? ¿En qué momento de la vida de un niño y de qué forma deben los mitos dar paso a la realidad?

O por otro lado, ¿existe una forma de transformar una situación en la otra y aprovechar para enseñar una importante lección?

Quizás merezca la pena prestar atención a una publicación compartida varias veces por Facebook. La encontramos en el muro de Charity Hutchinson, aunque según parece su origen está en una madre de nombre Leslie Rush.

«En nuestra familia tenemos un método especial para que los niños hagan la transición de recibir de Santa Claus a convertirse en Santa Claus», escribió Rush. «De esta manera, la idea de Santa Claus no es una mentira que se descubre, sino el desarrollo de una serie de buenas obras y de espíritu navideño”.

 

 

Crear un momento especial para hablarles de Santa Claus

La autora sugiere llevar al niño a comer a un lugar especial entre los 6 o los 7 años, o «en el momento que vean que empieza a suponer que tal vez Santa Claus no sea un ser material (…). Una vez sentados, pedimos las bebidas y se procede a la siguiente explicación:

«Es evidente que has crecido muchísimo este año. No solo estás más alto, sino es obvio que tu corazón ha madurado también».

A continuación el padre o madre ─o ambos─ «señala 2 ó 3 ejemplos de comportamiento empático, consideración hacia los sentimientos de los demás, buenas obras, etc., que haya hecho el niño durante el pasado año».

Y continúa:

De hecho, tu corazón ha crecido tanto que creo que ya estás listo para convertirte en Santa Claus.

Probablemente te habrás dado cuenta de que la mayoría de los Santa Claus que ves son personas disfrazadas. Incluso es posible que algunos de tus amigos te hayan dicho que Santa Claus en realidad no existe. Muchos niños piensan eso, porque todavía no están listos para ser Santa Claus, pero tú sí estás preparado ya.

Cuéntame cuáles son las mejores cualidades de Santa Claus. ¿Qué recibe él por todas las molestias que se toma?

Se aconseja a los padres que «guíen al niño desde las ‘galletas’ que se come Santa Claus en las casas hasta el sentimiento de satisfacción por haber hecho algo bueno por otra persona».

Pues bien, ahora tú estás listo para hacer tu primer trabajo como Santa Claus.

Es importante, según destaca Rush, «mantener el tono de conspiración apropiado».

«Entonces animamos al niño a que escoja a alguien que conozcan; un vecino normalmente», continúa la autora. «La misión del niño es descubrir, con astucia y secretismo, algo que necesite la futura persona regalada, y luego conseguirlo, envolverlo y entregarlo, y nunca revelar a dicha persona el origen del regalo. El propósito de ser un Santa Claus no es el de recibir alabanzas, ya lo ves: es un regalo desinteresado».

 

 

Pendiente de los demás

Como ejemplo sobre cómo hacerlo, Rush escribe sobre una vecina a la que los niños llaman la «señora bruja», que recibe ese apodo por ser algo huraña con los niños que hacen demasiado ruido jugando o que tiran alguna pelota en su patio.

El hijo mayor de Rush se percató de que todas las mañanas salía descalza a recoger el periódico, «así que decidió que necesitaba unas babuchas». Realizó unas misiones de sabueso para averiguar la talla de pie de la señora y luego le compró unas babuchas calentitas.

«Las envolvió con papel de regalo y le pegó una tarjetita que decía ‘Feliz Navidad, de Santa Claus’. Una noche, después de cenar, bajó silenciosamente a la casa de la señora y deslizó el paquete bajo la verja de su propiedad. A la mañana siguiente, vimos cómo salía para coger el periódico, recogía el regalo y volvía adentro. Mi hijo era puro entusiasmo, se moría de nervios por ver lo que pasaba después.

El día después, mientras salíamos con el coche, la vimos de pie en su patio para coger de nuevo el periódico… y con las babuchas puestas. Mi hijo estaba exultante. Tuve que recordarle que nadie podía saber lo que había hecho, de lo contrario no sería un Santa Claus».

El hijo de Rush continuó con su misión secreta durante varios años, y cuando su hermano pequeño llegó a la edad apropiada, el hermano mayor tuvo el honor de ser su instructor.

Rush está contenta al ver cómo sus niños han asimilado tan bien el hábito de dar regalos de forma desinteresada, además del hecho de que «nunca sintieron que les habían estado mintiendo, porque ahora eran parte del secreto de ser un Santa Claus».

 

 

Escrito por: John Burger, vía Aleteia.

 

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